Como un grito de cristal, tras la lluvia, tras la noche. Como un barco de papel que vuela en desiertos tintos. Como un cuerpo desnudo tendido en el campo yermo que amanece entre el rocío y entre hocicos de carroñeros que más suerte no tendrán. Como un cuello degollado, como la sangre entre nuestras bocas. Como la sonrisa que me rasgas y que me rajas, y me cortas y me tallas, con tu silencio en mi piel.