Se
recostó en la butaca del salón desde la cual observaba la lluvia golpear contra
la ventana. Acarició sin permiso el cuello de quien se apoyaba sobre su regazo,
de la dueña de aquellos ojos llenos de amaneceres soñados en una cama frente al
mar. Observó su pelo del color de las nubes de la noche, sus cabellos del negro
de sus pupilas. Penetró de una mirada sus ojos cubiertos de sus párpados
pesados. Levantó la cabeza que se apretaba contra su tripa y la apoyo
suavemente sobre el terciopelo del asiento de la butaca marrón, y antecedido de
un paso sobre el parqué que crujía bajo sus pies, abrió la ventana, como su
pecho, de par en par y volvió a su posición anterior, bajo el rostro de su
dueña. Las gotas arreciaron contra sus rostros y sus cuerpos. Comenzaron a
convertirse en cristal las lagrimas del cielo y a desnudar sus cuerpos apoyados
y abrazados entre si, el uno sobre el otro; el uno bajo el otro, sin una
película de ninguna clase de tejido que evitase el contacto de sus pieles y sus
olores. La lluvia les vistió del mismo vestido que lucieron al enamorarse. De
pronto, ambos, se sorprendieron desnudos en un beso como un vendaval, una
tormenta fuerte como el latir de sus corazones al mirarse.
lunes, 30 de diciembre de 2013
lunes, 23 de diciembre de 2013
Prima donna
Escúchame. Las cadenas que te atan. Tu grillete, esa mierda que te tiene ahorcado en la pared. Míralo. Mírate. Esas paredes sucias, esas placas de metal en el suelo, esa ceniza en las esquinas, el óxido que resbala en tus muñecas. Mírate. Esa chispa en los ojos. Ese color en tus puños. Los músculos tersos de tu espalda. Pasea por dentro de ti. Esa llama en tu frente. Esa hoguera entre tus manos. Mira a tu alrededor. Toca tus cadenas de piedra. Derrítelas. ¡Mira, coño, mira! Toca el cartón de las paredes, túmbalas. Muestra la fuerza que tienes, la mierda a la que ellos llamaban rabia. Grita. ¡Grita! Destruye tu grillete al cuello. Piérdete en ti sin miedo a no saber tu dirección. Corre, corre. Corre como si la muerte te persiguiese. Corre como si te ardiesen los pies. Lejos, lo más lejos que tus zancadas puedan alcanzar en un iracundo golpe. Vuela. Haz añicos el suelo, desgarra la baldosas bajo tus pies, hazlas tinta diluida. No más montañas que te miren desde arriba, no más vallas que rasguen tus rodillas. No más jaulas que te corten las alas y te hundan la cabeza. Ni un golpe más que te saje el alma. Corre. Eres libre. El éxito solo es una opción. La única que tienes. Se gigante, ostia. Coge los edificios con los dedos, devora el sol. Grita. Vuelve polvo las cadenas que creyeron ponerte en las muñecas y que creíste ser de titanio. Mírate. Eres enorme. Corre. Tienes reservada la gloria. Te mereces saltar y gritarle a las estrellas la fuerza que tu mente alberga. Te mereces tu puta sonrisa.
martes, 3 de diciembre de 2013
December
No sé,
pensé. Casi me explotó la cabeza. Pensé que tal vez fuese allí donde mejor se
estaba. Donde a nadie le importase como estuviese. Allí, balanceándome sobre el
columpio amarillo donde podría estar ahorcado sin cambiar un mísero renglón de
lo que para las personas pasa a esta hora. Tal vez donde mejor estaba era donde
más próximo a la muerte estaba, sin tocarla. Donde iría habiendo dicho que iba
a hacer cualquier otra cosa menos ir a aquel antro. En ese lugar en el que me
escondía cuando las personas suponían que estaba en las butacas frente a un
escenario o sentado en un taburete frente a tambores y platillos. Pensé que, a
lo mejor, el mejor lugar era aquel en el que uno muere viviendo. Aquel lugar en
el que se pierde la identidad, donde uno es lo que nunca fue, lo que nunca dejó
de ser. Donde las cadenas que amarran el columpio amarillo bien podrían abrazar
mi cuello pasando desapercibido. Muchas veces me pregunto qué pasaría si un
adolescente se ahorcase en un columpio de un parque escondido en la gran capital. Ni si quiera
saldría en las noticias. Tal vez un chisme nuevo para un par de vecinas. ¿Qué
pasaría si alguien se matase estando muerto? ¿Qué ocurre, me pregunto, en aquel
instante en el que pueblas la mente de nadie? Tal vez el mejor lugar era aquel
en el que volvemos a ser lo que siempre fuimos, lo que nunca dejaremos de ser.
Polvo
Aire
Haz
Nada
domingo, 1 de diciembre de 2013
Road
Descubrí que la satisfacción difería en grandes rasgos con la felicidad. Que había estado toda la vida buscando satisfacerme, buscando el éxito, intentando ser gigante, cuando lo cierto es que cuando me preguntaban "¿Qué buscas en la vida?" y yo respondía "ser feliz", ni lo uno tenía que ver con lo otro, ni lo otro con lo uno. Descubrí que la felicidad es el regalo de aquellos que no se creen gigantes, de aquellos que se descubren a la altura del suelo, donde la felicidad reposa y mana como el rocío. Satisfacerme intentando tocar el sol no era ser feliz. Escalar al cielo y ver todo bajo mis pies, llegar al culmen, a lo más alto que en lo alto se puede llegar, no tenía por qué hacerme feliz. La felicidad... la felicidad era el regalo de aquellos que en su pequeñez, y en sus errores, se daban el permiso para errar y para encoger.
sábado, 30 de noviembre de 2013
Expreso
En la cafetería del paso entre Connecticut y el estado de New York, mientras tomaba el café de parar en la ruta y observaba las montañas nevadas que protegían el páramo, me di cuenta que hay personas que son, bastante bastante, cómo el café. Son ese tipo de personas, que como el café, emanan calor. Esas personas que como el café, hacen a uno ponerse excitado y energético, personas que cuando uno recién se levanta y las ve, ya le dan ganas de hacer cosas. Muchas personas necesitamos del café para realizar nuestro día y nuestra ruta, y termina siendo bueno tomar un poco cada día. Y curiosamente existen esas personas de las que necesitamos tener o charlar o conocer o disfrutar una porcioncita de ellos casi diariamente. Esas personas, que como el café molido, huelen bien. Las personas que de vez en cuando, te hacen sentir un poco nervioso, y como con el café, te dan calores y escalofríos. Sin embargo, descubrí que me gustan las personas casi tanto como me gusta el café porque me gustan más las personas. Porque hay algunas personas que tienen algo mágico, como el buen café. Y es que no importa si hay días en los que esté demasiado suave u otros en los que esté demasiado fuerte, porque lo cierto es que siempre está bastante, bastante, sabroso.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Entrañas
Como un gnomo helado frente a la hoguera que soplaba chispas, y polvo, y cenizas, y potencia para reducir el mundo a una canica de cartón. Desnudo en medio de la pradera escarchada, a ras de piel frente a ese fuego aislado bajo la alfombra negra. Patada en la noche y codazo en la cara. Bastardo de la tormenta más abrumadora y el fuego más fatuo y más abrasador. Salvaje de las nubes que a galope y piñón golpea. Gigante de la miseria. Rufián de las ruinas. Alarido en medio de canchal de piedras quebradas. Golpe, y salto, y grito, y arte. Y bandido de las estrellas, perseguido del sol, huido de la luna. Cuchillo escondido. Siseo en la niebla, susurro tenebroso, escalofrío en lo oscuro, dentellada en lo intangible. Tajo espontáneo. Soplo de fuego y llama gritada. Costura de hilo candente y de aguja invisible. Remache en el ojo de vino tinto y de carne cruda. ¿Y yo para que quiero ropa que me tape, que me finja abrigar, si yo nací desnudo frente al soplo del frío? Si yo nací piel en pecho gritando al hielo que sople más fuerte. Grité, gritó, mentí, mintió. Hijo del fuego. Nació en mis manos frías el aliento del rayo, el canto abrasador, el soplo derretido. Y yo, ¿qué más quiero? si tengo en mi boca, junto a mi, en mi entraña, el beso del fuego violento. Quiero degollarme en lo alto de la montaña si llega el día en que se acerquen las nubes y de un soplo me enfríen el alma, me apaguen el fuego. Si llega el día en que el hielo me grite, me sople, me tire, mis manos congele.
martes, 19 de noviembre de 2013
Mitad del tríptico
Mira tu pared. ¿De qué color es? Bien. ¿Podría ser de otro color? ¿Entonces por qué no lo es? Tu pared es ahora mismo blanca y ahora mismo solo podría ser blanca porque, si no sería de otro color. Tal vez mañana sea de otro color y entonces no podrá ser de otro color. Pero eso no lo sabemos. Solo sabemos que es blanca y únicamente blanca y no de otro color, por ende no podría ser de otro color. Y si mañana ha de ser azul, lo será. Y dejará de ser blanca porque mañana debe ser azul, y no de otro color. Como solo podría ser. Será como haya de ser, cuando, con y donde haya de ser.
viernes, 25 de octubre de 2013
Gran, gran, pez
Últimamente me viene sucediendo que cada semana me comienza en un lunes que se me convierte en una cuenta atrás. Una cuenta atrás que comienzo con entusiasmo pensando: ¡Tan solo quedan 4 despertares más y ya es viernes! Y al día siguiente pienso: ¡Y ahora solo quedan 3! Y al siguiente despertar pienso: ¡Joder es que ya solo queda pasado mañana! Y el jueves, a lo largo del día pienso: ¡Mañana! ¡Ya mañana es viernes! Y el viernes... pues ya es viernes, y el sábado no hago cuenta atrás y el domingo tampoco, aunque a la noche si que pienso: Jolín... otra nueva semana. Pero al lunes siguiente... ¡Puf! Otra vez la cuenta atrás. Es curioso pero la cuenta atrás que me formulo cada día de la semana se me pasa meramente rápida. Es como si a las semanas las corriese la pólvora. A decir verdad, cuando comparto esta sensación que recientemente ha estado invadiendo parte de mi pensamiento la gente me dice, así con un tono como solemne y auxiliador, como si estuviese atravesando una crisis personal, cosas del estilo: "Deberías vivir los días más a fondo sin pensar tanto en que pasen"; u otras opiniones como que soy un obseso de la existencia en el espacio; u otros que simplemente me dicen "eso es que estás creciendo." No obstante, yo me pregunto....: ¿Acaso no les sucede a ustedes que hay tiempos breves que se les hacen eternos, y eternidades que le entran entre los dedos índice y gordo del pie? ¿Acaso no se han pasado un buen rato haciendo lo que más les gusta y se les ha pasado como en un soplido? ¿Y no han pensado que pudiera ser que lo que a mi me encante sea vivir, sin importarme que sea jueves, lunes, sábado, martes, viernes, domingo o miércoles?
lunes, 21 de octubre de 2013
Yolanda
Me desperté. La luna colgaba imperiosa y luciente en el cielo oscuro, en ese tejado. Serían cerca de las 8, rondando esa hora, quizás un poco antes. Me sorprendió al despertarme y amanecer un borrón en el lienzo de la noche. Quizás eran mis ojos nublados por el sueño. Quizás no. Me froté los ojos con lo que fue una mezcla de entusiasmo y extrañeza. Y efectivamente, en lo alto de mi ventana colgaba la reina de las luces nocturnas, la perla completa. Brillando, luciendo, destacando, despertándome en un nuevo día al que sonreír y admirar.
martes, 17 de septiembre de 2013
Katherine
Y aunque sé que la primera vez que encuentres uno no me lo dirás, te lo guardarás para ti, te sentarás al borde de tu mullida cama a leerlo y a releerlo en busca de cualquier cosa que creas que pueda no ser de mi aprobación, sabiendo que en realidad no existe, porque no hay nada que yo haya de aprobar. Y en caso de que me lo digas, me lo dirás tímida, mirando al cielo y sonriendo. Por supuesto no lo llevarás encima si decides revelarme que lo encontraste, y no será hasta que yo te insista mucho cuando me lo des. Y en realidad, aunque te diría que sí, no me termina de importar. No mientras lo leas, y lo releas, y no en busca de mi aprobación si no en busca del pensamiento que un día dejaste plasmado en ese fino y quizás arrugado pedazo de papel. Ese pensamiento que un día vio la necesidad de salir por tu suave mano apoyado en un lápiz o en una estilográfica. Y en realidad no me importa, porque sé que tarde o temprano, cuando hayas exprimido ese pensamiento, con el que quizás hoy no no estés de acuerdo o tal vez sí, y veas que eso fuiste tú. Y entonces oiré brotar de tus labios esas palabras mientras tus pupilas se deleitan con tu escritura y mis oídos se deleitan con tu voz y tus palabras, con tu pensamiento.
sábado, 14 de septiembre de 2013
Barquito de papel
Imagino que a veces no está de más plantearse lo contrario. Que... tal vez no sea duda e inseguridad, si no necesidad de confirmar si los cabos que amarran las velas de este barquito pesquero están tan fuertes como han de estar, que no viene mal revisar las sogas que al mástil se aprietan, quizás para comprobar o quizás para entender y recordar por qué las amarramos. Y en ocasiones encontramos un canalla polizón que se coló en la barca para sin palabras apoyar la mano en el hombro y tensar las sogas sin tocarlas. Imagino que revisar por qué este barco se empuja con la brisa nos hace tener presentes que fuimos nosotros los que zarpamos y no el viento quien de la tierra nos arrebató.
jueves, 12 de septiembre de 2013
Cuaderno demorado
Y entre
cada letra que pronuncié, escribí idéntica cantidad, a pesar de que tu corta y
profunda vista no la alcanzase a leer. Entre cada sueño que soñé, hubo un
temblor de despertar y en cada tiritar del frío que por la rendija de mi
ventana se escabullía aparecía un
jilguero susurrando un cante en el alma de mi oreja. Entre cada tacto y cada apretar, se
resquebrajaba mi aliento en un suspiro y un jadeo que por la catarata de un
cuello cosquilleaba. Entre cada aleteo de un vuelo hay un giro de cabeza que
atestigua cada instante en el que el sol cae y la luna se alza, las nubes
oscurecen y brillan las estrellas. Entre cada colmillo desgarrador, entre cada
helada cúspide fluye un tibio tinto arroyo que ahoga el alma en un sollozo
sordo. No ha de haber una ausencia si jamás hubo presencia. Donde no hubo
calor, no ha de sentirse el hálito que congela. Si hubo un papiro para ser
escrito, no podrá permanecer intacto. Quizás no solo sepa la mano tocar y el
ojo ver. Quizás el que ansíe más allá, deba enseñar al olfato a saborear y al
gusto, escuchar.
domingo, 18 de agosto de 2013
Retuerce
-Hola. Llueve mucho.
-Me he dado cuenta. No llevas paraguas. ¿Quieres el mio?
-No, no te preocupes. Alex, encantado.
-Dany. ¿Has cenado?
-Algo, poco. ¿Tú?
-No.
-¿Quieres que vayamos a comer algo?
-No, no hace falta, de veras, gracias. ¿Eres empresario?
-Forense. ¿Trabajas o estudias?
-Aún estoy en la carrera. Varios años de mala pata.
-¿De veras no tienes hambre?
-No, en serio. ¿Qué haces bajo estos andamios?
-¿Qué haces tú?
-Esperar.
-Espero.
-¿A que deje de llover?
-Imagino.
-¿Imaginas?
-Me gusta la lluvia.
-¿Mojarte?
-Y después un baño caliente.
-¿Vives aquí cerca?
-¿Quieres saber dónde?
-¿Qué insinúas?
-¿Acaso lo insinuó yo?
-¿Por quien me tomas?
-¿Por quién me tomas tú?
-Por un forense.
-Lo soy.
-Estás majara.
-¿Quieres saber dónde vivo o no?
-¡Claro!¿Y por qué después no me atas a la cama y me desnudas?
-Dany, cálmate.
-No me llames Dany. Y no me digas que me calme. Ahora vas a llevarme a tu casa y vas atarme.
-Apenas sabes quien soy, ¿estás segur...
-Para ser un forense, vigilas bastante mal quién te conoce y quién no. Ahora abre la puerta de este portal. Voy a contar hasta 15 despacio, muy despacio, y antes de que diga cero quiero sentir tus labios en mi piel. 15... 14...
-No me conoces.
-Abre esa puerta y déjame conocerte. 13... 12...
-Me he dado cuenta. No llevas paraguas. ¿Quieres el mio?
-No, no te preocupes. Alex, encantado.
-Dany. ¿Has cenado?
-Algo, poco. ¿Tú?
-No.
-¿Quieres que vayamos a comer algo?
-No, no hace falta, de veras, gracias. ¿Eres empresario?
-Forense. ¿Trabajas o estudias?
-Aún estoy en la carrera. Varios años de mala pata.
-¿De veras no tienes hambre?
-No, en serio. ¿Qué haces bajo estos andamios?
-¿Qué haces tú?
-Esperar.
-Espero.
-¿A que deje de llover?
-Imagino.
-¿Imaginas?
-Me gusta la lluvia.
-¿Mojarte?
-Y después un baño caliente.
-¿Vives aquí cerca?
-¿Quieres saber dónde?
-¿Qué insinúas?
-¿Acaso lo insinuó yo?
-¿Por quien me tomas?
-¿Por quién me tomas tú?
-Por un forense.
-Lo soy.
-Estás majara.
-¿Quieres saber dónde vivo o no?
-¡Claro!¿Y por qué después no me atas a la cama y me desnudas?
-Dany, cálmate.
-No me llames Dany. Y no me digas que me calme. Ahora vas a llevarme a tu casa y vas atarme.
-Apenas sabes quien soy, ¿estás segur...
-Para ser un forense, vigilas bastante mal quién te conoce y quién no. Ahora abre la puerta de este portal. Voy a contar hasta 15 despacio, muy despacio, y antes de que diga cero quiero sentir tus labios en mi piel. 15... 14...
-No me conoces.
-Abre esa puerta y déjame conocerte. 13... 12...
Mirando al sol entre pétalos
No. No lo es. No es justo. No es justo que amanezca de esta forma. No es justo que el aire que pasa por mi ventana se lleve el olor de tu pañuelo junto al que duermo, despertándome así en el engaño de tornarse en tu aliento. No puedo despertar así. Es dulce. Y después un golpe en la nuca. No es justo que despierte cada mañana en el deseo de verte, de sentirte, de mirarte y tocarte, ser tocado y mirado, y de pronto ver como te extingues entre mis brazos, aunque nunca estuviste aquella noche. Y por mucho que sea yo quien lo elija cada noche, no es justo. ¿Qué culpa tengo yo?(Toda)¿Qué motivo tiene el viento para disfrazarse de ti y torturarme? No es justo que tú estés tan lejos y tan poco distante. No es coherente que te tenga tan aquí si estás tan allá. Aunque en este mundo sin razón... ¿Qué es coherencia y qué ilusión? ¿Hasta dónde puede llegarse volando montado en tu olor? Yo quisiera... Yo quisiera... ¿Qué quisiera yo? ¿Y qué no quisiera? ¿Dónde iría sino donde voy? Y yo me haría amigo del viento, saldría a acariciarlo cada mañana, saldría a mimarlo. Si él fuese viento. Y si aceptase ser él, y no si pretendiese volverse tú. Porque tú, más que tú, no hay nadie. Y aunque lo hubiese, no me sirve. No. No lo es. No es justo. Yo no quiero el viento con tu olor. Yo no quiero un despertar tan cruel. Yo quiero no despertar. Quiero un sueño. Un vuelo. Volar. Quiero volar. Y alguien que vuele. Y que tú me enseñes a volar de tu mano. Y que de la mía aprendas tú. Yo quiero una gota crecida en un brote de cesped al amanecer y un koala. No quiero el hacha de un brujo para echarla en mi zurrón. Ni quiero nada que no sea un tacto, un beso, una caricia, un susurro, una cosquilla, una sonrisa. Nada que no tenga tu rostro. Nada que no me proteja como me siento protegido entre tus brazos, nada que no sepa amarme como me siento amado. Nada que no pueda amar tanto. Y si no existe cosa igual puede el viento en paz seguir paseando por mi barrio, que yo cerraré la ventana esperando que golpees con tus suaves manos mi puerta.
Mirando entre pétalos el sol
No. No lo es. No es justo. No es justo que amanezca de esta forma. No es justo que el aire que pasa por mi ventana se lleve el olor de tu pañuelo junto al que duermo, despertándome así en el engaño de tornarse en tu aliento. No puedo despertar así. Es dulce. Y después un golpe en la nuca. No es justo que despierte cada mañana en el deseo de verte, de sentirte, de mirarte y tocarte, ser tocado y mirado, y de pronto ver como te extingues entre mis brazos, aunque nunca estuviste aquella noche. Y por mucho que sea yo quien lo elija cada noche, no es justo. ¿Qué culpa tengo yo?(Toda)¿Qué motivo tiene el viento para disfrazarse de ti y torturarme? No es justo que tú estés tan lejos y tan poco distante. No es coherente que te tenga tan aquí si estás tan allá. Aunque en este mundo sin razón... ¿Qué es coherencia y qué ilusión? ¿Hasta dónde puede llegarse volando montado en tu olor? Yo quisiera... Yo quisiera... ¿Qué quisiera yo? ¿Y qué no quisiera? ¿Dónde iría sino donde voy? Y yo me haría amigo del viento, saldría a acariciarlo cada mañana, saldría a mimarlo. Si él fuese viento. Y si aceptase ser él, y no si pretendiese volverse tú. Porque tú, más que tú, no hay nadie. Y aunque lo hubiese, no me sirve. No. No lo es. No es justo. Yo no quiero el viento con tu olor. Yo no quiero un despertar tan cruel. Yo quiero no despertar. Quiero un sueño. Un vuelo. Volar. Quiero volar. Y alguien que vuele. Y que tú me enseñes a volar de tu mano. Y que de la mía aprendas tú. Yo quiero una gota crecida en un brote de cesped al amanecer y un koala. No quiero el hacha de un brujo para echarla en mi zurrón. Ni quiero nada que no sea un tacto, un beso, una caricia, un susurro, una cosquilla, una sonrisa. Nada que no tenga tu rostro. Nada que no me proteja como me siento protegido entre tus brazos, nada que no sepa amarme como me siento amado. Nada que no pueda amar tanto. Y si no existe cosa igual puede el viento en paz seguir paseando por mi barrio, que yo cerraré la ventana esperando que golpees con tus suaves manos mi puerta.
lunes, 5 de agosto de 2013
Flor junto a un volcán
Me dijo "me gusta tu forma de ser". Y probablemente, como todos, no pensase a fondo el significado de esas cuatro palabras, tal vez pensó en lo que con ellas por lo general y en la mayoría de los casos queremos decir, pero no en el significado real de "la forma de ser", no con el poder que esas cuatro palabras albergan en sus diez letras. "Tu forma de ser". No quiere decir tu forma de actuar, tu forma de sonreír, tu forma de hablar, tu forma de pensar, o tu forma de mantenerte vivo. Tu forma de ser... Cómo convives con lo demás, el modo en el que eres, sin más, sin nada. Sólo tú, solo tú frente al mundo, desmantelando cualquier teoría de que no somos nada, porque "eres", y no solo que "eres", sino que tienes una forma única de ser, una forma que es tu forma, "tu forma de ser". Un modo de demostrar al mundo que estás vivo, que eres único, que no dejas de existir. Un modo de demostrar al mundo que tú estás vivo, que tú eres único, que tú no dejas de existir. Y que quizás ni el misterio de la muerte, a cerca del que tan poco sabemos, pueda dejar obsoleta, esa manera tuya de armonizar y de relacionarte con todo lo otro que también es, "tu forma de ser". Porque "tu forma de ser" también vive en los demás, porque hay de quienes necesitas para ser, para poder ser tú, tú mismo, para hablar como tú mismo. Hay de quienes necesitas para pensar, sonreír, amar, dibujar, escribir, colorear, fotografiar, reír, cantar, pasear, imaginar, llorar, crecer, madurar, soñar, observar, oler, querer, ser; como eres. "Tu forma de ser" no se trata de si eres simpático, de si eres agradable o eres asocial. Se trata de tu forma más absoluta de ti, de tu esencia.
lunes, 29 de julio de 2013
Pañuelo gris
- Le echas mucho de menos, pequeña Katja?
-No.No - repitió nerviosa- ¿Por qué lo dices?
-Has amanecido abrazada a la almohada.
-Es que así es más cómodo dormir.- replicó ella en un intento de convencimiento que, evidentemente, no Llegó a ningún puerto.
- Ya han pasado más de 4 semanas.
- Y pueden pasar muchas más sin que yo deje de quererle, pero no por eso le echo mucho de menos.
-¿Le echas de menos?
-Ya te contesté que no, por favor, Pedro, no seas pesado.
-Algo en tus ojos me dice que me mientes, hermanita, y aunque tuviese los ojos cerrados, lo notaría. A un hermano no puede mentirsele así como así, eso lo sabes, Katja.
-He dicho que no lo extraño, Pedro. Ya está, fin del dialogo. No le echo de menos, o eso es lo que creo.
O eso era lo que quería creer. Porque yo no le echaba de menos, a menos que lo aceptase, en tal caso si sería verdad. Pero mientras yo me negase a mi misma que le extrañaba, no le echaría de menos. Y quizás sí le echaba de menos, pero no iba a decirlo, porque entonces aceptaría que le echo de menos. Y quizás tendría que llorar, quizás un poquito nada más. Y en el llanto, tal vez en el nado entre esa laguna de lágrimas, me descubriese débil, y descubriría que hay algo con lo que se me puede hacer daño, algo de lo que se me puede privar para volverme loca, para desatar en mi una fiera que convirtiese sus lágrimas en colmillos para retornar mi felicidad. Quizás si aceptase que amanecí pensando que entre mis brazos descansaba él y no un pedazo de algodón, quizás se volvería realidad, lo que ya era, con el simple hecho de aceptarlo ante alguien que no fuera yo.
-No.No - repitió nerviosa- ¿Por qué lo dices?
-Has amanecido abrazada a la almohada.
-Es que así es más cómodo dormir.- replicó ella en un intento de convencimiento que, evidentemente, no Llegó a ningún puerto.
- Ya han pasado más de 4 semanas.
- Y pueden pasar muchas más sin que yo deje de quererle, pero no por eso le echo mucho de menos.
-¿Le echas de menos?
-Ya te contesté que no, por favor, Pedro, no seas pesado.
-Algo en tus ojos me dice que me mientes, hermanita, y aunque tuviese los ojos cerrados, lo notaría. A un hermano no puede mentirsele así como así, eso lo sabes, Katja.
-He dicho que no lo extraño, Pedro. Ya está, fin del dialogo. No le echo de menos, o eso es lo que creo.
O eso era lo que quería creer. Porque yo no le echaba de menos, a menos que lo aceptase, en tal caso si sería verdad. Pero mientras yo me negase a mi misma que le extrañaba, no le echaría de menos. Y quizás sí le echaba de menos, pero no iba a decirlo, porque entonces aceptaría que le echo de menos. Y quizás tendría que llorar, quizás un poquito nada más. Y en el llanto, tal vez en el nado entre esa laguna de lágrimas, me descubriese débil, y descubriría que hay algo con lo que se me puede hacer daño, algo de lo que se me puede privar para volverme loca, para desatar en mi una fiera que convirtiese sus lágrimas en colmillos para retornar mi felicidad. Quizás si aceptase que amanecí pensando que entre mis brazos descansaba él y no un pedazo de algodón, quizás se volvería realidad, lo que ya era, con el simple hecho de aceptarlo ante alguien que no fuera yo.
Flor en una estrella
Perfecto es aquello que carece de defecto y de error. O eso es lo que se nos hace entender. Lo perfecto quizás sea tan propio como el pensamiento, tan personal como la razón. Porque ¿qué es un defecto? ¿Para quién es ese defecto? Quizás a alguien no le gusten los chistes ¿ y por eso alguien gracioso pierde su perfección? Quizás exista a quien no le gusten las sonrisas, y por eso quien a mi me hace feliz, me hace imperfecto. ¿Qué es un defecto? ¿Qué es no tenerlos? ¿Qué es ser perfecto? ¿Y para quien?
viernes, 12 de julio de 2013
Verso a golpe
Como las pompas gentiles que estallan en un trémulo vibrar del aire de un baño en un pisito de Madrid. Como un jilguero que risueño pasea entre los matorrales secos que decoran la alambrada. Como las gotas regadas de agua que deliran entre los pétalos y tallos de una planta que brota entre el secarral. Como las estrellas que de blanco pintan en punta la noche sin primor ni pudor alguno, traviesas ellas. Como el reflejo del haz de luz disparado que atraviesa las canicas que por el pedregoso camino deciden cicatrizar una infancia. Como la lágrima que cae en la esquina de esta hoja para emborronar mis dedos, para hacerme indiscutible culpable de este derroche de lo que sean que aquí se derrochen. Como el chocolate fundido dentro de una bolsa de plástico de dorado atada y que tras una confusa travesía sigue clavando de un tajo al paladar el sabor de la felicidad. Como un mordisco en el cuello hecho a mi medida. Como una ventana por la que ver lo que nadie nunca vio, ni verá, ni veré. Como una isla descubierta aun por descubrir. Como el vibrar de esta mesa en la noche entre el manto de la locura y la calma establecida. Como la voz de pausa en el camino corrido de un suspiro sin si quiera pensar. Como que a veces no hace falta pensar. Como las voces opacadas por el grito de libertad en el estallido de una flor en aquella estrella del firmamento. Como las hojas sopladas y pasadas de mi cuaderno por el viento que en mi rostro pinta tus sonrisas. Como los rectángulos, vigas de madera que sostienen el peso de las que se quitan y se suman. Como la espuma del néctar de los Dioses, elixir de los sabios, veneno de los poetas. Como las inesperadas.
Honor, peace, mercy.
You shall take my honor, my Lord, my Lady, because I, moon of shadows, star of lights and fires, I´ll serve you from this day untill further more than my last day. I, arrow in the bow and sword in the enemy´s throat, I swear to the Gods I won´t shiver, I won´t give up in my mission, in my commands. I won´t fall, I won´t kneel before any King, any Queen, any Lord or any Lady who isn´t my true and loyal King, or Queen, or Lord... Or Lady. I shall not fall in the battlefields of war. I shall not burn in the madness of wrath, of treason, of revenge. I shall not. And I shall take my sword, take my shild, and take my horse, and ride towards war in name of all those who live in our land and deserve to please peace. And I shall never forgett these words I´ve said. These words sent from my mouth that nobody has written for me, without madness, neither treason, nor threat. The Gods protect me in this commands where only honor and loyalty must take place. ¡Gods bless the King, the Queen, the Lord or the Lady!
Cuervo
¿Con quién estás contando cada vez que dices "nosotros"? Es bien sencillo. O más bien, bien jodido. Un burro es burro. Nace, se cría, crece, trabaja en el molino, con suerte en los arados del campo, y muere. ¿Me equivoco? Una forajido es forajido. Nace, no se cría, vive en lo salvaje robando y asesinando para tener algo que llevar de su mano a la boca, y muere. ¿Quiénes? ¿Quiénes son "nosotros"? Un caballero nace, se cría, sirve y obedece a su Rey, protege su honor y a su gente en la batalla, de noche ama a su princesa, de día vuelve a la batalla, y se repite, y repite, y repite, y muere. La espada nace, forjada entre la piedra y el hierro, pero nace. Y sirve a su maestro hasta que este es desarmado. Y entonces muere. El escudo es escudo, el caballo es caballo, la flecha es flecha y el arco, arco. El consejero es consejero, y la naturaleza es naturaleza. Y todos mueren. Y para nosotros, bestias indignas. Seres artificiales, para "nosotros" ¿Qué queda ser? El fuego es fuego y la nieve es nieve. El Rey es Rey, nace se cría, hereda el trono y ordena en su reino sin discusión para la protección de su pueblo, la paz y la harmonía, y muere. La reina es reina, y nace, y se cría, y se casa con el rey prometiéndole la miel de la más linda flor de todas cada noche, y muere. El fuego es fuego y la nieve, nieve. ¿Y nosotros? ¿Quiénes son "nosotros"? ¿Y qué somos, mi señor? ¿Qué somos?
jueves, 11 de julio de 2013
Y a paso de tortuga cazan los pumas.
¿Qué es del fuego que sopla el viento? Debajo de los árboles del parque que hay junto a mi casa he visto en varias ocasiones alguna sonrisa. Debajo del platanero que decora el jardín de mi vecindario hay una alfombra de césped verde y alegre que acolcha los pasos de los paseantes. No es extraño ver, sobretodo por la mañana, algún viejecillo que alimenta a las palomas gorgoteantes con semillitas doradas de grano de lino dejando pasar el tiempo de una mañana libre de quehaceres a la espera de una esperada sorpresa producida por el beso en la mejilla de unos labios arrugados rodeados de un rostro similar, que no obstante, produce mágicamente una sonrisa en el semblante alegre de nuestro anciano. También hay unos columpios, y un tobogán, y unas canastas, y señoras que casi con desidia pasean a sus caninos compañeros. ¿De dónde vendrán estas estrellas que atravieso a esta vertiginosa velocidad? También he visto a algunos niños gritando y chillando mientras juegan a pintar los rojos adoquines de la acera del parque con tizas de colores, cantando e ignorando las vicisitudes y las alegorías de la vida que tan innecesarias, relevantes e intrusas son. Claro que a todo se le puede pintar una sonrisa, y a todo se le puede hacer grande y destacable, incluso a un pedazo de cuerda o a un olor, o a una supuesta película que nunca se vió, a un sabor, a una goma de borrar, a un dibujo, a una canción, a un texto o a un verso. Incluso a un día. O a una frase sobre un día. O a una simple frase. Pero grande. Casi tan grande como la acera de un parque. ¿Madura la fruta que muerden tus dientes y acaricia tu boca? Otras veces, entre el polvo de la arena del parque, he visto de noche y de madrugada a jovenes rebeldes pintando con aerosol en las paredes de las casas que contienen este verde y pulmonar recinto, al que parece que llaman parque, en ocasiones nombres y apodos y en otras plasmando ideales políticos e incluso sociales, haciendo crítica mordaz del servicio bancario, o dibujando herramientas de trabajo cruzadas. Aunque tambien veo al dueño del local al que le toca extinguir dichos garabatos con un spray de agua y detergente. Otras veces veo a un pequeño escribiendo frases con tiza, o a un poeta que frente a un colegio dibuja poesía. Y tambien he visto a niños caminando jugueteando sobre mensajes en el parque. ¿Me cedes el día de mañana? A veces es agradable sentarse en un banco sin ningún proposito, mas que el de dejar que el sol deshidrate tu piel y la brisa alimente tu rostro, teniendo apoyado sobre el hombro la cabeza de la felicidad. Aunque tambien es cierto que no es en absoluto un experimento desagradable el de ir a recostarse sobre uno de los asientos de madera en soledad a destrozar un cuaderno tallando la antitesis sentimental del puño de uno. No obstante... como pasear dado de la mano bajo la copa los árboles, al tacto de la sonrisa, pocas cosas me gustan tanto. Aunque haya silencio en nuestros labios. O aunque de ellos no broten más que palabras sin sentido, conexión, si quiera necesidad de ser pronunciadas, más allá de servir como excusa de calmar mis ansias razón para un beso. A veces en el parque veo gente triste, y gente que llora, y gente sola. Pero por suerte siempre vuela el viento, y las lágrimas hundidads en la arena, y el frio domado por el sol, dejan de alumbrar su altar. Pero no es dejar por dejar, es caminar para seguir. Creo que así veo tu parque. ¿Me regalarías una sonrisa? Si quieres... me sobran un par de tizas.
Hoy puede ser un gran día
-Estás pintando el suelo
-Así es
-¿Y por qué pinta el suelo?
-Porque hay algo que quiero escribir.
-Entonces no está pintando, está escribiendo.
-O pintando letras.
-¿Y por qué pinta letras?
-Porque hay algo que quiero decir.
-¿A quién?
-A alguien
-¿A mi?
-También.
-¿Cómo que también?
-Se lo digo a una persona en concreto, pero me gustaría que todo el mundo lo leyese y lo pensase, incluida vos.
-Pero usted no me conoce.
-Ahora si.
-Pero ya había empezado a escribirlo cuando yo no había llegado.
-Eso no quiere decir que no pueda ser tuyo.
-Pero... pero...
-Si yo te regalo esta flor que corté de mi jardín y vos la cuidas, ¿no es tuya?
-Si
-Pero yo la corté de mi jardín y la cuidé antes que vos.
-Tenes razón...
-Pero yo te la regalé, y vos la cuidaste. Ya es tuya. Como las letras que pinté.
-Plaaaa... n... te a..... planteaaa... teee lo, planteatelo asss... ssssí. Así. Planteatelo así.
-Así que ya aprendiste a leer en la escuela.
-¿De donde sacaste esa frase?
-Es de un tipo que canta.
-¿Y que canta?
-Canciones.
-¿Y te gustan sus canciones?
-Me encantan.
-Que lindo.
-¿Vos escuchas música?
-Muy poca... La que pone papi en casa. Le gusta mucho... Milanés. Y "la negra".
-Que bueno.
-¿Ya terminaste de pintar?
-Si ¿Te gusta?
-Me encanta
-¡Jajaja! Me alegro. Contame, si vos no me conocieses, y paseases por el parque, o vivieses en uno de los edificios desde los que se ve el parque, y leyeses esto. ¿Sonreirías?
-Si.
-Fenómeno.
-¿Querés que sonría?
-Quiero que todos, siempre, sonrían.
-¿Qué todos los que lo lean sonrían?
-Efectivamente
-¿Y por qué no pintas una sonrisa al lado de las letras que pintaste?
-Porque las sonrisa se pintan en la cara. Y se las pinta uno mismo, nadie te la puede pintar, y nadie te la puede borrar. Aunque a veces conoceses a alguien que te la pinta, no sabes por qué, pero te la pinta a vos, y vos se la pintas a ella. O a él. Y nadie te la puede borrar. ¿Me entendiste?
-Si, si. Nadie te la puede borrar.
- Sos muy linda, eh.
-Gracias... Me gustó hablar con vos, pero creo que papi me está llamando y tengo que irme a dormir.
-Dale, anda. Cuídame la flor, eh ¡Y pinta muchas sonrisas!
-Así es
-¿Y por qué pinta el suelo?
-Porque hay algo que quiero escribir.
-Entonces no está pintando, está escribiendo.
-O pintando letras.
-¿Y por qué pinta letras?
-Porque hay algo que quiero decir.
-¿A quién?
-A alguien
-¿A mi?
-También.
-¿Cómo que también?
-Se lo digo a una persona en concreto, pero me gustaría que todo el mundo lo leyese y lo pensase, incluida vos.
-Pero usted no me conoce.
-Ahora si.
-Pero ya había empezado a escribirlo cuando yo no había llegado.
-Eso no quiere decir que no pueda ser tuyo.
-Pero... pero...
-Si yo te regalo esta flor que corté de mi jardín y vos la cuidas, ¿no es tuya?
-Si
-Pero yo la corté de mi jardín y la cuidé antes que vos.
-Tenes razón...
-Pero yo te la regalé, y vos la cuidaste. Ya es tuya. Como las letras que pinté.
-Plaaaa... n... te a..... planteaaa... teee lo, planteatelo asss... ssssí. Así. Planteatelo así.
-Así que ya aprendiste a leer en la escuela.
-¿De donde sacaste esa frase?
-Es de un tipo que canta.
-¿Y que canta?
-Canciones.
-¿Y te gustan sus canciones?
-Me encantan.
-Que lindo.
-¿Vos escuchas música?
-Muy poca... La que pone papi en casa. Le gusta mucho... Milanés. Y "la negra".
-Que bueno.
-¿Ya terminaste de pintar?
-Si ¿Te gusta?
-Me encanta
-¡Jajaja! Me alegro. Contame, si vos no me conocieses, y paseases por el parque, o vivieses en uno de los edificios desde los que se ve el parque, y leyeses esto. ¿Sonreirías?
-Si.
-Fenómeno.
-¿Querés que sonría?
-Quiero que todos, siempre, sonrían.
-¿Qué todos los que lo lean sonrían?
-Efectivamente
-¿Y por qué no pintas una sonrisa al lado de las letras que pintaste?
-Porque las sonrisa se pintan en la cara. Y se las pinta uno mismo, nadie te la puede pintar, y nadie te la puede borrar. Aunque a veces conoceses a alguien que te la pinta, no sabes por qué, pero te la pinta a vos, y vos se la pintas a ella. O a él. Y nadie te la puede borrar. ¿Me entendiste?
-Si, si. Nadie te la puede borrar.
- Sos muy linda, eh.
-Gracias... Me gustó hablar con vos, pero creo que papi me está llamando y tengo que irme a dormir.
-Dale, anda. Cuídame la flor, eh ¡Y pinta muchas sonrisas!
viernes, 14 de junio de 2013
Little disguised pimple
Si,
muñeca, me encantaría no ver tu rostro cada vez que
escucho Freedom de
Hendrix, pero se me da mal mentir, ya sabes, nunca he sabido callarme
la boca. Me encantaría decir que cada carcajada que ahogo en los
vasos sucios de cristal bañados de hielo fundido y de whisky
fundidor son de risa y de alegría, de vivir el momento, de pasarlo
bien en la barra del bar ¡Ojo! que no estoy diciendo que lo pase
mal. ¿Cómo voy a pasármelo mal en la barra yo? Pero no puedo. Pues
porque... ¡Yo que sé! Si supiese el motivo lo habría ahorcado hace
tiempo. El caso es que no. El caso es que cada filtro que pongo sobre
la papela, cada pedacito de crack que pongo junto al tabaco, cada
lamida que le paso al papel y cada peta que prenso, es a tu salud.
Junto a mi decadencia. Me muero por decirte que estoy bien, que todo
marcha de puta madre, que el grupo sigue en pie, que no tenerte
apenas me hace daño, que ya casi no le doy al polvo, y que he
conseguido curro. Pero ni quiero mentirte, ni quiero engañarme, ni
quiero dejar de fumar un cigarro más cada vez que el humo pasa por
estos labios que estaban destinados a ser tuyos, princesa. Te
mentiría si te dijese que ya no aporreo el vaso contra la barra, y
que no quiero volver a hacerlo tampoco, si te dijese que cada
golpecito que doy con el índice en la boquilla del piti no es por
ti, si no por hacer caer la ceniza. Pero sabes que no, que es por ti.
Y no te duele, ni te duelo. Y te la sudo. Y me la sudas. No. Ni de
coña. ¿Cómo ibas a sudármela, nena? Y yo recargo el depósito de
alcohol en la barra, y me lleno la boca de humo negro y sucio y
maloliente y áspero y mezquino que me rodea de ese aura trágico que
tanto parece llamarles la atención a los que llegan nuevos al
bareto. ¿Nunca habéis visto a un puteao desahogarse en la barra a
base de blues y de rock, mamonazos? Pues entonces, ¿que coño
miráis?¿Tengo neón en la cara?¡Aire! Pero siempre se alejan medio
riendo, y me han llegado a hacer ojitos algunas princesas, porque a
fin de cuentas es lo que vende, la historia moribunda. Nunca triunfó
el chico conoce a chica, chica conoce a chico, beso y felices para
siempre. No, pequeña, eso no vende ni en tu barrio de blanquitos
ricos. Lo que tiene éxito es el tío conoce a tía, tía conoce a
tío, ella se hace la interesante y mete coba, el tío le lame el
culo como un capullo, ella se ríe, pasa de su cara y adiós muy
buenas, el tío acaba esposado a la barra del bar, matando sus
neuronas una a una, con detalle y delicadeza, mientras entabla
amistad con el camarero. ¡Esa es la que vende! Si hubiese tenido una
cámara delante desde que te conocí ¡a la mierda el niñato de
Bogart!, pero no. Ni tengo una cámara delante, ni me importa una
mierda tenerla o no, ni si vende o no vende. Total, yo me prenso otro
(verde esta vez) y sigo aquí sentado haciendo de verdugo de la
sinapsis, mientras espero un poco de suerte, coincidencia y demás
mierdas en las que me niego a creer, pero que remedio.. Mientras
espero que aparezcan por la puerta de este antro de espectaculares
altavoces unos zapatitos de charol, una falda blanca, impecable e
impoluta cubriendo las piernas bajadas del cielo y la cadera de Eros.
Que aparezcan los labios rojos del deseo, muñeca, de ese deseo que
llevo haciendo náufrago en los charcos de whisky que dejo en la
barra tanto tiempo. Que aparezcas y que salte de la silla, me olvide
el petardo en el cenicero, coja la chupa, saque las llaves, te deje
en la boca la marca de mi identidad, te coja la mano, te monte en la
Davidson y te lleve al puto culo del mundo a hacerte mía toda la
noche, y que tu padre llame a los picoletos mandándolos hurgar por
todo el barrio, y tu estarás conmigo, coronándome eterno heredero
de tu placer, y siendo dueña del mio. Pero mientras... ¡Pete!
¡Ponme otro. Doble, y bien cargado!
martes, 11 de junio de 2013
¡Oh! Me encontré una...
Yo no quería esto. No. ¿O si? Yo no quería historias. No quería un narrador, o si. Pero no quería personajes, ni tramas enrevesadas, ni un argumento, no quería si quiera razones. No quería un tiempo, o un espacio, un marco determinado. Yo no quería que se pudiesen contestar a las preguntas de dónde, cómo, cuándo quién. No. No lo quería. Solo quería poder contestar el qué. Una sonrisa, una lágrima, un llanto, un puño de furia. Yo quería una hoja escrita y escrita y escrita diciéndolo todo, y no diciendo nada. Lleno de palabras y más palabras, y frases, y oraciones, y más palabras que no concretasen nada. Quería hojas imprecisas, inesperadas, repentinas, que al llegar al final y a la hora de descartarlas supiésemos exactamente que quise decir. No, no quise decir nada. Que sentí. Y el por qué, y el cómo, el qué, cuando y dónde pueden arder pasivamente en el alfeizar de mi fría y desnuda ventana. Nunca quise pensar el nombre de un personaje, es difícil, innecesario y mal interpretable. Yo solo quería palabras y emociones. Sin conexión lógica. O con ella. No lo sé. Imagino que será que tal vez el mejor medio de llegar a algo, a veces, es justo el contrario, aunque no lo hagamos a fuerza de voluntad, aunque lo haga la vida porque se le antoja, o tal vez tenga una explicación científica, pero hay cosas que prefiero omitirlas en la ciencia y darles mi propia explicación. A veces el camino más bello y el más apropiado es el que seguimos cuando el viento vital nos vuela el mapa y lo recogemos dado la vuelta sin percibirlo, y cambiamos el norte por el sur, el este por el oeste, lo conocido por lo que aún queda por conocer, sin darnos cuenta. Porque claro que es cómodo sentarse bajo la sombra del cerezo en medio del camino, y es bello también, pero quien sabe si al fondo del camino habrá más. O si fuera del camino habrá un césped verdaceo donde brote mágicamente la gota de rocío, donde se revuelque el viento y un cielo celeste por el que sobrevuelen las nubes algodonosas y los cirros. ¿Quién sabe? ¿Quién sabe por qué hay árboles con una "s" dibujada? ¿Quién sabe por qué se escalan los árboles y por qué se discute cual subir? ¿Quién sabe por qué llueve un domingo noche e irradia el sol despertando llamaradas al amanecer de lunes? ¿Quién sabe donde queda la línea de la perfección? ¿Quién sabe? Yo vivo de preguntar. ¿Quién sabe si las sonrisas son una contracción muscular o un impulso de vida?
domingo, 2 de junio de 2013
Vientos
Cierto matíz, cierto regalo, en la delgada pintura blanca curvilínea en el cielo noctámbulo tendida. El preciso brillo y luminosidad en la esbelta y perlada sonrisa del cielo, ni en exceso ni en déficit, el preciso, el exacto, el justo haz de luz para poder diferenciar las siluetas en la noche, sin atisbar con detalle, en las terrazas de la ciudad, en las azoteas urbanísticas o en los bancos de arboles asediados en los parques. Un destello lateral en el roto cuello de una botella de licor suspendida en el mar de las estrella que, apenas teniendo anchura, hace temblar y enflaquece la obscuridad de la noche. No es lo esbelto en el alma lo que pinta a las personas, más bien la sencillez en los trazos de la sonrisa y cada gesto simple
martes, 28 de mayo de 2013
Alergia
Como un folio en un escritorio, blanco como alma en pena. Mimetizado con las nubes y con el limbo camuflado es su abrigo y su linaje, como un copo de nieve que en el viento frío baila y merodea. Suave es Nietzsche como el aceite corporal, o como el tacto de un amante. Suave como la arena fina volando entre los dedos en la mar, como la seda y como el agua. Merodea Nietzsche por los rincones de mi cuarto y cuando menos me lo espero bajo mi escritorio o sobre la cama rescata del vacío una mirada, ni de pena ni de calma, ni de angustia ni de rabia, una mirada vacía que me rasga las pupilas en busca de un mimo de una mano que acaricie su nuca, en busca de una caricia cotidiana previa a un ronroneo. Merodeador en mi pasillo es Nieztsche que la vista me alegra, como un fantasma, un ánima, hace acto de presencia en mi hogar con su estancia y con su mirada ausente, con sus pasos lentos, detenidos y atentos. Nietzsche es diminuto, son dos meses de vida que a penas cinco kilos llega a pesar, como una piedra en el acantilado de la costa se siente Nietzsche en la casa y es tranquilo y apacible en su ínfima diminutez. Siempre dispuesto a un juego, al tacto y la cosquilla, siempre calmo y preparado para estallar, si se le concede el gusto. Me lo encuentro entre mis libros jugueteando, observando páginas de crítica y argumentación, con cara de inocencia mi enfado suprimiendo y volviendo en calma y ternura el cansancio de una jornada agotadora. En toda ocasión Nietzsche reserva en su bello un espacio despeinado aclamando unos dedos que lo acaricien al peinar, y se distraiga alguien de su rutina para tan bello ser y tan perfecta criatura con detenimiento observar. Nietzsche es un sueño en mi suelo, es un gato singular. Existen hombres despiadados de índole animal, y existen animales que, en su puesto, son presas del amar. Depredador del tacto es Nietzsche en mi regazo apoyado, contrapuesto al atardecer, al aura nocturna que por mi ventana invade, y Nietzsche, blanco y puro, un haz de contraste deja. Nieztsche es suave como el agua y la seda. Como un copo, blanco Nietzsche es. Y como un copo se derrite en mis brazos, se funde y se vuelve realidad, con un estornudo vuela en polvo Nietzsche. Nietzsche, pelaje, gato y animal.
sábado, 25 de mayo de 2013
Granos de café
Esta
mañana mientras me sentaba en el banquito de piedra de mi jardín, mientras
escuchaba una canción que dice algo así como “No sé qué más hacer”, esta mañana
me encontré un papel como mágico que caía desde lo alto del edificio a cuyos
pies me rendía para disfrutar un ratito de tranquilidad y con mi música. Busqué
con urgencia removiendo en el bolsillo de mi pantalón un lápiz con el que
rellenar el papel nacido del cielo y decidí empezar a dibujar. Primero dibujé
un muñequito, no muy elaborado, no muy realista, gracioso y bonito pero que a
ojos de una compleja cabeza infantil resulta ser una persona. Después dibujé
otro. Los dos eran bonitos, pero porque los dibuje juntos. Y bajo sus pies
dibujé una nube redondita y algodonosa, blanca y limpia. También les dibujé una
sonrisa en la cara a los monigotes, por supuesto, y también les dibuje una
nariz, son personas. Uno tenía la nariz grande y ruda, el que era un poquito
más alto, y el otro tenía una naricita que me encanta. Los dos tenían el pelo
corto. ¿Ojos? Como no iba a dibujarle ojos, te he dicho ya que son personas. De
pronto se miraron, y sus sonrisas se hicieron más grandes. ¿Qué no me crees?
Pues chincha, yo te digo que lo vi, y yo estaba allí, en ese jardincito, en ese
banco de piedra cuando ocurrió. Se miraron y de pronto la nube salió del papel,
y ellos encima de ella, por supuesto. Empezaron a revolotear con la nube por el
aire del jardín. ¡Menos mal que no lo vio ningún vecino…! Quién sabe lo que
habrían pensado… Subieron alto, alto, alto. El sol me obligaba a cerrar los
ojos, pero yo los veía, eh, tirados y agarrados a la nube. De pronto, se
acercaron a mi otra vez, bajando lentamente, con cuidado de no caerse. Y cuando
bajaban me di cuenta que el mágico papel ya no estaba en blanco. El travieso lápiz
lo había dibujado todo. ¡Qué yo estaba allí, jo, que lo vi! Bueno. No lo vi,
pero ¿Quién si no iba a haberlo pintado? Fue el lápiz solo, le vi esconderse
después de la travesura. Había pintado la hoja llena de olas y de agua, con una
isla en el medio de la cual florecían unas pocas palmeras y cocoteros. Era una
isla bonita, pero parecía desierta, aunque debajo de una palmera había un
pirata con una pata de palo y un parche en el ojo y un garfio por mano en su
brazo derecho, y, y, y un cofre grande encima de su panza. El pirata parecía
triste, y eso no me gustaba mucho, la verdad. Pero se alegró mucho cuando vio a
mis muñequitos volver a la hoja. Se levantó, frotó el cofre, y se meció su gran
y sucia barba negra y sonrió muy mucho mirando hacia arriba esperando que
alguien bajase de ella. Mi monigote, el de la nariz grande y el que era un
poquito de nada más alto, le dijo al de la naricita que se quedase en la nube,
y saltó al agua y llegó nadando a la orilla de la playa donde el pirata que
ahora sonreía, y me gustaba más, le
esperaba con un abrazo. El pirata le enseñó orgulloso su cofre. Le dijo que
había sido un motín de una lucha contra un dragón… o contra Japón, o contra un
jamón, no lo sé. Es que los dibujos hablan muy bajito y cuesta escucharles…
Pero le dijo que era un motín, y le enseñó todas las brillantes monedas de oro
que había dentro. ¡Eran muchísimas! Y el pirata se reía orgulloso haciendo
botar su panza. Mi monigote le miró y le dijo que él también tenía un motín y
el pirata le pidió que se lo enseñase. Mi monigote sonrió muy mucho y señaló a
la nube donde mi otro monigote, el de la naricita que me encanta, estaba
sentado viendo todo lo que pasaba en la isla. Le dijo que ella es un motín.
Entonces el pirata se tiró a la arena a reírse y a patalear de la risa y mi
monigote saltó muy alto y se volvió a sentar en la nube y le dio un besito al
dibujito de la nariz chiquita, y la nube volvió a salirse del dibujo, y mis
monigotes otra vez surcaron los vientos del jardín. El pirata se puso otra vez
triste y miró hacia un lado y hacia el otro, viendo que estaba otra vez solo…
No me gustaba verle triste, no me gusta ver triste a nadie. ¡Entonces me acordé
del travieso lápiz! Y le saqué de su escondite debajo del banquito de piedra y
le susurré con las palabras mágicas si podía dibujarle al pirata regordo una
sirena linda y hermosa. El lápiz me miró y yo le sonreí y le volví a decir las
palabras mágicas y salió corriendo al papel y de pronto apareció nadando entre
las olas una sirenita rubia y linda. Al pirata le cambió la cara, y los ojos se
le volvieron corazones que se salían de sus órbitas. El lápiz y yo nos
revolcábamos por el banquito riéndonos del pirata y la sirena que se besaban y
besaban. Mientras, la nube llevaba de paseo a mis adorables dibujos por el jardín.
Yo los miraba sonriendo y viendo lo felices que eran los dos. Pero otra vez el
lápiz… Le tuve que castigar pensando en una esquina del banco, como hace mamá
cuando hago algo mal, aunque el ya había vuelto a pintar todo el papel. Esta
vez había dibujado un dragón grande grandísimo que estaba protegiendo una torre
en lo alto de un monte, una torre muy alta, tan alta que casi tocaba el cielo.
La torre tenía ventanas con barrotes, pero no tenía techo, pero nadie podía
escaparse porque las paredes eran muy altas. Y el dragón escupía fuego, mucho
fuego. Por la boca. Era un dragón feo y
malo, pero había un caballero con armadura y un escudo y una espada contra el
que peleaba, aunque el caballero no era muy fuerte… Pero él solo quería ver si
había alguien en la torre y salvarle. Entonces la nube entró otra vez en el
dibujo y tiró al monigote de la nariz linda dentro de la torre… Al otro lo tiró
frente al dragón, que le escupió fuego en el culo y le quemó el culo. Yo me reía,
aunque en realidad no me hizo gracia… La nube había sido mala, así que la
agarre y la puse en la esquina con el lápiz, y agarré el lápiz fuerte y le dibuje al monigote que tenía el culo
negro una armadura muy bonita y
elegante, pero también era fuerte, muy fuerte. Le dibujé también una espada
larga y gorda y que cortaba mucho, no te creas. Y después le puse un escudo que
hacía el fuego rebotar. Y entre el caballero y el monigote mataron al dragón,
le comieron la cabeza y lo asaron con su propio fuego para comérselo, y
mientras el caballero que el travieso lápiz había dibujado se comía las patas
del dragón, yo le dibujaba a mi monigote una escalera muy alta para que pudiese
salvar al otro monigote, el de la nariz que me encanta. Y le dio otro beso. Yo
me tapé los ojos. ¡Un beso!... aunque separé un poco los dedos… A una niña como
yo los besos nos dan asco… pero no sé por qué el de mis monigotes me resultaba
agradable… Pero por si acaso… Imagina que me hubiese visto un vecino… Entonces
le dije al lápiz que borrase todo lo de alrededor del monte. Nada de praderas,
que dibujase un mar rodeando el monte con mucho agua. Ah, y que no se olvidase
de dibujarles a mis monigotes un muellecito con una barquita y dos remos, y si
podía pintar un atardecer también se lo agradecería. Le dije las palabras mágicas,
como mamá siempre me dice que pida las cosas, y me hizo caso con una sonrisa. ¡Si,
si! ¡Él lápiz sonreía! Y en esa barquita se subieron los dos monigotes que había
dibujado en el papel que había caído del cielo. Justo sonó la alarma de mi
reloj y que tenía para indicarme la hora de subir a merendar a casa. Volví a
mirar el dibujo y delante de un gran sol que se iba a dormir detrás del mar había
una barquita con remos en la que estaban sentados mis dos monigotes, todo sombreado
porque estaban como a contra luz, en la parte de abajo a la derecha del papel.
Lo doblé y subí a casa para merendar. A lo mejor se lo regalo a alguien, o quizás
lo llevo a la guardería para enseñárselo a la seño, o a lo mejor solo lo cuelgo
en mi cuarto, en el estante de los libros. Quien sabe.
“Mi
sonrisa al verte es lo más bello que me has dado.”
jueves, 23 de mayo de 2013
Historia de toallas e imperdibles
Abrazarle a la vida. Apretarla junto a mi pecho y observar sus pequeñas botas en la esquina. Tomarla la mano y recostarnos, quien sabe. Achicharrarse, dejar que el sol achicharre a la vida, dejar que pase lo que pasa. Oler la vida. Olerla, tocarla, mirarla, oirla y degustarla. ¿Qué es la vida? ¿Qué es una sonrisa? ¿Qué es el miedo? Coger el miedo y meterlo en una cajita de aluminio. Sonreir, vivir, reir, oir los gritos de pequeños niños salvajes vociferando entre los columpios y el tobogán. Sin verlos. Degustar el sabor de la felicidad, con los ojos cerrados. Tocar la belleza y su figura sin olerla. Dejar que el silencio se forme y ocurra, que se cree vacío en la atmósfera redonda. Que ocurra. Sentir el te quiero tornado en sordera. Tener impregnado tu olor en mi mente. Tu, vida. Bendita vida... Verte enmarcada en un marco de antaño, pequeña vida. Vernos naufragando remando en una barquita dibujada frente a un sol naranja que pretende, estático, ocultarse bajo el mar de pintura. Vida que me conduces a un callejón de hojas nublado y me besas nariz y frente. Vida, que me conocías antes de encontrarte, de ser tuyo, si quiera antes de yo verte. Vida tras cada rezo, tras quien me ama, tras cada texto, tras todos y cada uno de mis versos. Vida que me soplas y me empujas sobre el escenario y entre bambalinas quisiera encontrarte. Vida que hay en cada rato con cada amigo, con cada hermano, en cada madre e hija, con cada encuentro y con cada despedida. Vida que busco la forma, las palabras, la sonrisa, el modo en que darte las gracias pero nunca encuentro aquellas con las que abarcar todo lo que me has dado. Abrazarte,apretarte junto a mi pecho, pequeña vida que llegas a mi altura para mirarme y sellarme en la boca la huella de la tuya.
domingo, 19 de mayo de 2013
Cordelia
“Un tipo como yo no tiene cabida en
una ciudad como esta, pequeña Ellie,” Inhalo el frió vaho, pasa
rascando por mis conductos nasales. Su frente se apoya en la mía, la
mía en la suya. Se rozan nuestras narices, acaricio su labio con el
mio. Un beso, otro beso, otra vez su olor y su esencia, su gusto, su
tacto. Otra vez ella. “Los tipos como yo acabamos en prisión, eso
lo sabes. O sin cabeza, o en el fondo de un pantano” Le digo sin
ningún tipo de pena en mis palabras. “Te quiero, Ellie” Noto su
mano en mis costillas, me presiona, agarro su cintura. La pongo junto
a mi. Otra vez ella. “Pequeña Ellie...” Le suspiro. La única
persona que me ha tratado como una persona, la única persona que me
dio algo de cariño. Noto como una gota de sangre cae por el costado
de mi cara. Ellie mira mi rostro, mi horrendo y monstruoso rostro
cicatrizado con heridas y con sangre. Mi rostro feo por el que tanto
me han despreciado. “Vendrán a por mi, lo sabes.” No son más
que pequeños gemidos que no llegan a transformarse en palabras y
sudor frío lo que sale de Ellie. Un beso, otro beso. Una caricia en
mi áspero cuello, mis caricias en el suave suyo. Se me eriza la
piel, se vuelve árida y tersa. El suelo comienza a crujir. La
madera moribunda empieza a crujir. Comienzan a subir los escalones,
comienza a hacer sonido sordo el paso de hombres pesados por los
peldaños de caracol. Ella no los ha escuchado. La tomo la mano. De
forma elegante dan otro paso, suben otro peldaño. Tomo su boca con
la mía. Le coloco el flequillo como a mi me gusta, de derecha a
izquierda. Tapándole un ojo, su hermoso ojo. Otra vez ella y sus
pupilas, y su amor, el amor que me ha dado. “Ellie, ya vienen,
huye, escóndete. No merece la pena morir por mi.” le digo en
susurros a su oído. Yo por ella doy hasta el cielo. “Acabaré
reducido en cenizas.” Insisto sin ningún miedo en mi mente. Suben
otro peldaño, y otro. Respiro fuerte. Oxigeno mi sangre y mis
pulmones. Doy media vuelta y encaro la puerta. Nuestras manos se
aprietan. Yo no pienso dejarla a ella. Saco la pistola que tengo
entre mi pantalón y mi abdomen, empuño la otra que tengo sujeta en
mi cinturón. Ellie me coge de la cintura. Sé lo que tengo que
hacer. Se que esos bastardos están detrás de la puerta, se que
tienen acorazado, se que tienen más balas que yo, cuatro
ametralladoras automáticas, dos fusiles de asalto, tres escopetas de
dispersión y cada uno una pistola a la espalda. Un total de veintiún
armas, suficiente para acribillar a dos personas en una habitación
cuadrada de no más de cinco metros cuadrados. Pero les faltan un par
de cosas. Coraje, honor, honestidad. Amor. Todas esas mierdas que
hemos visto en los libros, en las películas. Todas esas mierdas que
nos han enseñado desde la familia y la religión. Pero cuando tienes
a siete malditos diablos detrás de tu puerta, siete jodidos
mercenarios venidos del infierno preparándose para hacer añicos la
madera de la puerta para acribillarte a balazos, y tú solo tienes
dos pistolas semiautomáticas y tienes detrás de ti a la única
persona que te ha hecho sentir persona, joder, persona en este
infierno, entonces esas mierdas, ese amor, esa honestidad, ese honor,
esa lealtad, esa lealtad que no debes a nadie, entonces eso se vuelve
certeza y doce balas son más que suficiente para acabar con siete,
aunque sean siete Satanás, aunque sean siete arcángeles malditos.
Rompen la puerta como he previsto. Se inunda la habitación. Sangre,
más sangre. Recibo un tiro en el costado, recibo otro en la oreja.
Mis dedos... mis dedos parecen no haber sentido el dolor en la vida.
Reaccionan. Un gatillazo. Otro gatillazo. Tres disparos, cuatro,
cinco, seis, te quedan la mitad. Descarto una pistola. Cuatro cuerpos
al suelo salpicando. Empiezo a deslizar. Un tiro en la pierna.
Empiezo a agacharme poco a poco, siempre con el torso erguido,
siempre cubriéndola a ella. Entre mi saliva y mi sangre en mi boca
salen palabras de... “Gracias” Siento como ella aprieta mi
cintura, como se intenta esconder pavorida, y como yo intento
ensanchar mi cuerpo para protegerla. Mi gabardina de cuero negro
reluce roja. El suelo se ha convertido en un mercadillo de sangre.
Empuño la otra pistola, mi último hálito de vida. Un disparo. Dos
disparos. Solo quedan dos tipos. Vivos. Cuatro balas, dos tipos,
armaduras, dos ametralladoras automáticas. Yo ya he muerto. Acabo de
sentir como el acero perfora mi costilla, como empieza mi corazón a
bombear sangre fuera de las arterías y las venas. No será la muerte
lo que me haga abandonarte, Ellie. Cojo su mano con la mía vestida
en sangre, me pongo de perfil al marco de la puerta donde se hallan
los dos hijos de las llamas, le doy un beso. Otro beso. Otra vez
Ellie, otra vez ella, otra vez... No me hace falta si quiera mirarles
para sentirles estando mis labios arropando los suyos, su nariz
protegida por la mía, mi brazo extendido. Uno. Dos. Tres. Cuatro
disparos. Tres tipos al suelo.
miércoles, 15 de mayo de 2013
El lado oscuro de la luna
Y en aquello se basaba mi juventud. En paisajes de atardeceres desde mi ventana, alta y perdida en un barrio alejado de la mano de Dios, y una escalofriante y perfecta música sonando en mis altavoces. Siempre era aquella puesta de sol tras los edificios de la ciudad, aquel cielo que de lo alto a lo bajo era azul marino, azul, celeste y después se fundía con el naranja del horizonte , ese perfecto naranja que ninguna cámara de fotos lograba pintar bien. El celeste se fundía con aquel horizonte como de oro candente pintado, volviéndose una borrón que yo describiría como incoloro o como gris contaminado. Recuerdo que había siempre nubes. Siempre. Nuvols. Las clasificaba en dos tipos: unas que eran como sumergir un pedazo de algodón en una marmita de oro derretido y sacarlo, dejarlo enfriar, y enfocarlo con una linterna. Eran deslumbrantes, de algún modo sabías que el sol, aunque no lo vieses, te era reflejado por aquellas mensajeras de luz. Era maravilloso, nubes con luz propia. También recuerdo que había unas que eran como muy oscuras, eran las grises, las que interceptaban mi conexión con el espacio infinito, las que interferían entre el firmamento eterno y yo, aquellas que por el contraste eran perfectas siluetas. Las nubes, fuesen del color o del tipo que fuesen, eran siempre preciosas. Y eso me encantaba, pues siempre había de ellas en mis atardeceres. Así era como se ponían a gusto mis pupilas, con estos paisajes oscureciendo tras el marco de mi ventana, atravesados verticalmente por la franja de metal que separaba las dos planchas de vidrio de mi ventana. Después estaba aquella música. Bendita música... Pink Floyd se llamaban. Fueron de lo bueno lo mejor, y de lo mejor lo más grande. Roger, Nick, Richard y David. Genios todos ellos. Estaban llenos de un ritmo magistral. Por las tardes negaba a mis tímpanos cualquier cosa que no fuesen aquellos ritmos entre rockeros y psicodélicos. Era algo espectacular. De un modo o de otro, o con ritmos lentos y de gloria o con guitarras y vibratos que se me clavaban en la piel. Recuerda el mejor orgasmo que hallas sentido nunca, enciérralo en tu mente y llévalo a tus tímpanos. Toma los gemidos de sumo placer y conviértelos en acordes, partituras, tablaturas, letras y coros y tendréis eso. De este modo se ocupaban mis oídos dejando de lado el mundo. Recuerdo que leí en las revistas musicales que eran los líderes y cabezas del rock que llamaban "progresivo". Recuerdo que con un tema de esta banda fue cuando por primera vez se me erizó la piel escuchando música. Mi hermano una vez me regaló un long play de ellos. Acabaron convirtiéndose en droga para mi. No es que dependiese de ellos, pero si alguien me hubiese privado de volver a escucharlos para el resto de mi vida, ya podía tener a mano un escudo. Esta era la forma en la que mis oídos se volvían sordos a todo lo demás que no fuesen unos vibratos o unas guitarras un tanto distorsionadas o a una voz peculiar y unos ritmos increíbles Escondo en mi memoria también el recuerdo de escribir en los papeles del cajón de mi escritorio algunos pasajes que se me ocurrían pero nunca tuve fuerza, ni ánimo, ni perseverancia para escribir un libro o una novela. Pero me gustaba pasar las tardes encerrado en mi habitáculo escribiendo, mientras el sol huía a esconderse tras los edificios y las guitarras de mis altavoces jugaban a erupcionarme los poros de la piel. Pasaba horas y horas en mi habitación dejando el tiempo consumirse. De vez en cuando (una vez o dos por tarde) mi padre abría la puerta y entraba para preguntarme por qué no salía, qué escribía, qué era aquello que escuchaba o que tal me había ido el día. Manteníamos conversaciones por contrato familiar, conversaciones superficiales que ni a él le importaban preguntar ni a mi me interesaban contestar. ¿Qué tal? Meh.. ¿Qué escuchas? Pink Floyd, papá... ¿Estás escribiendo? Ahá ¿Y para que escribes?¿Es para el colegio? No ¿Para una chica? Que no ¿Para qué? No sé ¿Por qué no sales? ¡Yo que sé, papá! Y supongo que en aquello se basaba mi juventud, en no saber. En no saber nada, ni por qué. Simplemente en dilatar las pupilas observando el firmamento que ardía mientras el sol por ley de gravedad caía devorando los edificios de mi ciudad. En cosquillear mis orejas con los ritmos y las guitarras de Pink Floyd y con hacerme la mano doler a base de escribir textos inútiles pero que a mi me llenaban las tardes, para doblar los folios y guardarlos en el cajón de mi mesita del escritorio. Imagino que no sabía nada. Y tampoco es que me importase demasiado saberlo. Mientras pudiese mirar el atardecer, pensar en ti, escuchar mi grupo y sonreír ¿Qué más querría yo?
lunes, 13 de mayo de 2013
Sucesos en la jornada de cuenta perdida
Aun sigo aquí a estas costas anclado. Ha pasado ya mucho tiempo desde mi llegada a este mi nuevo hogar, tanto casi ya que no tengo recuerdos de mi antiguo habitáculo, no recuerdo la vida sin las pisadas en la arena o los nados matutinos en la transparencia del océano. Las plantas ya me han visto crecer y me han admitido entre su rito de intentar tocar el cielo. Esta isla se ha vuelto mi nuevo hogar, y yo que era nada menos que un minucioso cosmopolita, ahora no soy nada más que un náufrago en una isla. Poco a poco he ido aprendiendo a conversar con las olas que a la orilla llegan y crean en la arena esa blanca espuma que mis heridas sana. Lo cierto es que nunca llego a comprender por qué la gente que en la ciudad vive acusa tanto el naufragio y la naturaleza salvaje y las islas, cuando en realidad esta isla merece de un náufrago que la respete y cuide, aunque no sé bien hasta que punto es digno el náufrago de esta isla. No sé hasta que limite soy merecedor de las llamas rojas y asalmonadas que el sol en el amanecer congela, y no sé de que manera merezco observar el atardecer tras la marea que a la noche se calma, subido a los peñascos de la costa. Apostaría el escaso resto de mi humilde vida por que quien tachó de fiera las desiertas islas, en realidad nunca una pisó. Y yo que, aunque en principio me pensé maldecido, a estas playas he sido dirigido, y han sido ellas quienes me han amparado, quienes me han dado cobijo y me han hecho humilde, y fuerte, y sencillo y me han enseñado a disfrutar de lo breve, y de lo alegre, y de cada despertar. Algunos me tacharán de loco, no lo dudo, pero en este tiempo, en este instante, que entre la naturaleza he pasado, y lo que aún me queda por pasar, he aprendido que el silencio tiene valor al igual que las palabras. He perdido ya el cálculo del tiempo que entre estas bahías he pasado, aunque en realidad no lo quiero calcular, y podrían ser muchos los años que han pasado desde que toqué con mis talones esta seca tierra, o podría un día haber pasado. Pero no es el tiempo lo que me importa, ni si quiera me importa como, ni los motivos por lo que ocurrió, simplemente me importa haber llegado. Haberme sentado bajo un grupo de palmeras y dormido en las frías noches sintiendo un manto que me cubre, sintiéndome protegido, cubierto, a gusto, bienvenido y bien acomodado. Y es que esta isla es tan bella, y me ha enseñado tantas cosas... No recuerdo bien a cuento de que anécdota pero me enseñé una vez lo importante que es vivir, sin preocuparse de lo ocurrido, solamente pensando el fruto que puede dar o que ha dado. Cuanto más solo me siento frente al mar, de pie, con la melena volada hacia atrás, más profundo y más arraigado me siento a esta abandonada isla a la que, sabe el universo por qué, he acabado viniendo a parar. ¿Y soy yo tan sumamente prepotente para rebatirle al universo su elección? No lo creí, diario mio. No creí que fuera yo quien pudiese decirle al universo que mi sitio no era este, si no que quizás debiera ser yo quien hiciese de este mi nuevo hogar. Y así lo hice. Y no me arrepiento apenas nada, y no pienso ya en la ciudad. Tan solo me arrimo cada tarde a los peñascos a ver como se funden el sol líquido y el llameante mar.
martes, 7 de mayo de 2013
Corona rota
Te odio... ¡Te odio! Eres culpable de esto. De esta mesa volada, de este nido de maldiciones,que quiera Dios que te partan. De este escritorio lleno de tus cartas sin firmas, lleno de tu olor y de mis sangrientas lágrimas. Lleno de cráteres del Prozac y de tus arañazos, de tus dentelladas, de tus malditos dientes y tu corrupta voz. Lleno de naipes ardiendo caídos de lo alto de una fortaleza. Lleno de mi cuerpo moribundo y lleno de mi alma vacía y muerta... ¡Muerta! Tú... Maldita seas... Tú, desgraciada alma esbelta como la verde copa de un árbol primaveral... Y mi alma ya ni puede moverse... bajo tu sombra. Miserable... ¡Miserable! ¡Huiré! Huiré donde ni siquiera un haz tras las nubes puedan atisbar mi rostro. Donde mi sonrisa quede sepultada bajo el dolor, tras el daño, tras la muerte. ¿Qué importa que muera el cuerpo si ya está muerta el alma? ¿¡Qué importa?! Huiré donde se me ahogue la esperanza y cuando alcance aquella desolación, cuando mi nombre y mi aspecto, cuando mi memoria y mi ser no sean ya. Cuando alcance ese lugar seguiré huyendo. De tus pupilas y tu sonrisa. Huiré donde no despierte nunca, donde no alcancen la tinta y las palabras a describir. A donde no pueda llegar nada, allí iré. Donde no pueda llegar nada. Donde no puedas llegar. Huiré tan lejos que ni los astros me verán, o tan cerca que su dorada ígnea piel se derrita con la mía Donde el viento no sople, allí iré, para que no pueda la brisa susurrarme tu nombre. Para que el fuego en mi mesa nunca cese. Para que la hoguera en mi escritorio no ceda ante la tormenta. Para que arda. ¡Qué arda! ¡Y que arda el mundo, se vuelva ceniza! Para que apabullado el reino me pida piedad, y entonces te arrepientas de haber arrastrado mi alma por tu camino de dagas. Para que me llamen Nerón y vean fundirse entre sus casas, sus recuerdos... Para que vean fundirse, entre todo lo que tuvieron, tu nombre. ¡Nerón! ¡Nerón!
lunes, 29 de abril de 2013
A great day for freedom
Tras el viaje en lancha en la que Gustavo, que era quien ofrecía el servicio de transportar en lancha por la Región, había estado conduciendo, le pagué lo acordado, 5 manilas, y le agradecí la agradable conversación que habíamos tenido. Gustavo conocía muy bien la Región, imagino que se debía a todos los viajes que había hecho, de los cuales me había comentado algunas anécdotas divertidas. Durante nuestro viaje me estuvo comentando sobre las costumbres simples y sencillas de la gente de aquellos pequeños poblados, sus comidas habituales, el especial amor que las gentes sentían por las plantas y el cuidado que les daban. Al bajarme de la lancha pude ver Telmocoatl, un poblado similar y muy parecido a todos los de la zona. Los pueblos de la región estaban todos formados por pequeñas y finitas casas de madera pálida que se sostenían en estructuras del mismo material sobre el agua. La Región era como llamaban a todo un lago inmenso, un océano incrustado en el continente sureño. Evidentemente no todo el lago tenía la misma profundidad, pero por lo general era muy hondo y en algunas partes ascendían pequeños montes submarinos. Bajo las aguas, en pequeñas zonas, crecían estas colinas donde las gentes que por esos poblados habitaban construían sus humildes moradas, como ellos llamaban, tavips.
Los tavips tenían aspecto de torreón, aunque lo cierto es que no llegaban a medir mas de seis o siete metros. Tenían todos forma circular y arriba en el techo se cerraban en forma de cebolla, con una especie de hojas de tacto áspero y duro, que imagino que serían las hojas del árbol del que obtenían la madera con la que estructurar los tavips. Los tavips se unían entre ellos por caminitos flotantes, pequeños puentecillos construido con esta misma madera. En Telmocoatl todo se construía con esta madera peculiar, a excepción de los muebles de las casas, que estaban hechos de una madera más oscura, parecía grano de café. Miré para atrás, miré a Gustavo, le hice un ademán de despido y comencé a observar Telmocoatl para encontrar su casa. Entre que Telmocoatl tiene pocos tavips y las indicaciones que ella me había dado, apenas tardé 15 segundos en encontrar con seguridad su casa. Allí estaba: Con hojas cortadas en tiras finísimas en lugar de puertas, con dibujos infantiles alrededor de el marco de la "puerta" y con un cartel de madera de color grano de café en el que con la madera pálida, con la que se construyen los tavips, había hecho letras que formaban la palabra "irribarre". Al adentrarme en la casa encontré a un niño de pequeña estatura y de tez del color del barro. Cuando me miró me estremecieron sus ojos azules, unos ojos azules pálidos como la luna en medio de una negra noche sin estrellar. Esta hermosa criatura jugaba con una prenda de tela gruesa sin terminar de hilar, y al mirarme, la miró y me la ofreció estirando sus cortos brazos. Sonreí, me agaché me puse de cuclillas y le dije en voz baja:
-¿Arantxa?
El niño, me miró, sonrió, se levantó y jugueteando con la prenda de gruesa tela entre sus regordetes dedos, sin desviar la mirada de la prenda comenzó a decir para si en voz alta con un timbre un tanto agudo y ridículo:
-Adiantza... Adiantza...
Al fondo de la sala bajaban unas escaleras por las que empezó a sonar el tamborileo de unos pies que bajaban descalzos por los peldaños de madera a trote rápido. De pronto vi asomar los blanquecinos pies, que a la altura de la espinilla se cubrían con una fina falda marrón. Me miró y saltó corriendo de las escaleras para abrazarme. Sentí apretado en mi pecho el suyo, y su respiración acompasada a la mía. Entre mis brazos tenía hoy a una muchacha que hace veinte años me había concedido el placer de, mediante sus propias palabras, reorganizar su vida, darle nuevo rumbo hacia el puerto con el que ella había nacido por meta. Tenía hoy, frente a mi a una mujer libre, hermosa y luchadora. Una mujer que cada minuto lo entregaba a las sonrisas de los demás. Una mujer que tantas y tantas veces me había esbozado una sonrisa, y tantas otras una carcajada. La sostuve por los hombros, la miré a los ojos. Vislumbré las lágrimas por sus mejillas cayendo. Y en mi rostro solo tuvo lugar una sonrisa temblorosa al borde de la lágrima, aunque no llegó a ella. De pronto, el niño tiró al suelo la prenda de gruesa tela y corrió hasta las piernas de Arantxa y, en un llanto, sollozó en apenas pronunciando:
-Adiantza, no... ¿Por qué lloras? No llores... me pones triste....
Arantxa lo levantó, lo tuvo en brazos, se borró las lágrimas del rostro, se colocó bien el pelo, le miró, sonrió, y le dijo mientras le despeinaba:
-Pequeño, Uetehl... Al igual que no todos los animales son depredadores, ni todas las plantas venenosas te digo que aprendas de lo bello de cada cosa. Ni cada silencio es incómodo, ni cada lágrima un puñal.- Dejó a Uetehl en el piso, me tomó la mano, me hizo una caricia y me dijo: - Vamos, tengo muchísimas cosas que enseñarte.
viernes, 19 de abril de 2013
Rima XIII o Imitación de Byron
Si algo es idéntico a otro algo, y algo no tiene una cosa, al compararlo con otro algo, entonces, si que tiene una cosa, por ende tiene una cosa gracias a que no tiene una cosa. Es decir, como ningún algo de los dos tiene una cosa, ambos algos tienen una cosa. Esto no es más que un cúmulo de palabras sin sentido, una amasijo de, verde, letras revueltas en un papel, unas letras más altas, otras más bajas. Otras redondas, y otras delgadas. Aquí no hay nada que sea de vuestro interés. Lo que están leyendo no es un personaje(a veces) hablándole a otro, no es una situación literaria, ni nada que vuele por vuestra imaginación. Lo que leen son un cúmulo de palabras sin sentido, como podrían serlo: hay un gato color verde asomado a la pared que cuelga del suelo. Claro que podrían discutirme ustedes a cerca del sentido de esa frase, ya que concuerdan todas sus palabras, por ende podría tener un sentido informativo, aunque surrealista. ¡Pues no quiero usar el monóculo! Entonces, digamos que leen ustedes un cúmulo de lexemas sin sentido como podrían ser: perro violeta aunque casa rojo rápidamente el pero lobo come nunca. Eso si que no tiene lógica alguna. Como este texto. No obstante lo leen ustedes. Me hacen gracia. Naufragan en este texto sin sentido, lagarto, por el simple hecho de que ya han empezado a leerlo, no obstante saben que no tiene ninguna clase de mensaje, y si no, redondo, ya se lo confirmo yo. Además, no saben si el vacío de mensaje en este texto, rabilargo, y su absurdez podrán en algún momento sorprenderles con un inesperado mensaje quizás al final del texto, o quizás ya lo he dicho y no han prestado atención, o quizás tengan que releer el texto desde su comienzo. Quién sabe. Fruta amarilla. ¿No? ¿No se dan cuenta de que juego con ustedes? Que pena, oigan... Si yo escribiese en un texto simplemente: Tic- tac, tic-tac, tic-tac,, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, saltarían todo el texto hasta encontrar una palabra con otra forma que no sea ese tic-tac. Y si a mi no me diese, oportunidades, la real gana de poner otra palabra que no fuese ese tic-tac no leerían mi texto. Por lo cual, no encontrarían el mensaje. Bueno, en realidad debería decir que no se inventarían un mensaje, porque por si mismo escribir la onomatopeya.... Onomatopeya, vaya un palabro. Porque escribir la "Onomatopeya" de las agujas de un reloj, de por si, me dirán ustedes, queridos, que mensaje tiene. A veces soy un poco cenutrio. Como les decía, el motivo de que continúen su lectura de este texto es porque lo forman palabras de estructura diferente. ¡Error! Ya que mi texto podría escribirlo con palabras no existentes y no estoy seguro, protuberancia, hasta que punto buscarían palabras que si existiesen y tuviesen cierta lógica dentro de ese maremágnum (y dale con palabras pedantes, el señorito) de sinsentido. Por ejemplo, mi texto podría ser: elrag esksok hakide laorn kus jrov hfanru usnty erh ehgro ungabid azpwurn aldon en iosl unrives ejvodak sdekeidnfañ menotd es usted un poco estupido aperten alarkno en terdes oplaccion deren un flando expertum. No se si ustedes se habrán percatado, pero les he insultado durante su fugaz mirada por esas palabras que parecen sin sentido. Al comprobar ustedes que las primeras no tenían sentido, apostaron por que el resto tampoco debían tenerlo. O pueden haberlo leído y haberse ofuscado. ¡Qué se yo! No soy un psicólogo, por favor... Lo que quiero, quiero, quiero decirles no es nada. No quiero decirles nada. Multicolor. Simplemente ustedes han perdido el tiempo leyendo este texto sin sentido en busca de un profundo mensaje que ni si quiera ha aparecido. Pero el hecho es que han perdido el tiempo, creyendo que iban a encontrar algo que ni siquiera existe, pero para no sentirse estúpidos, ni ofenderse admitiendo que simplemente han perdido el tiempo porque me han seguido el juego, un juego completamente estúpido del que no puede sacarse nada, van a inventarse algún mensaje, alguna moraleja o alguna estupidez. Pomelo. Aunque en realidad solo han vagado por este texto sin mensaje alguno, buscándolo, sin encontrarlo. Han fallado en su misión, pero su misión ya había fallado antes de si quiera empezar. No quiero decirles nada. Simplemente ustedes han perdido el tiempo leyendo este texto sin sentido en busca de un profundo mensaje que ni si quiera ha aparecido. Pero el hecho es que han perdido el tiempo, creyendo que iban a encontrar algo que ni siquiera existe, pero para no sentirse estúpidos, ni ofenderse admitiendo que simplemente han perdido el tiempo porque me han seguido el juego, un juego completamente estúpido del que no puede sacarse nada, van a inventarse algún mensaje, alguna moraleja o alguna estupidez. Así es el transcurso de la vida, miserables.
martes, 16 de abril de 2013
The Lonely boy
-¿Vamos a jugar a un juego, vale? ¿Te parece? (Ríe) En realidad no me importa si quieres o no. ¡El último en llegar pierde!¿Qué a dónde? No sé. ¿A ningún lado? (Vuelve a reír) No hay meta ¿sabes?. Es divertido correr sin ningún tipo de propósito. Solo dejando que el viento te despeine. Es como vivir ¿A dónde vas? ¿De dónde vienes? ¿Por qué? ¿Por qué hacia allí y no hacia allá? ¿Estas seguro que ese es el buen camino? ¿Y el más rápido? ¡Y que importa! Vive, no sé. Mis padres siempre me dicen, sobre todo mi padre frunciendo el ceño como a el le gusta, porque cree que tiene más autoridad o alguna locura de esas. Siempre me dice: "Señorito, tiene usted 13 años y mientras viva bajo este techo y lo que vaya del plato a su boca salga de mi bolsillo, va usted a hacer lo que yo le diga. Tiene usted 13 años, no entiende en que consiste esto de la vida." Claro, luego yo le contesto que parece mentira que teniendo él 52 todavía no sepa de que va esto. Que esto... ¡esto es un juego! ¡Qué me importa 13 años que 16, que 20, o que 42! Y entonces empieza a reírse un poco, sin que suene ninguna carcajada, intentando mantener su tono de serio y de padre educador, y me mira. Y le miro. Y entonces él sienta. Se sienta. Se ríe por lo bajo, y disparando su dedo índice del puño me señala y me dice: "Esto es más duro de lo que te crees, niño" y entonces si que explota en carcajadas. Creo que recuerda cuando tenía mi edad y hacía travesuras. No sé, esas idioteces que hemos hecho todos. Y que seguimos haciendo. ¡Y que nunca dejamos de hacer! ¿A quién le importa cuantos años tengas? ¿Cuando tengas 20 años vas a dejar de hacer el estúpido? ¡Por Dios! No digo ser estúpido, oye. Pero... yo que sé. ¿A los 30 vas a dejar de hacer sinsentidos?¿En serio? Cuando mi padre termina de reírse, me da un par de palmadas, menea la mano en el bolsillo, me saca un par de monedas y me mira a los ojos con cariño y me dice: "Cómprate algo rico y sal a quemar las calles". (Sale corriendo y grita) ¡Último cola de cerdo! ¿Eh? Ya te he dicho que a ningún lado. ¡O a donde quieras tú!. (Termina de correr) ¿Y en serio voy a tener que renunciar a esto conforme pase el tiempo, y los minutos, los meses, y los años...? Que ingenuos. Por Dios...
martes, 9 de abril de 2013
Will guide you home and ignate your bones
Y bueno... me viene a la cabeza estar tirado en una buhardilla con alguien a mi lado. Abrazadito, con esta canción de fondo. No me habría movido de ahí. ¿Volvemos? Volvemos cuando quieras. No me movería de un muro tampoco. Me sentaría sobre un muro o quizás te sentaría a ti en él y el resto de la noche, el resto de la noche lo pasaría adorando tus labios, acariciando tu cintura o susurrándole a tu cuello. Miraría a los astros, te apuñalaría con la mirada tu mirada, alabaría el silencio y sin necesidad de hablar muy alto, te agradecería. A ti. Y no me movería de ahí. Jamás. Bueno... a menos que fuese para caminar al costado de una carretera. Y caminar... y caminar.... Caminar sobre aquel negro asfalto que conduce a ningún lado. Caminaría agarrado a la cola del viento. Seguro. Amarrado a tus manos y a tus caderas. Pasearía noche y noche por tus nudillos. Me dejaría encharcar el rostro de lluvia fina y fuerte, no me importaría caminar en prendas caladas de agua. No dejaría de caminar junto al césped que crece a los lados de la ruta. Caminaría y caminaría maravillándome de tu sonrisa cada instante y cada minuto. Caminaría junto a un muro alto del que yo juraría que es había sido una fortaleza, aunque una señorita apostaría por que fuese una propiedad. Caminaría hasta llegar a dos desnudos y deshojados percheros de hojas del que adivinar si es el origen de un trinar. Caminaría y caminaría y caminaría. Bueno... tal vez me metería en el recoveco de una calle donde conocí la oscuridad más oscura de las más oscuras oscuridades, donde hice de varios minutos un instante fugaz. Un instante que terminó sin haber comenzado si quiera. Un instante simplemente bello. Un instante en el que mi vista murió. Mi oído se volvió de pronto inútil Un instante donde solo puede valerse uno del tacto y de la intuición temporal, que a veces falla. Pero claro... ¿Qué más necesita uno? Quizás seguiría caminando. O tal vez saltaría. Saltaría tras caminar por senderos de tierra entumecida y húmeda, por caminos de barro flanqueados de pasto y lagunas, crías de la lluvia. Tras caminar por trazos marcados en el suelo por cúmulos de piedra, y al llegar a un desnivel bordeado por ortigas, saltaría. Tú bordearías el desnivel, lo sé. Y donde encontrases un desnivel más nivelado, saltarías. Recuperarías la postura de caminar, darías un paso, torcerías y caerías. Y ambos reiríamos. Pero no me movería de ahí. Me tenderías la mano. Te levantaría, mientras riésemos. Y te besaría, aunque la lluvia arreciase. Después... Si, bueno. Después quizás caminaríamos por las calles perdidas de un macizo de hogares de pizarra cuyo nombre a nadie importa. Recuerdo sostener en mi mano cuatro cartas de una baraja española con cuatro personas a mi alrededor, aunque seguro que había más. Recuerdo sostener cuatro cartas en mi mano derecha y mirar al frente a mi compañero, y en ocasiones a mi derecha, a mi oponente, para que no le pasase ninguna seña a mi oponente de mi lado izquierdo. Eso suman tres personas recordadas. Recuerdo que en ese momento jugaba yo a aquello. Pero no era lo que me importaba. Parecía que importaba el juego, el azar o la victoria. Recuerdo un rostro apoyado en mis piernas cruzadas. Una figura, una sonrisa, que reposaba acurrucada, transformada en un ovillo recovequeado, con los ojos prietos y la cabeza en paz. Eso suman cuatro personas recordada. Recuerdo mirar su nariz, sus pestañas, sus pómulos, su boca. Paseaba con mis dedos, con el dorso de mi mano por su dorsal, acariciaba su cintura. Jugaba al juego, sostenía cuatro pedazos de cartón fino en mi mano derecha. Pero sonreía en ella. Caminaba mi mano por su cintura sin rumbo, sin destino. Sin destino más que una sonrisa. Paseaba por su cuerpo reposado en mis piernas. Sonreía, no me veías tenías los ojos cerrados. Pero sonreía. Te tenía abrazado. Y ¿sabes? No me habría movido de ahí.
lunes, 8 de abril de 2013
Oda
Quisiera saber cantar
como cantan los ruiseñores,
y en medio de las noches
presentarme en tu hibernar.
Quisiera poder volar,
como el viento en la mañana,
como aliento por tu boca.
Ser: el frío que te toca;
Amanecer en tu camas.
Quisiera saber cantar,
y con seis hilos de cobre
entonar de modo pobre
el sonido de una trova.
El estruendo de sonata,
o la sonrisa de las flores.
Ahuyentar, ya, los temores
a la lectura de una carta.
Marinero, enséñame
a surcar todas las olas,
a remar en las galeras,
a izar bien las bandera,
respirar brisa que sopla.
Marinero, compartamos:
En las islas con que soñamos
un día el ancla anclar;
Nuestras ganas al soñar;
Nuestro hermoso sonreír;
El precioso porvenir
y las ganas por vivir.
Y apoyarnos a babor
en banquetas de madera,
respirar de honda manera
la salina y el vapor.
La brisa del mar marina.
Y la ira de Poseidón.
Quisiera saber cantar,
ser canto y vida fuerte.
Ser orilla suave y mar.
Ser conjunto, y serlo siempre.
como cantan los ruiseñores,
y en medio de las noches
presentarme en tu hibernar.
Quisiera poder volar,
como el viento en la mañana,
como aliento por tu boca.
Ser: el frío que te toca;
Amanecer en tu camas.
Quisiera saber cantar,
y con seis hilos de cobre
entonar de modo pobre
el sonido de una trova.
El estruendo de sonata,
o la sonrisa de las flores.
Ahuyentar, ya, los temores
a la lectura de una carta.
Marinero, enséñame
a surcar todas las olas,
a remar en las galeras,
a izar bien las bandera,
respirar brisa que sopla.
Marinero, compartamos:
En las islas con que soñamos
un día el ancla anclar;
Nuestras ganas al soñar;
Nuestro hermoso sonreír;
El precioso porvenir
y las ganas por vivir.
Y apoyarnos a babor
en banquetas de madera,
respirar de honda manera
la salina y el vapor.
La brisa del mar marina.
Y la ira de Poseidón.
Quisiera saber cantar,
ser canto y vida fuerte.
Ser orilla suave y mar.
Ser conjunto, y serlo siempre.
A cierto chico de un autobús
Puede ser que yo me esté volviendo loco. Todo se ve más bello desde la ventana de un autobús. Podría contarles mi urbana travesía. O podría no hacerlo. Me estoy volviendo loco. Sería lo que les diría si supiese que me estoy volviendo loco. Podría estar volviéndome loco. O podría no estar volviéndome loco. Quien sabe, puede ser. Pudiera ser que hubiese tenido la imperiosa necesidad de agarrar un algo con lo que escribir y lo hubiese hecho. O pudiera ser que escribiese por encargo. O que fuese un proyecto académico en el cual tuviese que escribir un texto en el cual llenase de incertidumbre al lector a base de comentar varias posibilidades de lo sucedido sin confirmar ninguna. O pudiera ser que este texto no fuese mio. O pudiera ser que este texto solo fuese un texto. Podría ser que el lector simplemente leyese estas palabras y disfrutase. Podría ser que no rebuscásemos las cosas, que simplemente disfrutásemos de los momentos, de aquello que nos rodea. Que pudiésemos ser capaces de romper, frenar, cortar, parar, aflojar, abandonar, detener, relajar, soltar, calmar. Y de hacerlo sin remordimiento alguno, sin volvernos adictos ni dependientes de ello tampoco. Pero poder frenar y darnos cuenta de cuantas cosas bellas se iluminan a nuestro paso y como no las concedemos si quiera un titileo, un destellito, una chispa. No sé, quizás la vida debiera ser eso. Una maravilla. Una maravillación simple, sutil sencilla. Se me ocurre (ya les he avisado que tal vez me esté volviendo loco) que podríamos hacer de la vida algo simple y precioso. Que no debiéramos complicar tanto su simpleza. Que deberíamos sentarnos al fondo de un autobús, recostarnos, despojar nuestra mente de todo y gozar. Simplemente pensar en... ¿Nieve? Pues nieve. ¿Árboles? Pues que florezcan árboles. ¿Aves? ¡Que vuelen las aves! Que brote de nuestra cabeza el placer de ser personas, de poder sonreír Que sean flechas la luz, las sonrisas, las nubes, los árboles, el césped Que sean flechas que se ensarten en nuestra cuadriculada y manipulada mente. Seamos personas. Atrevámonos a hacer de la vida algo simple. Humilde y hermoso. Saltemos. No hay forma más simple de simplificar la vida que apreciando lo simple. Porque es en lo simple en donde se encuentra lo esencial, y en lo esencial lo bello. Y en lo bello la vida, y en la vida, quizás a uno mismo. Ya les dije: Puede que yo me esté volviendo loco. Todo se ve más bello desde la ventana de un autobús.
sábado, 6 de abril de 2013
16 Toneladas
Un beso de
cuchillo. Caricia de filo y goteo de pasión. De rojo pasión. De rojo. Un
tajo desgarrador que va rasgando tendón por tendón cortando las cuerdas
del telón dejándolo cerrar por su propio peso, en un instante. Se
mancha la vista del espectador del rojo del telón. El cosquilleo de un
filo, una tierna punzada. Se inundan los ojos lo blanco de rojo, todo
toma un color oscuro, un rojo enfermizo. Esquizofrenia. Horror. No puedo
vivir, no he de morir. Locura. Psicopatía. Vuela el alma de una pobre
criatura entre las grietas que un filoso metal ha marcado amando su
cuerpo. Riega de dolor todo lo que encuentra a su paso, buscando quizás
la salida, la esperanza, la vida. O busca, quien sabe, el camino más
rápido hacia la muerte, olvidar el dolor, matar a la muerte.
"Tranquilo... sonríe." Tiñese el suelo del color de las amapolas, del
amor. Manchan sus atravesados pies el camino que recorre en busca de
esperanza. Un último suspiro. Y otro último más, y otro... y otro
pensando que es el último. Desando por Dios que sea el último. ¡Qué sea
el último, joder! Cayendo en los brazos de la dama blanca, la dama de la
noche y la ineternidad Dejándose acariciar el rostro por los
fríos dedos, por el suave filo, de la encapuchada señora. Un tacto que
eriza todos los restos de piel que en su cuerpo queda, erizando toda
parte fría del cuerpo que no ha sido vestida en harapos de sangre. Una
caricia que va brotando tras si una huella, un rastro, un camino de
sangre. Sangre... Ríe Estalla. ¡Que rías Tajo. Punzada. Herida. Corte.
Profundo. Un frío que
atraviesa costilla por costilla. ¿Tocas el frío ¿Sientes el dolor?¿Lo
sientes de corazón, en él?¡Que rías te digo! Una fuente de agua roja,
apagada. Una fuente viva de rosas fundidas y de rojos tulipanes. Pétalos
por todas partes. Pétalos rojos, fundidos, de cera. Unos ojos que miran
suplicando piedad. Esquizofrénicos.¿Sabes dónde estás, quién
eres?¿Sabes lo que quieres?¿Si?¿No? Entonces... ¿Por qué temes? Un paseo
de los labios por el cuello, un paseo hondo y profundo. No
temas. Sonríe Tensalos. Liberémosles. Liberar el trapecio, dar rienda
suelta al músculo escaleno. Destensar la yugular interna. Chocar con el
cartílago cricoides, pero bueno, que más da. Nos lo llevamos también. Un
paseo de un lado al otro. Un movimiento de izquierda a derecha. Y
después de arriba a abajo. Un golpe contra el suelo. Un bote, otro bote,
y rodar... Tu cabeza a sus pies. Y tu cuerpo entre sus manos. Entres
sus blanquecinos y congelados brazos. Los brazos del alba. Observa,
atento, con tus ojos al nivel del suelo, el suelo. Observa el campo de
rosas que has creado. Tulipanes, amapolas, rosas florecientes de besos,
de caricias, de mimos de una daga. Un beso de la muerte. El abrazo del
dolor. Obsérvalo Se consciente. Ríete. No importa. Ya no queda de ti
más que un amasijo de carnes enredadas a los brazos de tu depredador,
colgando en los huesos de la muerte, de tu maestro. Eres un sucio
títere... Mira a que te redimes. No eres capaz si quiera de apreciar
este precios escenario que has creado, este escenario que no es más que
tu. Lo has creado con tus propias manos. Es sangre de tu sangre. Lo has
hecho con el amor de los besos, con abrazos, con caricias. Has besado el
hierro, y sido acariciado por la escarcha. No temas. O tiembla.
Tiembla, porque no queda salida. Solo espera. Quien sabe. No pienses.
Espera simplemente la pisada de unas heladas falanges y metatarsianos.
No temas. O vuélvete loco. Espera que tu racionalidad sea aplastada por
un pie huesudo que ya ha besado todas las partes de tu cuerpo Que ha
hecho de ellas un desfile de rojas aves que revoloteaban y han anidado a
tu alrededor. Aves de sangre. Alas de dolor. No esperes. O espera. No
tengas miedo. O púdrete en el horror. Esquizofrénico. Paranoico. Sangrienta y melosa paranoia.
martes, 2 de abril de 2013
Borrador de un 26 un Marzo
Perdónenme críticos y lectores. Perdónenme señores que juzgan y jóvenes que enfervorecen Perdónenme literatos que se redimen a mi simple y baja literatura. Perdónenme todos ustedes, pero de vez en cuando uno desea y necesita bajar a su mente, necesita volcarse a sus deseos y su drogada ilusión. Uno de vez en cuando necesita hacer uso de las palabras para pintar paraderos con los que sueña, escenarios en la imaginación, paisajes conjuntos. Perdóneme si le resulto... si le resulto agotador, perdóneme autor. Y gracias si me comprende, pues apuesto por que usted también así ha hecho uso de la preciada palabra. Si comprende mis deseos y mi alegría, mi sonrisa, mi entusiasmo, mis fuerzas de vivir al imaginar... Que sé yo. Su sonrisa. Sus labios. Su mirada, sus ojos, sus pupilas. A ella. Al imaginar un amanecer oscuro, unos rayos de sol que pretenden escabullir tras las nubes de una azul mañana. Un amanecer callado, una mañana tranquila, el sonido del vapor del agua ardiendo que burbujea y atraviesa la capa marrón de café molido. El sonido del caliente vapor que atraviesa por el agujero de una cafetera italiana, el burbujeo del líquido marrón al ser vertido en dos tazas. El tacto de los dedos de una mano y un cuello, el tacto de una mano en una cintura desnuda, el paseo de las yemas por su cadera. El roce de las narices. Una guitarra de fondo, baja... muy baja. Una guitarra maestra y unos labios. Unos versos y su aliento. La caricia de los labios, el mimo de la lengua y la calma. Una voz cubana de fondo, baja... muy baja. Todas las cosas que hinchan esos minutos. El silencio, la calma, la paz en el ambiente. La relajación en un despertar, la calma en nuestras manos. El caos entre los labios. En estos días todo el viento del mundo sopla en tu dirección. La Osa Mayor corrige la punta de su cola y te corona con la estrella que guía la mía. Los mares se han torcido con no poco dolor hacia tus costas. La lluvia dibuja en tu cabeza la sed de millones de árboles, las flores te maldicen muriendo celosas. En estos días no sale el sol, sino tu rostro, y en el silencio sordo del tiempo gritan tus ojos: Ay! de estos días terribles, ay! de lo indescriptible. Baja... muy baja. La brisa del mar en proa en la cara de un polizón. Tú... Rezagarse en un sillón, el péndulo de las piernas apoyadas en las mías. El silencio. Mirar, sonreír, saborear el café en sus papilas. Y nada más. El tacto de unos nudillos entre otros, sus suaves manos por mi cuello... El camino de las mías en la cintura. Dos tazas, una mañana, un café, una guitarra, unos versos. Sonreír. Estallar.
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