sábado, 30 de noviembre de 2013

Expreso

En la cafetería del paso entre Connecticut y el estado de New York, mientras tomaba el café de parar en la ruta y observaba las montañas nevadas que protegían el páramo, me di cuenta que hay personas que son, bastante bastante, cómo el café. Son ese tipo de personas, que como el café, emanan calor. Esas personas que como el café, hacen a uno ponerse excitado y energético, personas que cuando uno recién se levanta y las ve, ya le dan ganas de hacer cosas. Muchas personas necesitamos del café para realizar nuestro día y nuestra ruta, y termina siendo bueno tomar un poco cada día. Y curiosamente existen esas personas de las que necesitamos tener o charlar o conocer o disfrutar una porcioncita de ellos casi diariamente. Esas personas, que como el café molido, huelen bien. Las personas que de vez en cuando, te hacen sentir un poco nervioso, y como con el café, te dan calores y escalofríos. Sin embargo, descubrí que me gustan las personas casi tanto como me gusta el café  porque me gustan más las personas. Porque hay algunas personas que tienen algo mágico, como el buen café. Y es que no importa si hay días en los que esté demasiado suave u otros en los que esté demasiado fuerte, porque lo cierto es que siempre está bastante, bastante,  sabroso.

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