martes, 30 de octubre de 2012

Sweeney

Mientras, yo llegaba a casa, y no había nadie. Y como un instinto repentino, me quitaba la chaqueta, el jersey, el pañuelo palestino, la camiseta, y en cueros abría la ventana. El viento golpeaba en mi abdomen, arriba y abajo por la respiración. Arriba. Abajo. Las gotitas y gotarrones, chocaban con mi torso desnudo. Había  puesto ya "Rocket man" de Elton John, y si en algun futuro fuese a dejar constancia de lo que ocurría  recomendaría hacer lo mismo mientras se leyese. Me encantaba la sensación del aire de la lluvia perforando mi nariz, mi pecho mojado... Pensaba en ti, y en tu melena, y en tus labios, y en tu piel, y en tus ojos, y en ti, y en tus labios otra vez. Aquella melodía, me evocaba.... gritos. Gritar: "And i think it´s gonna be a long long time..... Rocket man". Y mientras, mi pecho empapado. A veces pensaba lo fantástico que sería saltar desde aquel 11º piso. La libre caída  duradera y duradera. Evidentemente no su consecuencia, pero ese salto, y gritar, gritar y caer... Libre y al vacío  Y sentía que me ignorabas, no absolutamente, pero no sabia, tenía la sensación de que en ocasiones me evitabas. La lluvia caía, y caía. Rompía  La lluvia era algo tan precioso, tan bonito, tan simple a fin de cuentas. ¿Que había más simple que el agua? ¿Y que mas simple que todo lo que se suelta desde arriba cae para abajo? Y no obstante, me transmitía.... Y mientras tú paseabas por mi mente. Pensaba en ti, y en tu melena, y en tus labios, y en tu piel, y en tus ojos, y en ti, y en tus labios otra vez. Rocket man, far away of his home.....  Y mientras tú te paseabas por mi mente.

domingo, 28 de octubre de 2012

Querida Eloisa


Querida Eloisa :
Antes de leer mi carta, enciende el compact disc y pon "Us and Them" de Pink Floyd y una vez comience, continua leyendo.

A veces el dolor nos llena de un algo, puedes volverte adicto a cierto tipo de tristeza. A veces no tenerte, no poder hablar contigo, no poder verte los ojos... Me duele, pero me es inevitable recordarte. Desear tenerte, y cogerte de la mano, mirarte a los ojos, hablar contigo, hablar y hablar y hablar, y que tu me escuches, calles y sonrías  No puedo parar de desear verte temprano, y caminar. No puedo evitar cerrar los ojos e imaginarnos... No sé, ¿en un banco tal vez? ¿En una calle casi desierta. Una terminal de autobuses? No sé... No puedo parar de dolerme sabiendo que no te tengo, que no estas a mi lado, que no puedo observar tus ojos, ni rozar tus labios. Otras veces, te imagino iluminada por el reflejo de el cuello de una botella flotando en un lago al que llaman cielo; sentada sobre mi, y yo tumbado, sonriendo.... Y no te tengo, ni hablo contigo, ni te veo los ojos.
Llevo algunos días sin escribirte, tal vez porque... no sé. No sé por que. Pero deseo oir tu voz otra vez. Deseo caminar contigo, dados o no de la mano. Prométeme que volverás a mirarme a los ojos, y dedicarme un rato de soledad conmigo. A veces me duele ser frágil y sencillo, y después me acuerdo de ti, y me vuelvo fuerte como el roble. A veces, te quiero tanto... a pesar de tener la incerteza de que tu me quieras a mi, pero eso es algo que ha de pasar, y he de cambiarlo. A veces daría las sonrisas por ver la tuya, y besarla con la mia. A veces el dolor... A veces el dolor me huele a ti. A veces el dolor me llena de tu recuerdo.

Deseo volver a oirte, volver a verte sonreir pronto.

lunes, 22 de octubre de 2012

174 Northcote Road

Correr, correr, correr y correr..... Correr bajo aquellas enormes copas verdes era una sensación tan mágica. Sentía que me faltaba rostro para que cupiese mi verdadera sonrisa. Un riachuelo de unos 10 metros, 15 tal vez, dividía aquella hermosa y verde explanada, cubierta de césped verde y vivaz. A los bordes de este arroyito se hallaban unos bordillos de dos metro de ancho, de piedra lisa y pulida, donde intrépidos paseantes como ella y como yo, gustábamos de colgar nuestros pies descalzos y de vez en cuando romper la calma de alguna con la puntita de nuestro pies. Correr, correr y seguir corriendo.... La explanada alfombrada de hierba corría a más de 2 kilómetros de longitud y a sus bordes, a unos 50 metros de anchura, aproximadamente, hacían cola las espesas masas de arboles, sanos y fuertes, de una copa espesa. De una copa similar a la que se puede ver en los folios de los niños pequeños, formadas por un grupo de círculos, unos mas grandes, otros mas pequeños, pero todos parte de una única y hermosa copa. Una tras otra, tras los más de dos kilómetros de extensión. A lo largo del ratejo que allí pasamos no paré de preguntarme por qué motivo eramos las personas privadas del placer de entrar en ese maravilloso lugar, por qué razón solo los que estábamos dispuestos a cometer una ilegalidad gozábamos de estar ahí. A continuación, agradecía que fuese así, y encontrarme allí solo, acompañado por ella.  Vivir a la deriva, y pensar que todo marcha bien.  Dame la mano, y  a correr. Correr, correr, correr y correr.... y tropezar y revolcarme por el suelo , y revolcarme con ella, y reír, a carcajada limpia. Y tumbados en el suelo, con nuestras manos todavía entrelazadas, ver la verde copa que el árbol sobre nosotros cernía y de fondo un cielo gris y pálido que hacia brillar más fuerte el verde del césped que acariciaba mi nuca, que acariciaba sus pies, y el verde que cubría nuestros cuerpos. Sentí de pronto, una lágrima, en mi pecho, y otra, y otra más. Diminutas lagrimas del cielo que no cesaban de caer. Gotitas que parecen no caer, pero que empapan. Mi rostro mojado y su melena también. Y reir, y sonreír, y volver a sentir el rostro demasiado chico para abarcar semejante sonrisa, y semejante anchura en el pecho, y respirar profundamente y olerla a ella. Y mirarla, y apretar su mano...
Corre, correr, correr y correr... pero correr sentado. Tirado en una alfombra verde y bajo un techo gris, riendo frente a una melena empapada, frente a una respingada preciosa, a una finura que enloquece. Pararme, correr, contar hasta diez, y dejar de correr, dar la vuelta mirarla correr, contar hasta cinco y abrazar, bajo la lluvia. Y reír, reír, reír y reír.... Que todo marcha bien.

jueves, 18 de octubre de 2012

Política de reciprocidad

En estos tiempos que corren están teniendo lugar varios sucesos sin fecha ni repercusión clara y/o evidente, pero estos podrían agruparse en dos grupos:

Medidas y reformas gubernamentales

Protestas políticas ciudadanas

Y hemos de ser sinceros y condenar ambas acciones. Es evidente que las medidas y reformas gubernamentales están siendo nefastas y en escasas ocasiones benefician o velan por el bienestar de la ciudadanía. No obstante, no hemos de olvidar jamás que la política es una filosofía de reciprocidad y diálogo. Y con esto me remito a que las acciones que lleva acabo el gobierno tienen una respuesta por parte del pueblo, y las acciones que el pueblo lleva a cabo tienen una respuesta por parte del gobierno.

Las medidas y reformas gubernamentales están teniendo una índole de austeridad y no gasto, y las protestas políticas ciudadanas están teniendo carácter de manifestaciones poco fructíferas y sin resoluciones a proponer. A lo que con esto me refiero es que el gobierno lleva a cabo una reformas y unas medidas que, supongamos, no favorecen a la ciudadanía. La respuesta en estos días es salir a la calle y crear una manifestación sin ningún tipo de propuesta legislativa clara, es decir, simplemente acuden a las calles creando revuelo si ningún tipo de propuesta tangible, por ende, el único objetivo es una concienciación ciudadana. Lo cual no es un mal propósito  desde luego, pero esta respuesta a la acción del gobierno, crea otra respuesta por parte del gobierno otra vez, y esta consiste en restricciones de libertad, dado que en estas manifestaciones suelen ocurrir hechos conflictivos  permitiendo pasar leyes en contra de la libertad de la expresión de la ciudadanía.

Dado que vivimos en una democracia en la cual nuestra una elección libre de índole política y social, es el voto al partido que gobernará. Es por esto, por lo que, ciudadanos, os propongo una reforma social basada en la concienciación ciudadana  si necesidad de que el gobierno comprenda, sin necesidad de demostrarles, simplemente basado en la comunicación entre nosotros mismos, y más aun que la tecnología nos impulsa, para que en las urnas, de golpe, se les revele, y no tengan defensa posible. Porque si conocen nuestro día a día, sabrán como frenarlo poco a poco.

Por eso, ciudadanos ¡Concienciaos!

lunes, 15 de octubre de 2012

Ekor-bolin 12:50 Nº: 1997

12:48. Estación Ekor-bolin. 2 minutos para el arranque. 15 vagones. Rojo escarlata. Número 1997. Un aspecto precioso. Perecía que mi viaje iba a ser tranquilo. Apostaría que no muy largo, aunque tampoco breve. Posiblemente dentro hubiese alguna cafetería, en el 4º vagón posiblemente. Decidí sentarme en aquellos bancos de áspera piedra, esperando a que saliese alguien de la locomotora, posiblemente con una chistera por cubre-cabezas, y gritase: "¡Todos dentro!" Posiblemente prolongando esta ultima palabra.

         Cualquiera que pudiese leer mi mente habría afirmado, confirmado y asegurado que mi estado era nervioso. Y se equivocarían. Al conocer su error pensarían que se trata de un agente de la Gestapo, de la KGB o de la CIA. Pero volverían a errar. Soy S.P. Abinal, una persona rara. Soy un analítico por experiencia. Observador nato. ¿Curioso? ¿Chismoso? No lo creo, simplemente observador.


      Sonó a los dos minutos, conforme al horario, el grito de un hombre con chistera que salia de la locomotora gritando la frase que yo esperaba que dijese, alargando la ultima palabra. Tal como yo lo esperaba. Avancé los 3 metros que me separaban del vagón y entré en aquel tren con destino Risindel. El suelo de moqueta acababa de ser limpiado, y los asientos de cuero brillaban como gotas de roció. Entre cada dos asientos, puestos mirándose el uno al otro, había una pequeña mesa que los intercedía. Decidí sentarme en un asiento en dirección opuesta al sentido del tren, pero mirando la puerta por donde entran los pasajeros. Es una pequeña y peculiar afición mía. La mesa de madera que separaba mi ubicación y el asiento de cuero de enfrente estaba recién limpiada, pues todavía quedaban un par de rastros de agua que estaban en lenta y constante desaparición. Conforme entraban pasajero, mi mirada se levantaba hasta topar con el ala de mi sombrero para observarles y analizarles. Solo mi mirada se movía, ni mis cejas, ni mi cara, ni mi ceño, si quiera mis parpados se movían. Primero una familia bien, puesto que la madre vestía zapatitos de charol, vestido negro de seda y un sombrero de ala ancha, negro también; el hijo prendía unos náuticos y los calcetines hasta un palmo por encima de su tobillo, unos pantalones cortos de vaquero y una camisa de cuadros azules y blancos. El padre, un hombre de aproximadamente un metro noventa, vestía una americana gris, con unos pantalones del mismo tejido y color, unos zapatos italianos, ya que eran de punta cuadrada y podían verse los colores blanco verde y rojo en el herrete de cordón. El padre posaba su mano derecha sobre el hombro de su mujer y con la otra aguantaba un puro del cual desprendía las cenizas azotándolo con su indice adornado con una sortija dorada. Familia de bienes. A continuación entró al tren el rostro que durante infinitas semanas había estando ansiando ver. Su perfil... Era su perfil. El pelo rojizo le caía por el hombro derecho impidiendo ver sus ojos. Sonreía con una sonrisa que más bien parecía una risa sorda: Sus finos labios pintados de carmín separados pero ocultando la dentadura inferior y brillante la de arriba. Sus pómulos se alzaban y  su respingadita nariz asomaba de entre su rostro cubierto de melena. Su jersey de rayas azules y blancas cubría en diagonal hasta una de sus rodillas y una de las mangas se la había recogido hasta el codo. Sus vaqueros negros finalizaban en sus zapatillas negras también.  Giró, se detuvo, parpadeo. Cerro la boca y me miró con una mirada neutra. Una mirada neutra que tras su pincelada sonrisa parecía arder en rabia. Quería hacerme creer que estaba enojada, desconcertada, rabiosa. Esperaba que cambiase mi postura mostrando incomodidad o apartando mi mirada; Por favor,ni que no la conociera. Y volvió a sonreír. Avanzó uno, dos, tres pasos. Se puso frente a mi, en el asiento de cuero de enfrente, sin sentarse todavía. Apoyó sus manos sobre la estrecha mesita de madera ya seca, y acerco su rostro al mio. Yo seguía con los codos apoyados sobre la mesa, mis manos juntas y mi barbilla elevada y apoyada sobre estas. Podía sentir el calor que el cuerpo humano desprende dada la escasa distancia a la que había ubicado su rostro del mio. Estábamos frente a frente. Clavándonos el deseo, la mirada a través de mis traslucidas gafas. Nuestras narices parecían rozarse. Frente a frente. Nariz al tacto de nariz.... Labio con labio.

martes, 9 de octubre de 2012

Hasta siempre...

La antigua teoría filosófica del Tetrapharmakon presentaba a los antiguos griegos las 4 claves para ser feliz, y hoy me gustaría tratar una de esas, quizás la más dificil de todas ellas cuatro: No temer a la muerte. No temer a la muerte.... Es complejo, eh. Me atrevería a decir que hay quien muere, y digo muere y no es matado, temiendo a la muerte. Porqué claro... Es el fin. Es enfrentarse a algo desconocido que solo tiene dos salidas: haber algo luego, o no haberlo. Es todo a una. Todo o nada. Alfa u Omega. Principio o fin. No obstante, mi objetivo no es amargar el rato del lector, si no más bien hablar de alguien del que mucho se puede discutir, estar a favor o en contra, pero sin embargo algo que debe reconocersele es, el poco temor a la muerte que tenía. Cada vez que lo pienso, me fascina. Como alguien a quien mataron, no murio, lo mataron, tiene tan poco temor que instantes antes de ser asesinado pronunciase: "¡Póngase sereno, y apunte bien! ¡Usted va a matar a un hombre!"  Hoy hace 45 años que pronunció estas palabras. Hay quien le considera un asesino, hay quienes le consideramos un heroe. La historia lo considera un revolucionario y un lberador, él decía que "no existen los liberadores, es la gente la que se libera a si misma" Muchas de sus acciones, ideas, decisiones pueden cuestionarse, pero no temer, mirar a la cara a la muerte y decirle, estos son mis sueños, los deseo y si nadie ha podido resistirte jamás, no voy a ser yo quien sea inhumano, pero si solo eres tu la que va a evitar mis sueños, solo serás tu, tu y nada más. Eso es digno de admirar... Posiblemente algun lector no sepa todavía a quien me refiero. ¿Su nombre? ¿Su apellido? Son fusil contra fusil.


http://www.youtube.com/watch?v=KvsY-WdJDlQ

El silencio del monte va
preparando un adiós.
La palabra que se dirá
in memoriam será
la explosión.

Se perdió el hombre de este siglo allí,
su nombre y su apellido son
Fusil contra fusil.

Se quebró la cáscara del viento al sur,
y sobre la primera cruz
despierta la verdad.

Todo el mundo tercero va
a enterrar su dolor.
Con granizo de plomo hará
su agujero de honor,
su canción.

Dejarán el cuerpo de la vida allí,
su nombre y su apellido son
Fusil contra fusil.

Cantarán su luto de hombre y de animal
y en vez de lágrimas echar
con plomo llorarán.

Alzarán al hombre de la tumba al sol
y el nombre se repartirán:
Fusil contra fusil.

lunes, 8 de octubre de 2012

Die Theater

Era impresionante. Todo el mundo iba al teatro, se sentaba, comenzaba a susurrar, caía el oscuro, comenzaba la obra, y sus rostros no cambiaban durante la hora y media, a veces dos horas. Cualquier persona pensaría que se trataba del más malo escritor, director, guionista, pero ninguno de estos cualesquiera se pararía a pensar que cuando algo no nos gusta, no mantenemos el mismo aspecto, mostramos desapruebo, enfado, asco, aburrimiento... Pero él no. Él conseguí que durante dos horas los músculos de la cara de doscientas personas, en ocasiones trescientas, se paralizasen al completo. SI ya por si solo esto era digno de admirar, si no fuese porque todo espectador de mi maestro fuese testigo, no me creeríais  pero una vez terminada la obra, se encendían los focos y nadie hablaba. No obstante si que se levantaba un leve murmullo, leve, muy leve. Era como si en la sala se abriese de repente una ventana que lejanamente diese al mar, y se escuchase la mar de fondo... muy levemente. Pero no era hasta salir del edificio, del edificio del teatro cuando empezaba el verdadero misterio. Yo solía quedarme al lado de Max cuando finalizaban sus obras, nos sentábamos los dos en la boca del escenario con las piernas colgando y escuchábamos  ¡Era fascinante! Una vez no quedaba nadie en el teatro comenzaban a estallar, a quebrarse y a golpear las risas. Profundas carcajadas, golpes de aire. Los tonos más graves y los gritos más agudo podíamos escuchar. El apoyado sobre sus nudillos fruncía el ceño, cerraba los ojos y sonreía. ¡A mi me era inevitable reírme  No eran risas como las que se oían fuera, evidentemente, pero... No sé, era un risa. Sospecharía de la gran facultad de los actores. Seguro que era eso. No podía ser otra cosa, si no fuese porque hasta las menos leídas gacetas sabían que Max jamás contrataba dos veces al mismo actor. Me encantaba sentarme en el sofá de Max cuando el se disponía a escribir, y después me ofrecía una placentera lectura, y cuando de su boca salían sus cómicas y, en ocasiones, ácidas ocurrencias, yo reía. Y me preguntaba el por qué de aquello. Por qué yo me reía al escucharlas y dejaba de reír cuando cesaba. Por qué cuando estaba en el teatro y veía representadas de forma impresionante sus magníficos textos, mi cara no se movía, y cuando mis oídos dejaban de oírlo  comenzaba mi hilarante risa. Era sorprendente. No había otra palabra. Era... mágico. Recuerdo bien la vez en la que más a flor de piel tuve aquella sensación. Max estaba sentado sobre su silla frente a la mesa del salón, como era costumbre las tarde de los martes que llovía. Max dejó caer la estilográfica sobre la madera de la mesa, y me miró, como era costumbre, invitándome a  oír su lectura. Fue curioso, cualquier persona que hubiese leído ese texto habría pensado dos cosas. La primera que era extraño que Max hubiese escrito algo similar a una tragedia. Lo segundo que habría pensado era que yo me hallaba en estado febril. El texto indudablemente era una tragedia, pero mis carcajadas no podían parar de oírse  No me habría extrañado que Max me hubiese mirado y me hubiese callado, pero él me miró con una sonrisa dibujada en su rostro. El día del estreno, escasas semanas después de haberlo escrito, como era costumbre nos sentamos los dos en la boca del escenario al haber abandonado el público al completo el teatro, esperando oir la reacción. Pasó un minuto... dos... cuatro. Comencé a llorar. No se debía a la nula reacción del público. Era... como las obras anteriores. Mi respiración aceleraba, y se iba haciendo de plomo. Max seguía apoyado sobre sus nudillos. Mis rodillas brillaban de las lágrimas que sobre ellas había echado. El teatro permanecía en silencio. Se escuchaba ocasionadamente el frenar y el acelerar de los vehículos por las calles de al rededor  Seguía dejando caer las lagrimas por mi mejilla... Si hubiese tenido que juzgar por el ruido, habría puesto la mano sobre mi pecho apostando por que nadie había pasado por aquel teatro en muchas horas. No obstante todos se encontraban allí fuera. No se oía un murmullo, pero se notaba una presencia. Una, y otra, y otra lágrima más que caía. Miraba a Max entre lágrimas preguntándome que habia hecho con aquella hilarante "tragedia". Max me miró a mi esta vez. Jamás había visto entre lágrimas una sonrisa tan amplia. Jamás había visto a Max sonreír de esa manera. Giró su cabeza, que todavía permanecía apoyada sobre sus nudillos, y me miró. Puso su mano sobre mi hombro y con la otra quitó de una el agua que habia sobre mi rodilla izquierda. Era... mágico.

domingo, 7 de octubre de 2012

Nadie dijo nada. El se calló. Sabia que era mas fuerte que su compañero. Entonces el, el que estaba sentado al otro lado de la mesa frunció el ceño y con una sonrisa dijo:
- Sabes que soy mas fuerte que tu. Que siempre intentas humillarme, intentar que me caiga, que me frene, que tropiece... Pero no, yo soy mas listo que tu- Volvió a sonreir , con una sonrisa como la que ilustran los rebeldes minutos antes de que su rebelión estalle.- Y mas fuerte , y lo sabes, siempre lo fui, yo no fui un falso como tu. Tu siempre engañando a la gente. Tu siempre diciendoles que lo dejen en tus manos que tu eres benevolente, que tu puedes arreglarlo todo. Eres un desdichado. Un embustero. Un rufián. Un desgraciado. Un traidor. Un sin vergüenza. Un bastardo.- Entonces fue cuando Tempo se levantó puso sus puños en el medio de la mesa , situó su cara a escasas unidades de el rostro de Sensum y abrió la boca del mismo modo que el bravo mar destroza el acantilado. Sensum cambió su sonrisa por unos ojos cerrados con la misma fuerza y rapidez con la que la bomba de la revolución estalla.
-.....haha...jajaja....JAJAJAJAJA!! Ves... eso es lo que te pasa- Frunció el ceño, le miro con desprecio. Cual maestro que desprecia al pupilo. - Siempre te echas atrás. Siempre que yo te presiono un poco para hacerte mas fuerte, tu tienes miedo y te escondes, como acabas de hacer. ¿Por que tienes las manos entre las piernas?¿Tienes frío?- Se burlaba- Sabes que lo que decidas poco va a importarme. Soy Don Tempo, tu maestro.Me pertences. Soy tu maestro. Tu dueño y tu amo.
Entonces Sensum tomo aire, y en 7 tiempos expulso por su nariz, no solo el aire que había en sus pulmones,si no la ira, el odio y la rabia. Sin levantar la vista murmuró - Tu solo controlas lo que vaya a hacer. No lees mi pensamiento, no sabes mi estado actual, mi hoy, mi regalo por el que le llamo presente. Crees ser ayer y  hoy. Pero solo eres el mañana. Tal vez sea inevitable que me cambies mañana pero me quedan como poco, hoy, mi regalo , mi presente. Y jamás he de olvidar, que mi pasado fue mi presente. Que siempre queda, Me queda mi presente- Sensum se lo repitió para si mismo: "Me queda el presente." Cogió el taburete, lo movió para atras se levantó y con una gesto de prepotencia, bajo un rostro humilde, se encapuchó,desafió con la mirada a Tempo y en media vuelta se marcho.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Vigía

Se paraba de pie en lo más alto del acantilado. Firme. Erguido. Rígido. Observaba marchar aquella vela esbelta y preciosa que empujaba la nave por lo largo del mar, aquella nave que hace 2 días había partido de una larga empresa, y exitosa. Los trpulantes de aquel navío habían sido firmes ayudantes, permanente apoyo y ayuda para ellos. Y para el. Hace dos días estaba aquella figura merodeando por lo alto del acantilado. Habíase prometido a si mismo velar por ellos, como ellos habian velado por el. El fuego de la minúscula hoguera chisporroteaba y las chispas volaban por lo alto del acantilado y era agradable ver como se apagaban mientras caian por el vacio del acantilado cayendo ya apagadas al mar, posandose algunas sobre las toscas piedras. Su fardo permanecia arrollado y sostenido por la cuerda de pita tensa que la abrazaba. Ese fardo lo habia empleado su difunto abuelo durante frías noches de invierno, y lo había hecho de piel de bestia, tras una triunfante noche de vela y caza. El crepúsculo iba tiñiendose de sombras pero permanecía, todavía, en el horizonte la grande presencia de aquella vela de aquel navio de aquellos compañeros que habian pisado recientemente el acantilado sobre el que permanecia de pie. Todavía no habian desparecido las nubes de la tempestad que hace escasos amaneceres habia atormentado los valles de la zona. El paisaje era hermoso. No había otra palabra. Hermoso. A lo lejos, una vez finalizado el crepúsculo, todavia podía verse el navió y su preciosa vela marcharse a lo lejos, iluminado por los fogones y lamparas que de el colgaban. El barco prometia no desparecer hasta dentro de 4 o 6 amaneceres, pero hasta que no fuese el viento, el tiempo y las circunstancias naturales que, el que ahora ejercía el papel de vigía, no podía cambiar, lo que impidiesen velar por su seguridad, la figura que se erguía sobre lo alto del acantilado, seguría manteniendose firme y en pie para asegurar la felicidad, y el bienestar de los que recientemente habian sido fuente de sonrisas, lágriamas y noches de reflexión, charla y salud.

lunes, 1 de octubre de 2012

In mortem sibi conscivit memoriam

Querido:

Probablemente no sepas quien soy. No importa. Probablemente haya ruido en la calle ahora mismo, ambulancias tal vez, gritos de ayuda, algún grito agudo... No importan. No te preocupes por mi. No importo. Preocúpate por lo que quiero decirte.                                    Verás, yo era un hombre de bien. Vivía sin lujo, vivía  Sobrevivía  No importa. Acostumbrado a sobrevivir, a subsistir, pasaba mis días, entregado a las palomas, a los merodeadores de esta creciente ciudad, la entregaba a las sonrisa joviales... como suponía que hacia todo el mundo. Dicen que conforme uno se va haciendo más mayor se va arrugando más por fuera y por dentro y todo toma un sabor más agrio. Más real. Más amargo. Tal vez me llames cobarde, y me avergüenzo  pero ya es demasiado tarde... Considero que mis sonrisas a las palomas entregadas, comienzan a convertirse en penas, en murmullos somnolientos a la neblina. Creo que empiezo a decaer. Comenzó mi decadencia. Y no quiero caer... quiero volar, aunque no tengo alas. No quiero caer, y menos chocar. Todos hemos de chocar, es nuestro fin, chocar. Unos con una sonrisa, otros con una mirada amarga, y yo que en decadencia estoy.. prefiero no saber como. Llámame cobarde, lo soy. Por eso quiero decirte una cosa. Sé que no sabes quien soy. Y sé que a pesar de eso, haré bien en contártelo  Pero la vida que ahora gozas, y de la que me despido, no tiene debilidades. No tiene piedad. No tiene miedo... no tiene el miedo que tuve, y el miedo que te vendrá a ti. La vida va con todo. Mira tu reloj. Mira los segundos que se te han escapado. La vida te ha dado tu gozo al contado. No hay más. Ella va con todo, demuéstrale que tu puedes más. Demuéstrale que ya lo sabes, no seas cobarde como yo, no quieras no darte cuenta, no quieras acabar como yo, acabar contigo mismo... Quiere tus sueños, pues nadie va darte más vida, solo tu vas a disfrutar la tuya. Descubrelo, antes de llegar a tu cima y decaer como empecé a hacer yo, haz que ese climax sea el fin y no solo un punto en el medio...                                Mira a tu alrededor. ¿Arranca la ambulancia? ¿Ya me alejo? No fue un accidente, no fue nadie. Ni fue la vida. Fui yo y mi miedo. Fui yo y mi miedo por chocar. No tengas miedo. Que cuando tengas que chocar este protegiéndote el colchón de tus sueños cumplidos.      

                                         La poca valentía que he tenido en mi breve vida, es porque falta una porción que hoy decido poner en ti. 

Que los muertos no escuchamos, es solo un mito. Al igual que el que los muertos no hablamos, y hoy a escasos minutos de mi fin, he dialogado contigo. Si has reflexionado algo, estaré encantado de escucharte, solo piensa en mi.



J. Ernesto Cheallennon