martes, 17 de septiembre de 2013

Katherine

Y aunque sé que la primera vez que encuentres uno no me lo dirás, te lo guardarás para ti, te sentarás al borde de tu mullida cama a leerlo y a releerlo en busca de cualquier cosa que creas que pueda no ser de mi aprobación, sabiendo que en realidad no existe, porque no hay nada que yo haya de aprobar. Y en caso de que me lo digas, me lo dirás tímida, mirando al cielo y sonriendo. Por supuesto no lo llevarás encima si decides revelarme que lo encontraste, y no será hasta que yo te insista mucho cuando me lo des. Y en realidad, aunque te diría que sí, no me termina de importar. No mientras lo leas, y lo releas, y no en busca de mi aprobación si no en busca del pensamiento que un día dejaste plasmado en ese fino y quizás arrugado pedazo de papel. Ese pensamiento que un día vio la necesidad de salir por tu suave mano apoyado en un lápiz o en una estilográfica. Y en realidad no me importa, porque sé que tarde o temprano, cuando hayas exprimido ese pensamiento, con el que quizás hoy no no estés de acuerdo o tal vez sí, y veas que eso fuiste tú. Y entonces oiré brotar de tus labios esas palabras mientras tus pupilas se deleitan con tu escritura y mis oídos se deleitan con tu voz y tus palabras, con tu pensamiento.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Barquito de papel

Imagino que a veces no está de más plantearse lo contrario. Que... tal vez no sea duda e inseguridad, si no necesidad de confirmar si los cabos que amarran las velas  de este barquito pesquero están tan fuertes como han de estar, que no viene mal revisar las sogas que al mástil se aprietan, quizás para comprobar o quizás para entender y recordar por qué las amarramos. Y en ocasiones encontramos un canalla polizón que se coló en la barca para sin palabras apoyar la mano en el hombro y tensar las sogas sin tocarlas. Imagino que revisar por qué este barco se empuja con la brisa nos hace tener presentes que fuimos nosotros los que zarpamos y no el viento quien de la tierra nos arrebató.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Cuaderno demorado

Y entre cada letra que pronuncié, escribí idéntica cantidad, a pesar de que tu corta y profunda vista no la alcanzase a leer. Entre cada sueño que soñé, hubo un temblor de despertar y en cada tiritar del frío que por la rendija de mi ventana se escabullía  aparecía un jilguero susurrando un cante en el alma de mi oreja.  Entre cada tacto y cada apretar, se resquebrajaba mi aliento en un suspiro y un jadeo que por la catarata de un cuello cosquilleaba. Entre cada aleteo de un vuelo hay un giro de cabeza que atestigua cada instante en el que el sol cae y la luna se alza, las nubes oscurecen y brillan las estrellas. Entre cada colmillo desgarrador, entre cada helada cúspide fluye un tibio tinto arroyo que ahoga el alma en un sollozo sordo. No ha de haber una ausencia si jamás hubo presencia. Donde no hubo calor, no ha de sentirse el hálito que congela. Si hubo un papiro para ser escrito, no podrá permanecer intacto. Quizás no solo sepa la mano tocar y el ojo ver. Quizás el que ansíe más allá, deba enseñar al olfato a saborear y al gusto, escuchar.