miércoles, 27 de febrero de 2013
Aún sucios sus consejos
¿Y era acaso aquello?¿era ese el sabor a orgullo y ambición herida? ¿Era eso?.... Un flequillo a medio tapar, frente al ojo izquierdo. Frente a dos pupilas ancladas a un manantial de lagrimas y de angustias. Dos blancas esferas sobre dos muecas de rabia y pena. Sobre lo que solía ser una enorme y alegre sonrisa. Dos pupilas que se clavaban en una tabla de madera, en un altar, en un estante. Un altar y un baúl. En el ala izquierda, sobre la tabla de clara madera y también sobre el pedazo de metal que la sostenía firme, dormían unos papeles amarillos, sin escritura alguna. Con una mancha cafeinada en el medio de una de ellas, una mancha quemada. Entre esta, dormían algunos quebrados fósforos. Retortijones de madera que divertíanse... no, no había diversión alguna. 6 pequeños palos de madera que hacían arder cada segundo vestidos de chamusquina y madera virgen, disfrazados de moribundos y esbeltos, de usados y sin usar. Que hacían gala de sus prendas frente a su caja, a su hogar, a su cruel y maldito, a su represivo hogar. Y en el medio de la tabla dos velas, un cilindro y un monte, monte naranja de mis penas que para a abrasar al lado de su cruz, frente al cilindro. El pequeño cilindro ardía tenuemente y el monte... oh, el monte. El monte ardía vivaz, no dejaba sin combustir un suspiro, no había designio de libertad que el monte no osase reducir a gemidos, gemidos de angustia y opresión .. corridos del cilindro reposaban 4 pedacitos de papel, 4 nombres escritos a puño, apretados hasta calcar en la madera los surcos de cada giro de cada unas de las curvas de todas y cada una de las palabras de aquellos 4 perfectos nombres. 4 nombres que hacían barrera a un cartel de aviso, de duda y de pregunta. Un cartel que rezaba el cambio de un papel secundario en una guerra por la voz cantante en una jaula... Un cartel que ocultaba un negro puño de piedra, un puño ceñido y apretado, un puño de piedra con ganas de rabiar, un puño... Un puño como las pupilas que las ondeantes llamas del monte y el cilindro torturaban. Un puño y unas pupilas como el dueño de ellas... harto de ganas de sangrar... harto de ganas de reventar, explotar, hacer añicos las estrellas, reprimir al mundo a base de libertad. Hacer al mundo dogmáticos de la verdad. A abrir los ojos con las manos, a levantar con sangre y sudor los parpados de los pesados ojos de aquellos que dormían y mas aun de aquellos que habían sido dormidos. Pero sobretodo con sangre, con rabia, con odio si cabe, con orgullo herido, con lágrimas y dolor. No con deseo de causarlas, con la ira de haber sido anfitrión de ellas... Con puño en alto, puño ceñido y rostro de luto. ¿Era ese el sabor de la libertad? Era ese... pues no conozco mayor sonrisa, no conozco mayor estallido de carcajada que la que resuena en las paredes del oprimido. No conozco mayor libertad que la haya por el asesinado en su hogar, no conozco una mayor que quien ha sido sepultado bajo su amor... no conozco mayor libertad que la de quien ha sufrido la sangre, el odio, la pena, la rabia,la ira, quien ha sufrido las lagrimas y la amargura. No conozco mayor libertad que la de quien ha sido matado en vida, privado de la alegría y conseguido haber hecho lucir una sonrisa a quien ha sido miserable, habérsela hecho lucir a costa de la suya.
miércoles, 20 de febrero de 2013
Bestias del inframundo...
¡Oh, pobre de mi!¡Maldita sea mi alma e ingrata mi osadía! ¿Cómo atento yo ante la confusión? ¿Cómo oso, oh, Afrodita, mezclar en tus designios las tareas de Atenea y Eros? ¡Oh, Atenea! Maldita mi obsesión y mísera mi rabia, pues tú has encomendado en mi la huelga de sabiduría y claridad. Y yo, Eros, acaso no merezco ya tus respetos, ¿tus presentes y placer? Maldita vida esta, la que me priva, me colapsa, oh dioses, los regalos de vuestra misericordia. ¡Magnífica misericordia la de la sabia Atenea! ¡Oh, hermosa Afrodita, cuan generosa es tu deidad!Y cuan perfectos e intensos los orgasmos que tú, oh, noble Eros, pugnas en los hombres que la faz de esta tierra habitan. ¡Que honrados sois, dioses, con los mortales! Y ¿por qué?, ¡Oh!, ¿Por qué a mi? ¿Con que fin enterráis mi vida en un sueño, en una ilusión? Pobre de mi que no se mirar con otros ojos esta tristeza y amargura. ¿Con que propuesta me aterráis adormeciéndome en un descanso terrible y aterrador, incluso ante los ojos del humilde Morfeo? ¿¡Cómo os he faltado, oh Zeus, padre del Olimpo, dador de vida y velador de la tierra!? ¿Cual es mi enorme deuda ante el Olimpo? ¿A que se debe, este, tu abandono?¿Por qué me lanzas, oh, divino, a este averno? ¿Es que acaso ya no he de contar, si quiera, con vuestra piedad? ¿De esta forma me abandonáis? Malditos... Caigan infortunios sobre vosotros, deidades, por haber expulsado de este jardín a un simple y honrado mortal. Malditos, dioses, que mi interior revolvéis en cenizas... ¡Desgracia, oh, dioses, que mi mano habéis soltado! Putrefacta vuestra honra y moribundo vuestro poco honor... Incapaces sois, ya veo, de otorgar a quien os es leal, a un pobre mortal las flechas doradas. ¿Con que derecho me priváis de los deseos de Afrodita y los vicios que Eros hace emerger en mi? Sabed que hoy, oh, hoy, malditos... Sabed que hoy habéis perdido un fiel y un aliado. Sabed que un enemigo se une al frente de las divisiones de batalla... Oh, Atenea, incluso tú te dignas a abandonarme... tú, sabia y esbelta diosa, decides privarme de razón. Hazte cargo, pues, de mi locura, y reduces entre las llamas mi cordura. Oh, Atenea... ya ni la vida del sueño, ni las quimeras de las empresas de Afrodita soy capaz de distinguir... ¡Oh, Atenea! cuídame en este vil desfallecimiento.
domingo, 17 de febrero de 2013
Discurso acerca del Hundimiento del corriente y Derecho de desobediencia
Hoy, quizás a decepción de varios, vuelvo a escribir un "ensayo" político, más bien social. He aquí su comienzo:
Ha sido observable el hecho de que últimamente han abundado en la capital varias manifestaciones, sobre todo las de carácter público, es decir, todos aquellos sectores públicos que se han visto afectados por la alternativa tomada por el gobierno de reducir el gasto público en vez de crear nuevos planes que conlleven al crecimiento económico, principalmente: la educación, la sanidad y el transporte.
1. Ley del permanencia o hundimiento del corriente:
Existe una certeza como es la del gasto de importancia y exaltación cuando los actos se repiten y se vuelven cotidianidad. Cuando un hecho extraordinario se vuelve común, ordinario, forma parte de una rutina, y cuando ente este hecho extraordinario se le encuentra una respuesta favorable o al menos neutralizadora, es cuando no solo deja de ser extraordinario, si no que además, deja de ser un problema, algo a cerca de lo que reflexionar y plantear soluciones. Esta perdida de valor de los hechos extraordinarios es fuertemente progresiva, esto es, la perdida de valor de este acto, siempre que sea realizado de forma prácticamente idéntica a la vez anterior, será mucho más grave la sexta vez con respecto a la quinta, que la tercera con respecto a la segunda, llegando así a un punto en el que estos hechos pierdan absolutamente todo su valor volviéndose en una rutina que causa indiferencia. Esta ley de permanencia o hundimiento del corriente es, bajo todos los puntos de vista, aplicable a las manifestaciones que toman lugar en la capital de la nación. Excepto la manifestación minera, realizada el curso pasado, ninguna otra manifestación ha obtenido una respuesta clara en beneficio de quienes se manifestaban. Esto se debe a la ley de permanencia o hundimiento del corriente. Las manifestaciones, a pesar de haber variado de lugar, de oyente, de sectores, de manifestantes y de cambios a pedir, siempre han seguido una misma linea que no ha sido satisfactoria, ya que, no solo se ha vuelto rutina, si no que por encima de ello, han sabido ser respondida por el gobierno, tristemente, a base de golpes que callan. Es por eso que necesario un método innovador de manifestación, un método que sea extraordinario y que evite caer en la rutina, en lo monótono y lo indiferente, un método que quizás sea: responder a su respuesta; o cambiar de base. Prevenir esos golpes que callan a base de manifestaciones preparadas para la defensa, nunca para la ofensa, pues el fin de estas manifestaciones ha sido siempre un progreso social, un fin bastante incompatible con la violencia. Hacer un cambio de base, erradicar las manifestaciones y buscar otros puntos de petición más fuertes, aunque tal vez menos visibles, como cartas al congreso o peticiones populares firmadas por el pueblo y su ciudadanía.
2.Derecho de desobediencia y efectividad:
Con el fin último de beneficiar a los habitantes y satisfacer sus necesidades, atender a sus problemas y crear una situación de bienestar, se consiente el derecho de desobediencia y efectividad. Aclaración ejemplificada: irrefutable es que ciertos sectores como son la sanidad, el transporte y la educación, están sufriendo reducciones de efectividad. Pero también es cierto que esta efectividad puede recuperarse ya que la cantidad no es proporcional a la calidad, aunque si que colabore, pero la calidad es independiente, por ejemplo: el transporte subterráneo de la capital ha sufrido un aumento en las esperas, ergo, una perdida de velocidad de transporte, una medida tomada por el Consorcio de Transportes, dirigida por el gobierno español. No obstante quienes conducen los vagones del Metro de Madrid son ciudadanos. Con el fin último de aventajar a los ciudadanos, estos conductores tienen el derecho de desobedecer a las ordenes superiores y aumentar la velocidad, de modo razonable, del transporte con el fin de aumentar la efectividad de su trabajo, en vez de acomodarse en el mínimo y la obediencia. Otro ejemplo podría ser el engordar de las listas de espera de los centros de sanidad de la capital. Es cierto que un médico tiene ciertas horas a cubrir en el hospital, pero es también cierto que nadie debe negar el derecho a permanecer en el centro durante más tiempo con la finalidad de hacer uso de su sabiduría y aplicación para curar a pacientes, ciudadanos que necesitan de su ayuda. Probablemente la gran mayoría encontrará a este derecho de efectividad y desobediencia el planteamiento de la no-remuneración, el trabajo que no es recompensado. Más allá de la recompensa humana de saber que uno es útil para ayudar a una persona que necesita de nosotros, esta desobediencia que persigue como último fin el beneficio ciudadano no es remunerado inmediatamente, pero si que permite a los ciudadano, y a los que han ejercido este derecho de desobediencia y efectividad, cambios en remuneración del trabajo voluntariamente aceptado, un cambio que, siempre y cuando se haya empleado este derecho para su fin establecido, será ampliamente apoyado por todos aquellos ciudadanos que se hayan visto ayudados y tratados gracias a la desobediencia y eficacia, gracias al no derrochar sabiduría y conocimiento. Ante el planteamiento, y el intento de hundir este derecho, de las personas que creen que este derecho atenta contra los puestos de trabajo, que facilita el despido y el desempleo, planteo el olvido de estas personas de recordar que este derecho es implantado con el fin de beneficiar al máximo, y de la mejor forma posible, número de ciudadanos. Supongamos que esta situación ocurre: masivamente son despedidos todos aquellos trabajadores que han empleado su derecho de desobediencia con el fin de aumentar la eficacia de sus trabajos. Ante este hecho obtendríamos una conclusión de índole preocupante:
Estamos siendo dirigidos y ordenados por aquellos que no comparten este interés por el máximo aprovechamiento de la inteligencia, el conocimiento y la efectividad. Obtendríamos la certeza de que no se desea, no por lo menos quienes toman el poder, el beneficio de la gente, no se desea que el pueblo aspire al máximo por el que puede aspirar. Que cree en la eficacia, no apuesta por la inteligencia y la efectividad. Obtendremos las conclusión de que no importan ni la eficacia ni el tratamiento de las necesidades de la gente, colectivo del cual formamos todos y cada uno de los seres humanos.
Es justo por esta causa por la que el derecho de desobediencia y efectividad ha de ser puesta en marcha, siempre con el fin último de ofrecer el máximo beneficio a los ciudadanos por parte de los trabajadores, de aquellos que poseen conocimiento y experiencia para tratar las necesidades.
Ha sido observable el hecho de que últimamente han abundado en la capital varias manifestaciones, sobre todo las de carácter público, es decir, todos aquellos sectores públicos que se han visto afectados por la alternativa tomada por el gobierno de reducir el gasto público en vez de crear nuevos planes que conlleven al crecimiento económico, principalmente: la educación, la sanidad y el transporte.
1. Ley del permanencia o hundimiento del corriente:
Existe una certeza como es la del gasto de importancia y exaltación cuando los actos se repiten y se vuelven cotidianidad. Cuando un hecho extraordinario se vuelve común, ordinario, forma parte de una rutina, y cuando ente este hecho extraordinario se le encuentra una respuesta favorable o al menos neutralizadora, es cuando no solo deja de ser extraordinario, si no que además, deja de ser un problema, algo a cerca de lo que reflexionar y plantear soluciones. Esta perdida de valor de los hechos extraordinarios es fuertemente progresiva, esto es, la perdida de valor de este acto, siempre que sea realizado de forma prácticamente idéntica a la vez anterior, será mucho más grave la sexta vez con respecto a la quinta, que la tercera con respecto a la segunda, llegando así a un punto en el que estos hechos pierdan absolutamente todo su valor volviéndose en una rutina que causa indiferencia. Esta ley de permanencia o hundimiento del corriente es, bajo todos los puntos de vista, aplicable a las manifestaciones que toman lugar en la capital de la nación. Excepto la manifestación minera, realizada el curso pasado, ninguna otra manifestación ha obtenido una respuesta clara en beneficio de quienes se manifestaban. Esto se debe a la ley de permanencia o hundimiento del corriente. Las manifestaciones, a pesar de haber variado de lugar, de oyente, de sectores, de manifestantes y de cambios a pedir, siempre han seguido una misma linea que no ha sido satisfactoria, ya que, no solo se ha vuelto rutina, si no que por encima de ello, han sabido ser respondida por el gobierno, tristemente, a base de golpes que callan. Es por eso que necesario un método innovador de manifestación, un método que sea extraordinario y que evite caer en la rutina, en lo monótono y lo indiferente, un método que quizás sea: responder a su respuesta; o cambiar de base. Prevenir esos golpes que callan a base de manifestaciones preparadas para la defensa, nunca para la ofensa, pues el fin de estas manifestaciones ha sido siempre un progreso social, un fin bastante incompatible con la violencia. Hacer un cambio de base, erradicar las manifestaciones y buscar otros puntos de petición más fuertes, aunque tal vez menos visibles, como cartas al congreso o peticiones populares firmadas por el pueblo y su ciudadanía.
2.Derecho de desobediencia y efectividad:
Con el fin último de beneficiar a los habitantes y satisfacer sus necesidades, atender a sus problemas y crear una situación de bienestar, se consiente el derecho de desobediencia y efectividad. Aclaración ejemplificada: irrefutable es que ciertos sectores como son la sanidad, el transporte y la educación, están sufriendo reducciones de efectividad. Pero también es cierto que esta efectividad puede recuperarse ya que la cantidad no es proporcional a la calidad, aunque si que colabore, pero la calidad es independiente, por ejemplo: el transporte subterráneo de la capital ha sufrido un aumento en las esperas, ergo, una perdida de velocidad de transporte, una medida tomada por el Consorcio de Transportes, dirigida por el gobierno español. No obstante quienes conducen los vagones del Metro de Madrid son ciudadanos. Con el fin último de aventajar a los ciudadanos, estos conductores tienen el derecho de desobedecer a las ordenes superiores y aumentar la velocidad, de modo razonable, del transporte con el fin de aumentar la efectividad de su trabajo, en vez de acomodarse en el mínimo y la obediencia. Otro ejemplo podría ser el engordar de las listas de espera de los centros de sanidad de la capital. Es cierto que un médico tiene ciertas horas a cubrir en el hospital, pero es también cierto que nadie debe negar el derecho a permanecer en el centro durante más tiempo con la finalidad de hacer uso de su sabiduría y aplicación para curar a pacientes, ciudadanos que necesitan de su ayuda. Probablemente la gran mayoría encontrará a este derecho de efectividad y desobediencia el planteamiento de la no-remuneración, el trabajo que no es recompensado. Más allá de la recompensa humana de saber que uno es útil para ayudar a una persona que necesita de nosotros, esta desobediencia que persigue como último fin el beneficio ciudadano no es remunerado inmediatamente, pero si que permite a los ciudadano, y a los que han ejercido este derecho de desobediencia y efectividad, cambios en remuneración del trabajo voluntariamente aceptado, un cambio que, siempre y cuando se haya empleado este derecho para su fin establecido, será ampliamente apoyado por todos aquellos ciudadanos que se hayan visto ayudados y tratados gracias a la desobediencia y eficacia, gracias al no derrochar sabiduría y conocimiento. Ante el planteamiento, y el intento de hundir este derecho, de las personas que creen que este derecho atenta contra los puestos de trabajo, que facilita el despido y el desempleo, planteo el olvido de estas personas de recordar que este derecho es implantado con el fin de beneficiar al máximo, y de la mejor forma posible, número de ciudadanos. Supongamos que esta situación ocurre: masivamente son despedidos todos aquellos trabajadores que han empleado su derecho de desobediencia con el fin de aumentar la eficacia de sus trabajos. Ante este hecho obtendríamos una conclusión de índole preocupante:
Estamos siendo dirigidos y ordenados por aquellos que no comparten este interés por el máximo aprovechamiento de la inteligencia, el conocimiento y la efectividad. Obtendríamos la certeza de que no se desea, no por lo menos quienes toman el poder, el beneficio de la gente, no se desea que el pueblo aspire al máximo por el que puede aspirar. Que cree en la eficacia, no apuesta por la inteligencia y la efectividad. Obtendremos las conclusión de que no importan ni la eficacia ni el tratamiento de las necesidades de la gente, colectivo del cual formamos todos y cada uno de los seres humanos.
Es justo por esta causa por la que el derecho de desobediencia y efectividad ha de ser puesta en marcha, siempre con el fin último de ofrecer el máximo beneficio a los ciudadanos por parte de los trabajadores, de aquellos que poseen conocimiento y experiencia para tratar las necesidades.
sábado, 16 de febrero de 2013
No un coloso
A menudo había leído en libros y revistas que es con el adjetivo increíble de la negación de creer, no creíble con el que se describían a héroes y a colosos. A bestias sanguinarias y a hombres moldados por los dioses y dotados de una astucia suprema. Además había escuchado este adjetivo cualificar la capacidad de ciertos autores de transmitir tanta profundidad en un texto. Había escuchado atribuir a Lorca, a Calderón, a Tolstoi y a Camus este adjetivo. En otras circunstancias lo había escuchado usar como sinónimo de bárbaro, terrible u horroroso, pero siempre prefería buscarle lo bonito, lo agradable. También había visto en películas usar este determinante para describir a esbeltas mujeres, para cualificar a Audrey Hepburn, a Grace Kelly, a Bette Davis... Increíble es la palabra con la que habían descrito tantos críticos los planos de Kubrick, los contextos de Hitchcock. Increíble era la palabra del arte, de lo bello, de lo admirable. Increíble había sido el adjetivo con el que definir el sumum y el clímax lo inalcanzable y lo inhumano. Increíble era digno de admirar. Increíble había sido uno de mis más preciados determinantes. Increíble había sido la palabra con la que ella había descrito mi capacidad de ser cercano, de transmitir confianza. Había sido el adjetivo que usó para mencionar esos abrazos que hacían que se le estremeciese el alma. La que usó para dotar a mi fuerza y a mi poder de emocionar, que aunque nuestros encuentros fuesen una vez cada ella que sabe cuantas semanas y de forma pasajera, con tan solo una mirada le transmitía paz. Y que según ella, es algo que pocas personas pueden lograr, que según ella, es un don. Ella sabía que siempre había estado ahí, sabía que estoy, y sabía que estaré. Así que, me dijo, solo podía darme las gracias porque cuando se trataba de mi... las palabras apenas eran necesarias y se sentía acogida. Y que ella también me quería Muchísimo. Y me deseó las buenas noches. Increíble era que solo pudiese contestarla con una sonrisa.
jueves, 7 de febrero de 2013
Couldn´t drag me away
Caminar por el bosque, correr bajo mantos y cúpulas de verdes hojas. Bajo la vigilancia de aves y de la aurora. Observar. Observar los pequeños surcos en la talla de las maderas, las huellas del tiempo en las cortezas de los árboles. Las tímidas ardillas que a mi se acercan para pedir frutos, las desventuradas criaturas que me merodean por el hecho de compartir unos instantes de vida. Porque es sano. No pensar y tener certeza. Correr sin la preocupación de tener que llegar a un destino. Pero saber que está ahí. Tal vez sea lo precioso de las marchas bajo los árboles, que no hay meta. Que no hay prisa por llegar. De hecho, no hay donde llegar. Solo un camino que recorrer, sin prisa. Que recorrer a tu elección, pudiendo retroceder, correr, detenerse, sentarse y pensar. Un camino donde dejarse pintar por el olor de las pasiones, donde acariciar el vello del suelo, los verdes filamentos. Un sendero donde gemir junto a los dedos del viento que sujetan tu cuello para besar tu mejilla. Un abismo verde al que gritar, donde descabellarse y perder los estribos, dejar los caballos salvajes y furtivos. Donde todo importe entre poco y nada. Todo excepto tu sonrisa. Y la mía. Un sendero en el que levantar el polvo de la arena con cada pisada. Ese bosque donde... no se si te he contado ya, pero lo importante no es dejar huella de nuestros pies en el barro, es que cada una de esas pisadas se den con decisión. O no, mejor. Mejor con espontaneidad. Pero donde no nos importe que esas huellas vayan a permanecer. ¡Que importa que las borre la lluvia! Lo importante fue darlos... Un camino por los que ir abrazados de las manos, y cubiertos de paz. Un camino en el que revolcarnos, donde pelear a caricias y morir a vivencias. Un lugar donde... Donde estar, y ser, y despojarnos de lo malo. Un lugar donde el marrón de mis ojos haga juego con el negro de tus pupilas. Donde mis palabras no huyan de tu mirada. Ni la mía de las tuyas. Un lugar donde caminar no sea fin, si no medio.Un lugar hermoso y desprotegido, un lugar improvisado, un lugar que descubrir al caminar. Un sitio en el que correr eufóricos, maravillarnos de los tonos de verdes y marrones y grises y negros que esconden las plantas. Un bosque en el que ser caballos salvajes. Salvajes, libres. Donde ser felices no sea una opción. Un lugar en el las elecciones, las opciones, el planteamiento, la planificación... donde la estructura se erradique. Un lugar por el que merodear y correr. Correr sin temer una pared contra la que chocar. Sin una meta que ansiar llegar. Pero eso si. Con una sonrisa al fondo. Con tu sonrisa. Con tu sonrisa como lema y tu ojos como bendición. Contigo por seguro, Y el resto.... Que más da.
martes, 5 de febrero de 2013
Camí
Una sonrisa impregnada en sufrimiento. Como la vida y la humanidad. Allí se encontraba Sev, entre dos velas, apuñalando al papel, bañándolo en tinta negra, desangrándolo. Sev, yo, conozco el temor a la muerte, pero conozco la sonrisa del dolor, conozco la indolencia del dolor. Sé que lo que a ojos de un humano alterado, un degüelle es algo terrible, al igual que para alguien dormido, el viaje de un caparazón de plomo que revienta su sien, que el trayecto de lado a lado de la cabeza, para un somnoliento ser, no es más que la desaparición de las imágenes en su sueño. Yo, Sev, pensé en que... la violencia es algo terrible, pero es algo que fuera de lo moral, fuera de la cordura, tiene un sabor apetitoso, la crueldad es tierna y jugosa. Pero ¿a quién no se le ocurriría meter entre celdas, en un pozo, a alguien que parece pretender asesinar a otra persona? ¡Por Dios! Un psicópata. Y por eso tuvo lugar el teatro, vino un guión, un dialogo y unas acotaciones a parar a la mesa de Sev, a mi mesa. Primero pensé en un teatro normal, un actor, dos actores. Un psicópata, alguien que disfruta de la tortura, alguien que es consciente de que fuera del racionalismo, la moral, lo bueno y lo correcto, la crueldad es un jugoso fruto oscilante en la copa de un desierto. Frente a una vulgar victima, el ojo humano, la conciencia y la razón. La monotonía y la normalidad. El problema, querido Sev es que ese actor, esa victima, ya sabe que es victima de un guión, de un guión que no prevé su muerte, un guión, que es más, la pretende evitar a toda costa. Son dos actores en el nombre de uno. La ventaja del teatro, la representación, es justo lo que muchos llaman el fallo. El no disociar, el ser uno mismo sobre el escenario, acto que finaliza cuando se es dos. Ser uno mismo que ante ojos del espectador es el personaje. Cambiar de nombre y cambiar de punto de vista. Yo, Sev, puedo subirme a un escenario sacar a un voluntario del público tumbarlo en una mesa, asustarlo. Hacerle saber que no es el personaje soy yo, hacerle cree que va a morir. Hacer de su cuello un tapiz de puntos herógenos que se cierran al tacto de un filo, de un cuchillo o una daga. Eso es lo bello de entrar de turista al teatro, que no conoces el guión, y ante la incomodidad, miramos más allá, el ser humano está alerta, comienza a ser racional, y es justo cuando comienza a ser racional cuando la crueldad pasa de ser un pedazo de carne tierno y jugoso a un fruto podrido, un racimo marchito. Si Sev, yo, subo al escenario llamándome Jan, siendo aquel personaje, que solo me oculta a mi, el rostro ilegal y amoral de mi intención, siendo aquel personaje que muestra al público el erotismo del dolor, de la tortura y la crueldad. La burla a la muerte. La insignificancia que la razón vuelve maravilla. Aquel personaje que hace que el público desee la muerte violenta de un personaje. Si yo, Sev, subo al escenario siendo Jan y escojo a un voluntario del público para hacerle creer que está a punto de morir, para llevarlo al punto más cercano de la muerte posible, mientras el resto sonríe de vuelta ante la sonrisa de la crueldad, de lo dantesco, él sabrá lo cruel que es esta sonrisa, y el resto sabrá lo dulce que es. Yo, Sev, sabré lo que es jugarle de farol a la muerte. Sabré lo que es romper en carcajadas delante de esa blanquecina figura, de ese cansancio eterno... Si Sev, yo, sube a ese escenario... Eso es lo que iba a pasar en breves instantes. Alguien se apresuró a la puerta de mi camerino, chilló: "3 minutos y entramos". Desafié con las pupilas a la navaja de barbero que temblaba en mi mano e hice el más perfecto y rectilíneo tajo jamás visto sobre un pómulo, un pómulo que se hallaba sobre una sonrisa. Así, con media cara entintada en sangre, y una sonrisa en la cara, subió al escenario Jan, o Sev, o yo.
sábado, 2 de febrero de 2013
Núvols
Y después estaban aquellos locos que no creían en las musas. Aquellos ebrios que no confiaban en que el arte ha de salir de dentro. Ha de, primero implosionar en la mente y después explotar desde el corazón. Esos cuyo arte se basaba en una trama que se repite y repite. Aquellos que no eran capaces de despertar en un girón de telas blancas y un somier abrazados a la sinrazón. Esos locos que no creían en la locura. Aquellos que necesitaban de una estructura firme y que no eran capaces de dejarse desmoldar por la vida y la pasión. Los que dicen del arte aquello que ha de ser solo el arte. Aquellos que.. no pueden pintar en sus palabras la melodía de una escultura de las sonrisas. Los que no han caminado descalzos a la orilla del mar. Los que no han desvestido su mente bajo los verdes zeppelines de un bosque; que jamás deben haber corrido campo abierto sin camisa de la mano de tu belleza. No deben haber hecho crujir el césped bajo el peso de sus pies, no han sentido la humedad del rocío madrugador en los pómulos de su rostro mientras unas suaves manos acariciaban recorridos de su cara. Aquellos que han dicho crear arte sin haber escuchado con el alma el arte. Los que... no han sonreído de verdad.
viernes, 1 de febrero de 2013
Hemos buscado cosas similares...
Aquellas olas podían ser las de Corinto, las de Marbella, Mallorca, Bariloche... Aquella marea podía ser la del Algarve, la de Mar del Plata, Bahía de Cochinos. Podía ser el agua cristalina del mediterráneo griego o las frías aguas del báltico. Hay granos de arena finitos y suaves como la seda, otros que esconden pequeñas caracolas y piezas bonitas bonitas. Hay playas cuya constelación es de piedras que dejan huecos entre ella. He visto costas con alfombras más blancas que las gaviotas, y otras, más sucias que las algas. He sentido el noqueo de olas en Mar del Plata, pero también he oído el susurro de las costas de Granada. Pero aquellas olas eran las catalanas. Las olas de Barcelona. En tantos sitios he leído cosas de Barcelona... Monumentos, lugares, plazas, parques, museos... He escuchado música acelerada. Otras músicas de ritmos más lentos y melosos. He oído riffs acelerados y repetitivos, y puentes más calmos y perpetrantes. Me han violado los tímpanos ritmos de bajos y platillos de baterías. He escuchado las palmas, panderetas, cajones, bongos... He oído voces suaves y otras potentes. Me han hecho poner en erupción los poros de mi piel tantos diferentes ritmos... He visto gente apresurada, he visto gente correr y gente llegando tarde a destinos... ¿Te besé?
Lo más curioso es que me recuerdo haberme visto corriendo por las calles de Barcelona, apresurado, a gran velocidad, esquivando escurridizos peatones. Corriendo con un cuaderno en la mano. Un cuaderno de lomo verde que poseía desde hace varios años ya. Ese cuaderno en el que tallé mi alma, ese en el que cada astilla y cada barniz quedó marcado. Me he visto corriendo con los cascos en la oreja, escuchando unas canciones...¡al mar! Y el calor solapado a la piel. Me he visto doblar esquina con habilidad de ladrón y pisar con fuerza sobre los adoquines. Me he visto vislumbrar el horizonte, ver la playa y la costa, la arena y las olas. Sonreír frenar y seguir. Me he visto buscándome en la playa, mirando entre los paseantes, y encontrándome Me he estrechado la mano mientras granitos de fina arena comenzaban a deslizar por el talón de mis pantalones para viajar de polizón en mis zapatillas. Me he entregado ese cuaderno en la mano y sentado sobre un bordillo de piedra, a dialogar conmigo mismo, mirándome ceño a ceño y frente a frente. Me he planteado si he hecho lo correcto, si estar allí, enfrente de mi en la costa catalana, viviendo de el ahorro y de la ilusión... Me he planteado la vida, la muerte, la felicidad, mi amargura, mi desasperación, mis estrellas, mis besos y mis caricias. He observado el blanco bañador de las bañistas en la costa. Me he revisado por dentro. He vuelto a escucharme esa canción, a encontrarme solo, pero conmigo. He vuelto a tenerte en la cabeza. He vuelto a pensar que es la vida, a donde la llevo, salgo de este ciclo de consumir tiempo... He perdido mis lineas en el horizonte, he vaciado mi mente, he cerrado los oídos y olfateado la sal del mar. He cruzado la ciudad de la punta a la otra para.... ¿Para? Para estar... Para ser, ser yo. Yo y conmigo. Y si conmigo solo no, contigo. Con quien quiero ser entero, con quien si no está no estoy. Me he puesto de pie, agarrado mis zapatillas, despellejado las medias y caminado sobre el barroso piso de la costa, he sido cosquilleado por las olas y distraído por voces de niños oleando a mi lado. He... he dialogado tanto conmigo... He mirado a las estrellas y paseado desnudo en mis pensamientos... Has cerrado los parpados ante el radiante sol y has caminado tan cautelosamente por mis neuronas.. He pensado tanto, he descubierto tanto en la ciudad... He contado tantos secreto a las paredes de la callejeante ciudad.. He despertado tarde e ido tal cual; pijama, sandalias, despeinado y sonrisa; a la orilla del mar a... Te he besado
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