viernes, 14 de junio de 2013

Little disguised pimple

Si, muñeca, me encantaría no ver tu rostro cada vez que escucho Freedom de Hendrix, pero se me da mal mentir, ya sabes, nunca he sabido callarme la boca. Me encantaría decir que cada carcajada que ahogo en los vasos sucios de cristal bañados de hielo fundido y de whisky fundidor son de risa y de alegría, de vivir el momento, de pasarlo bien en la barra del bar ¡Ojo! que no estoy diciendo que lo pase mal. ¿Cómo voy a pasármelo mal en la barra yo? Pero no puedo. Pues porque... ¡Yo que sé! Si supiese el motivo lo habría ahorcado hace tiempo. El caso es que no. El caso es que cada filtro que pongo sobre la papela, cada pedacito de crack que pongo junto al tabaco, cada lamida que le paso al papel y cada peta que prenso, es a tu salud. Junto a mi decadencia. Me muero por decirte que estoy bien, que todo marcha de puta madre, que el grupo sigue en pie, que no tenerte apenas me hace daño, que ya casi no le doy al polvo, y que he conseguido curro. Pero ni quiero mentirte, ni quiero engañarme, ni quiero dejar de fumar un cigarro más cada vez que el humo pasa por estos labios que estaban destinados a ser tuyos, princesa. Te mentiría si te dijese que ya no aporreo el vaso contra la barra, y que no quiero volver a hacerlo tampoco, si te dijese que cada golpecito que doy con el índice en la boquilla del piti no es por ti, si no por hacer caer la ceniza. Pero sabes que no, que es por ti. Y no te duele, ni te duelo. Y te la sudo. Y me la sudas. No. Ni de coña. ¿Cómo ibas a sudármela, nena? Y yo recargo el depósito de alcohol en la barra, y me lleno la boca de humo negro y sucio y maloliente y áspero y mezquino que me rodea de ese aura trágico que tanto parece llamarles la atención a los que llegan nuevos al bareto. ¿Nunca habéis visto a un puteao desahogarse en la barra a base de blues y de rock, mamonazos? Pues entonces, ¿que coño miráis?¿Tengo neón en la cara?¡Aire! Pero siempre se alejan medio riendo, y me han llegado a hacer ojitos algunas princesas, porque a fin de cuentas es lo que vende, la historia moribunda. Nunca triunfó el chico conoce a chica, chica conoce a chico, beso y felices para siempre. No, pequeña, eso no vende ni en tu barrio de blanquitos ricos. Lo que tiene éxito es el tío conoce a tía, tía conoce a tío, ella se hace la interesante y mete coba, el tío le lame el culo como un capullo, ella se ríe, pasa de su cara y adiós muy buenas, el tío acaba esposado a la barra del bar, matando sus neuronas una a una, con detalle y delicadeza, mientras entabla amistad con el camarero. ¡Esa es la que vende! Si hubiese tenido una cámara delante desde que te conocí ¡a la mierda el niñato de Bogart!, pero no. Ni tengo una cámara delante, ni me importa una mierda tenerla o no, ni si vende o no vende. Total, yo me prenso otro (verde esta vez) y sigo aquí sentado haciendo de verdugo de la sinapsis, mientras espero un poco de suerte, coincidencia y demás mierdas en las que me niego a creer, pero que remedio.. Mientras espero que aparezcan por la puerta de este antro de espectaculares altavoces unos zapatitos de charol, una falda blanca, impecable e impoluta cubriendo las piernas bajadas del cielo y la cadera de Eros. Que aparezcan los labios rojos del deseo, muñeca, de ese deseo que llevo haciendo náufrago en los charcos de whisky que dejo en la barra tanto tiempo. Que aparezcas y que salte de la silla, me olvide el petardo en el cenicero, coja la chupa, saque las llaves, te deje en la boca la marca de mi identidad, te coja la mano, te monte en la Davidson y te lleve al puto culo del mundo a hacerte mía toda la noche, y que tu padre llame a los picoletos mandándolos hurgar por todo el barrio, y tu estarás conmigo, coronándome eterno heredero de tu placer, y siendo dueña del mio. Pero mientras... ¡Pete! ¡Ponme otro. Doble, y bien cargado!

martes, 11 de junio de 2013

¡Oh! Me encontré una...

Yo no quería esto. No. ¿O si? Yo no quería historias. No quería un narrador, o si. Pero no quería personajes, ni tramas enrevesadas, ni un argumento, no quería si quiera razones. No quería un tiempo, o un espacio, un marco determinado. Yo no quería que se pudiesen contestar a las preguntas de dónde, cómo, cuándo  quién. No. No lo quería. Solo quería poder contestar el qué. Una sonrisa, una lágrima, un llanto, un puño de furia. Yo quería una hoja escrita y escrita y escrita diciéndolo todo, y no diciendo nada. Lleno de palabras y más palabras, y frases, y oraciones, y más palabras que no concretasen nada. Quería hojas imprecisas, inesperadas, repentinas, que al llegar al final y a la hora de descartarlas supiésemos exactamente que quise decir. No, no quise decir nada. Que sentí. Y el por qué, y el cómo, el qué, cuando y dónde pueden arder pasivamente en el alfeizar de mi fría y desnuda ventana. Nunca quise pensar el nombre de un personaje, es difícil, innecesario y mal interpretable. Yo solo quería palabras y emociones. Sin conexión lógica. O con ella. No lo sé. Imagino que será que tal vez el mejor medio de llegar a algo, a veces, es justo el contrario, aunque no lo hagamos a fuerza de voluntad, aunque lo haga la vida porque se le antoja, o tal vez tenga una explicación científica, pero hay cosas que prefiero omitirlas en la ciencia y darles mi propia explicación. A veces el camino más bello y el más apropiado es el que seguimos cuando el viento vital nos vuela el mapa y lo recogemos dado la vuelta sin percibirlo, y cambiamos el norte por el sur, el este por el oeste, lo conocido por lo que aún queda por conocer, sin darnos cuenta. Porque claro que es cómodo sentarse bajo la sombra del cerezo en medio del camino, y es bello también, pero quien sabe si al fondo del camino habrá más. O si fuera del camino habrá un césped verdaceo donde brote mágicamente la gota de rocío, donde se revuelque el viento y un cielo celeste por el que sobrevuelen las nubes algodonosas y los cirros. ¿Quién sabe? ¿Quién sabe por qué hay árboles con una "s" dibujada? ¿Quién sabe por qué se escalan los árboles y por qué se discute cual subir? ¿Quién sabe por qué llueve un domingo noche e irradia el sol despertando llamaradas al amanecer de lunes? ¿Quién sabe donde queda la línea de la perfección? ¿Quién sabe? Yo vivo de preguntar. ¿Quién sabe si las sonrisas son una contracción muscular o un impulso de vida?

domingo, 2 de junio de 2013

Vientos

Cierto matíz, cierto regalo, en la delgada pintura blanca curvilínea en el cielo noctámbulo tendida. El preciso brillo y luminosidad en la esbelta y perlada sonrisa del cielo, ni en exceso ni en déficit, el preciso, el exacto, el justo haz de luz para poder diferenciar las siluetas en la noche, sin atisbar con detalle, en las terrazas de la ciudad, en las azoteas urbanísticas o en los bancos de arboles asediados en los parques. Un destello lateral en el roto cuello de una botella de licor suspendida en el mar de las estrella que, apenas teniendo anchura, hace temblar y enflaquece la obscuridad de la noche. No es lo esbelto en el alma lo que pinta a las personas, más bien la sencillez en los trazos de la sonrisa y cada gesto simple