domingo, 2 de junio de 2013
Vientos
Cierto matíz, cierto regalo, en la delgada pintura blanca curvilínea en el cielo noctámbulo tendida. El preciso brillo y luminosidad en la esbelta y perlada sonrisa del cielo, ni en exceso ni en déficit, el preciso, el exacto, el justo haz de luz para poder diferenciar las siluetas en la noche, sin atisbar con detalle, en las terrazas de la ciudad, en las azoteas urbanísticas o en los bancos de arboles asediados en los parques. Un destello lateral en el roto cuello de una botella de licor suspendida en el mar de las estrella que, apenas teniendo anchura, hace temblar y enflaquece la obscuridad de la noche. No es lo esbelto en el alma lo que pinta a las personas, más bien la sencillez en los trazos de la sonrisa y cada gesto simple
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