martes, 29 de julio de 2014

Para ti, humildad

Era un hombre taciturno; de mirada contradictoria. Lo cierto es que a Joaquín le molestó que hubiese en medio de aquel jardín un busto suyo a tamaño real. No porque su rostro fuese feo, de hecho siempre había recibido halagos por su rostro delgado y esbelto, y esa cabellera a la que tanto le costaba volverse cana. Sino mas bien por el tamaño un poco sobrepasado de su cabeza. Digamos que Joaquín era un poco cabezón, aunque no tenía nada que ver con que fuese cabezota, pues mas bien era de personalidad endeble y cedía sin importarle demasiado en aquellos asuntos que no le preocupaban demasiado. Aunque en realidad eran mas bien pocos. La cuestión es que aquel busto que lo inmortalizaba en medio del jardín que había a la retaguardia del hogar de su familia le molestó de una manera un tanto excepcional. A Joaquín nunca le gustó que le representasen. Detestaba a toda costa que le retratasen y le dijeran como era. De todos modos agarró el dado y lo lanzó. Subió a un barco, cruzó el mar e hizo lo que buenamente supo copiar. Y lo que no, lo inventó. Y nunca se lo echará en cara este servidor. Hacemos lo que podemos, y nunca es fácil. La lucha sigue, y a buen recaudo, pues aquí se queda tu estampa. Viaje bien, Joaquín, y al vuelo mire al cielo, y busque a su alrededor. A ver si dentro de usted mismo, va a ser que por casualidad, en lo mas hondo, me encuentro yo.

lunes, 21 de julio de 2014

Paso con paso

Es curioso ver como los niños cuando se conocen no se preguntan ni de que religión son, o cuanto cobran, o si son de tal o cual país. Es una información que les es prescindible porque los niños conocen la mas grande verdad que existe: que todos somos humanos. Que tenemos dos piernas, dos brazos, dos ojos y una boca para hablar y sonreír. Yo no creo que la gente que vive en Israel desee la muerte de la gente palestina. De hecho, no creo ni que les moleste que los palestinos vivan en la Franja de Gaza. Lo digo con el mismo convencimiento con el que digo que no creo que la gente de los Estados Unidos odia a Iraq, ni odió a Vietnam. De hecho, cada vez que lo pienso, creo que la gente que vive en Israel (por lo general) quiere que los palestinos tengan una casa en la que vivir, unas calles que pisar sin tener que mirar al cielo, ni escuchar atentamente si se acerca artillería, ni rezar a Allah por temor a que su vida llegue a fin a manos de una bomba. Al igual que muchos norteamericanos no quisieron la muerte de miles de vietnamitas, muchos ingleses no quisieron la invasión de la Malvinas, ni muchos rusos quisieron la ocupación de Afganistán, así como muchos alemanes no quisieron la muerte de millones de judíos, o como tampoco muchos estadounidenses quisieron la imposición de Pinochet en Chile, ni muchos españoles quisieran el encadenamiento de latinoamerica. Lo que quiero decir es que no hay que olvidar jamas que las banderas las cosimos las personas. Que tras cada país hay millones de personas que trabajan duro por tener algo de pan que llevar a sus hogares y repartir con alegría. Que tras cada guerra escondida en países, escudada tras el nombre de millones de personas que lo único que quieren es pasear por la calle sonriendo, hay en verdad los intereses de los dirigentes de estos paises. No hay que olvidar nuestra condición de humanos. No podemos olvidarnos que en cada país, sea el que sea, existen millones de personas que no quieren mas que caminar por la calle y ver el sol cuando amanece.

viernes, 4 de julio de 2014

Tequimü-rohk

Aquel día en que me hice mayor de edad, en el preciso momento que mis acciones comenzaron a ser condenables con años de prisión, me hallaba en un callejón oscuro de Riad compartiendo su suelo mal pavimentado con la muchacha que hace tiempo decidí que sería la dama de mis ojos. En realidad, con el trascurso del día anterior al siguiente nada había cambiado, a excepción del alcohol, las putas y algún que otro policía entrometido. Siempre aparece algún hijo de perra de esos cuando menos le esperan... La cuestión es que aquel gran día había llegado; el niño que pasaba a ser un león, el joven que había permanecido bajo las normas de Padre y bajo el cuidado de Madre, iba en este día a convertirse en un hombre. Fuerte. Sabio. Libre. Lo cierto es que no noté que mis músculos creciesen, o que mi cuerpo ensanchase y se hiciese mas alto; de hecho, cada vez la gente de Riad tenemos menos que comer por culpa de Abdullah y los suyos. En cuanto a la sabiduría... bueno, sí, sabia engañar a alguno de los pillos merodeadores de las calles de la capital. Pero mas allá de lo poco que había aprendido hace años en la escuela elemental, y alguna que otra charla interesante que mantuve con el Iman Mahut, no albergaba en mi un gran saber. No el suficiente, desde luego, como para llamarme "sabio". Y libre... bueno, creo que solo hace falta saber que hasta que no trabaje, las zapatillas va a seguir comprándomelas Padre... Observé las baldosas mal colocadas del escalón de aquella callejuela en la que me encontraba escondido con Erosh. Medité que en realidad, aunque todo el mundo, sobre todo las amigas de Madre y algún importante colega de Padre, todo parecía igual. Todo seguía su curso y rumbo preciso. Cada vez falta mas comida, y cada vez somos más. Todo seguía e trascurso que debe llevar, todo obedecía su sino. El planeta se iba a pique, y nosotros con él. Y yo permanecía en aquel escondite a la medianoche, como de costumbre. Y volvería a hacerlo, pues todo mantenía su ritmo, todo formaba cadencia. Por mil noches y una más.