viernes, 4 de julio de 2014
Tequimü-rohk
Aquel día en que me hice mayor de edad, en el preciso momento que mis acciones comenzaron a ser condenables con años de prisión, me hallaba en un callejón oscuro de Riad compartiendo su suelo mal pavimentado con la muchacha que hace tiempo decidí que sería la dama de mis ojos. En realidad, con el trascurso del día anterior al siguiente nada había cambiado, a excepción del alcohol, las putas y algún que otro policía entrometido. Siempre aparece algún hijo de perra de esos cuando menos le esperan... La cuestión es que aquel gran día había llegado; el niño que pasaba a ser un león, el joven que había permanecido bajo las normas de Padre y bajo el cuidado de Madre, iba en este día a convertirse en un hombre. Fuerte. Sabio. Libre. Lo cierto es que no noté que mis músculos creciesen, o que mi cuerpo ensanchase y se hiciese mas alto; de hecho, cada vez la gente de Riad tenemos menos que comer por culpa de Abdullah y los suyos. En cuanto a la sabiduría... bueno, sí, sabia engañar a alguno de los pillos merodeadores de las calles de la capital. Pero mas allá de lo poco que había aprendido hace años en la escuela elemental, y alguna que otra charla interesante que mantuve con el Iman Mahut, no albergaba en mi un gran saber. No el suficiente, desde luego, como para llamarme "sabio". Y libre... bueno, creo que solo hace falta saber que hasta que no trabaje, las zapatillas va a seguir comprándomelas Padre... Observé las baldosas mal colocadas del escalón de aquella callejuela en la que me encontraba escondido con Erosh. Medité que en realidad, aunque todo el mundo, sobre todo las amigas de Madre y algún importante colega de Padre, todo parecía igual. Todo seguía su curso y rumbo preciso. Cada vez falta mas comida, y cada vez somos más. Todo seguía e trascurso que debe llevar, todo obedecía su sino. El planeta se iba a pique, y nosotros con él. Y yo permanecía en aquel escondite a la medianoche, como de costumbre. Y volvería a hacerlo, pues todo mantenía su ritmo, todo formaba cadencia. Por mil noches y una más.
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