martes, 29 de julio de 2014
Para ti, humildad
Era un hombre taciturno; de mirada contradictoria. Lo cierto es que a Joaquín le molestó que hubiese en medio de aquel jardín un busto suyo a tamaño real. No porque su rostro fuese feo, de hecho siempre había recibido halagos por su rostro delgado y esbelto, y esa cabellera a la que tanto le costaba volverse cana. Sino mas bien por el tamaño un poco sobrepasado de su cabeza. Digamos que Joaquín era un poco cabezón, aunque no tenía nada que ver con que fuese cabezota, pues mas bien era de personalidad endeble y cedía sin importarle demasiado en aquellos asuntos que no le preocupaban demasiado. Aunque en realidad eran mas bien pocos. La cuestión es que aquel busto que lo inmortalizaba en medio del jardín que había a la retaguardia del hogar de su familia le molestó de una manera un tanto excepcional. A Joaquín nunca le gustó que le representasen. Detestaba a toda costa que le retratasen y le dijeran como era. De todos modos agarró el dado y lo lanzó. Subió a un barco, cruzó el mar e hizo lo que buenamente supo copiar. Y lo que no, lo inventó. Y nunca se lo echará en cara este servidor. Hacemos lo que podemos, y nunca es fácil. La lucha sigue, y a buen recaudo, pues aquí se queda tu estampa. Viaje bien, Joaquín, y al vuelo mire al cielo, y busque a su alrededor. A ver si dentro de usted mismo, va a ser que por casualidad, en lo mas hondo, me encuentro yo.
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