lunes, 16 de febrero de 2015

Allende los mares

Solo quería recordarte que cada vez que tus ojos se abrazan en mi horizonte, puedo sentir como si la sangre me corriese por puentes hechos a tablones de madera, puedo sentirla como corriendo descalza, atravesando por el aire una selva. No hace falta que abras la boca, ni que suspendas la pluma en el papel. Tan solo cierra los ojos y cállate. Déjame correr, descalzo, sobre las olas de sal y de lluvia. Aún te recuerdo como una gota resbalando por el calendario, día a día, arrugando los casilleros del lunes, del martes.. desgarrando las semanas con tu vapor; tiñendo los atardeceres como cuchillas de afeitar, de mar de sangre que trota, de piel de almíbar; con labios henchidos de besar. Solo quiero recordarte que cierres los ojos y me vistas. Así, como un suspiro que oxida los candados que nunca tuvimos que abrir, las heridas que no tuvimos que cerrar. A cada paso, cada pestaña, un tambor suena bajo mi ropa al contemplarte. Y no, no me digas nada. Permanece quieta, por favor. Así, inmutable. Como dos aves, como un jilguero y un colibrí, deja que nuestra piel se busque entre el jazmín y entre las dalias, que nuestra sangre se enrede entre explosiones de platillos y de timbal, deja que se aturdan y revoloteen con el batir de sus picos y el andar de mis alas sobre tu brisa. Pero sobre todo, no digas nada, permanece inmóvil, como el haz de los días.