lunes, 29 de abril de 2013

A great day for freedom

Tras el viaje en lancha en la que Gustavo, que era quien ofrecía el servicio de transportar en lancha por la Región, había estado conduciendo, le pagué lo acordado, 5 manilas, y le agradecí la agradable conversación que habíamos tenido. Gustavo conocía muy bien la Región, imagino que se debía a todos los viajes que había hecho, de los cuales me había comentado algunas anécdotas divertidas. Durante nuestro viaje me estuvo comentando sobre las costumbres simples y sencillas de la gente de aquellos pequeños poblados, sus comidas habituales, el especial amor que las gentes sentían por las plantas y el cuidado que les daban. Al bajarme de la lancha pude ver Telmocoatl, un poblado similar y muy parecido a todos los de la zona. Los pueblos de la región estaban todos formados por pequeñas y finitas casas de madera pálida que se sostenían en estructuras del mismo material sobre el agua. La Región era como llamaban a todo un lago inmenso, un océano incrustado en el continente sureño. Evidentemente no todo el lago tenía la misma profundidad, pero por lo general era muy hondo y en algunas partes ascendían pequeños montes submarinos. Bajo las aguas, en pequeñas zonas, crecían estas colinas donde las gentes que por esos poblados habitaban construían sus humildes moradas, como ellos llamaban, tavips.
Los tavips tenían aspecto de torreón, aunque lo cierto es que no llegaban a medir mas de seis o siete metros. Tenían todos forma circular y arriba en el techo se cerraban en forma de cebolla, con una especie de hojas de tacto áspero y duro, que imagino que serían las hojas del árbol del que obtenían la madera con la que estructurar los tavips. Los tavips se unían entre ellos por caminitos flotantes, pequeños puentecillos construido con esta misma madera. En Telmocoatl todo se construía con esta madera peculiar, a excepción de los muebles de las casas, que estaban hechos de una madera más oscura, parecía grano de café. Miré para atrás, miré a Gustavo, le hice un ademán de despido y comencé a observar Telmocoatl para encontrar su casa. Entre que Telmocoatl tiene pocos tavips y las indicaciones que ella me había dado, apenas tardé 15 segundos en encontrar con seguridad su casa. Allí estaba: Con hojas cortadas en tiras finísimas en lugar de puertas, con dibujos infantiles alrededor de el marco de la "puerta" y con un cartel de madera de color grano de café en el que con la madera pálida, con la que se construyen los tavips, había hecho letras que formaban la palabra "irribarre". Al adentrarme en la casa encontré a un niño de pequeña estatura y de tez del color del barro. Cuando me miró me estremecieron sus ojos azules, unos ojos azules pálidos como la luna en medio de una negra noche sin estrellar. Esta hermosa criatura jugaba con una prenda de tela gruesa sin terminar de hilar, y al mirarme, la miró y me la ofreció estirando sus cortos brazos. Sonreí, me agaché me puse de cuclillas y le dije en voz baja:
-¿Arantxa?
El niño, me miró, sonrió, se levantó y jugueteando con la prenda de gruesa tela entre sus regordetes dedos, sin desviar la mirada de la prenda comenzó a decir para si en voz alta con un timbre un tanto agudo y ridículo:
-Adiantza... Adiantza...
Al fondo de la sala bajaban unas escaleras por las que empezó a sonar el tamborileo de unos pies que bajaban descalzos por los peldaños de madera a trote rápido. De pronto vi asomar los blanquecinos pies, que a la altura de la espinilla se cubrían con una fina falda marrón. Me miró y saltó corriendo de las escaleras para abrazarme. Sentí apretado en mi pecho el suyo, y su respiración acompasada a la mía. Entre mis brazos tenía hoy a una muchacha que hace veinte años me había concedido el placer de, mediante sus propias palabras, reorganizar su vida, darle nuevo rumbo hacia el puerto con el que ella había nacido por meta. Tenía hoy, frente a mi  a una mujer libre, hermosa y luchadora. Una mujer que cada minuto lo entregaba a las sonrisas de los demás. Una mujer que tantas y tantas veces me había esbozado una sonrisa, y tantas otras una carcajada. La sostuve por los hombros, la miré a los ojos. Vislumbré las lágrimas por sus mejillas cayendo. Y en mi rostro solo tuvo lugar una sonrisa temblorosa al borde de la lágrima, aunque no llegó a ella. De pronto, el niño tiró al suelo la prenda de gruesa tela y corrió hasta las piernas de Arantxa y, en un llanto, sollozó en apenas pronunciando:
-Adiantza, no... ¿Por qué lloras? No llores... me pones triste....
Arantxa lo levantó, lo tuvo en brazos, se borró las lágrimas del rostro, se colocó bien el pelo, le miró, sonrió, y le dijo mientras le despeinaba:
-Pequeño, Uetehl... Al igual que no todos los animales son depredadores, ni todas las plantas venenosas  te digo que aprendas de lo bello de cada cosa. Ni cada silencio es incómodo, ni cada lágrima un puñal.- Dejó a Uetehl en el piso, me tomó la mano, me hizo una caricia y me dijo: - Vamos, tengo muchísimas cosas que enseñarte.

viernes, 19 de abril de 2013

Rima XIII o Imitación de Byron

Si algo es idéntico a otro algo, y algo no tiene una cosa, al compararlo con otro algo, entonces, si que tiene una cosa, por ende tiene una cosa gracias a que no tiene una cosa. Es decir, como ningún algo de los dos tiene una cosa, ambos algos tienen una cosa. Esto no es más que un cúmulo de palabras sin sentido, una amasijo de, verde, letras revueltas en un papel, unas letras más altas, otras más bajas. Otras redondas, y otras delgadas. Aquí no hay nada que sea de vuestro interés. Lo que están leyendo no es un personaje(a veces) hablándole a otro, no es una situación literaria, ni nada que vuele por vuestra imaginación. Lo que leen son un cúmulo de palabras sin sentido, como podrían serlo: hay un gato color verde asomado a la pared que cuelga del suelo. Claro que podrían discutirme ustedes a cerca del sentido de esa frase, ya que concuerdan todas sus palabras, por ende podría tener un sentido informativo, aunque surrealista. ¡Pues no quiero usar el monóculo! Entonces, digamos que leen ustedes un cúmulo de lexemas sin sentido como podrían ser:  perro violeta aunque casa rojo rápidamente el pero lobo come nunca. Eso si que no tiene lógica alguna. Como este texto. No obstante lo leen ustedes. Me hacen gracia. Naufragan en este texto sin sentido, lagarto, por el simple hecho de que ya han empezado a leerlo, no obstante saben que no tiene ninguna clase de mensaje, y si no, redondo, ya se lo confirmo yo. Además, no saben si el vacío de mensaje en este texto, rabilargo, y su absurdez podrán en algún momento sorprenderles con un inesperado mensaje quizás al final del texto, o quizás ya lo he dicho y no han prestado atención, o quizás tengan que releer el texto desde su comienzo. Quién sabe. Fruta amarilla. ¿No? ¿No se dan cuenta de que juego con ustedes? Que pena, oigan... Si yo escribiese en un texto simplemente: Tic- tac, tic-tac, tic-tac,, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, saltarían todo el texto hasta encontrar una palabra con otra forma que no sea ese tic-tac. Y si a mi no me diese, oportunidades, la real gana de poner otra palabra que no fuese ese tic-tac no leerían mi texto. Por lo cual, no encontrarían el mensaje. Bueno, en realidad debería decir que no se inventarían un mensaje, porque por si mismo escribir la onomatopeya.... Onomatopeya, vaya un palabro. Porque escribir la "Onomatopeya" de las agujas de un reloj, de por si, me dirán ustedes, queridos, que mensaje tiene. A veces soy un poco cenutrio. Como les decía, el motivo de que continúen su lectura de este texto es porque lo forman palabras de estructura diferente. ¡Error! Ya que mi texto podría escribirlo con palabras no existentes y no estoy seguro, protuberancia, hasta que punto buscarían palabras que si existiesen y tuviesen cierta lógica dentro de ese maremágnum (y dale con palabras pedantes, el señorito) de sinsentido. Por ejemplo, mi texto podría ser: elrag esksok hakide laorn kus jrov hfanru usnty erh ehgro ungabid azpwurn aldon en iosl unrives ejvodak sdekeidnfañ menotd es usted un poco estupido aperten alarkno en terdes oplaccion deren un flando expertum.  No se si ustedes se habrán percatado, pero les he insultado durante su fugaz mirada por esas palabras que parecen sin sentido. Al comprobar ustedes que las primeras no tenían sentido, apostaron por que el resto tampoco debían tenerlo. O pueden haberlo leído y haberse ofuscado. ¡Qué se yo! No soy un psicólogo, por favor... Lo que quiero, quiero, quiero decirles no es nada. No quiero decirles nada. Multicolor. Simplemente ustedes han perdido el tiempo leyendo este texto sin sentido en busca de un profundo mensaje que ni si quiera ha aparecido. Pero el hecho es que han perdido el tiempo, creyendo que iban a encontrar algo que ni siquiera existe, pero para no sentirse estúpidos, ni ofenderse admitiendo que simplemente han perdido el tiempo porque me han seguido el juego, un juego completamente estúpido del que no puede sacarse nada, van a inventarse algún mensaje, alguna moraleja o alguna estupidez. Pomelo. Aunque en realidad solo han vagado por este texto sin mensaje alguno, buscándolo, sin encontrarlo. Han fallado en su misión, pero su misión ya  había fallado antes de si quiera empezar. No quiero decirles nada. Simplemente ustedes han perdido el tiempo leyendo este texto sin sentido en busca de un profundo mensaje que ni si quiera ha aparecido. Pero el hecho es que han perdido el tiempo, creyendo que iban a encontrar algo que ni siquiera existe, pero para no sentirse estúpidos, ni ofenderse admitiendo que simplemente han perdido el tiempo porque me han seguido el juego, un juego completamente estúpido del que no puede sacarse nada, van a inventarse algún mensaje, alguna moraleja o alguna estupidez. Así es el transcurso de la vida, miserables.

martes, 16 de abril de 2013

The Lonely boy

-¿Vamos a jugar a un juego, vale? ¿Te parece? (Ríe) En realidad no me importa si quieres o no. ¡El último en llegar pierde!¿Qué a dónde? No sé. ¿A ningún lado? (Vuelve a reír) No hay meta ¿sabes?. Es divertido correr sin ningún tipo de propósito. Solo dejando que el viento te despeine. Es como vivir ¿A dónde vas? ¿De dónde vienes? ¿Por qué? ¿Por qué hacia allí y no hacia allá? ¿Estas seguro que ese es el buen camino? ¿Y el más rápido? ¡Y que importa! Vive, no sé. Mis padres siempre me dicen, sobre todo mi padre frunciendo el ceño como a el le gusta, porque cree que tiene más autoridad o alguna locura de esas. Siempre me dice: "Señorito, tiene usted 13 años y mientras viva bajo este techo y lo que vaya del plato a su boca salga de mi bolsillo, va usted a hacer lo que yo le diga. Tiene usted 13 años, no entiende en que consiste esto de la vida." Claro, luego yo le contesto que parece mentira que teniendo él 52 todavía no sepa de que va esto. Que esto... ¡esto es un juego! ¡Qué me importa 13 años que 16, que 20, o que 42! Y entonces empieza a reírse un poco, sin que suene ninguna carcajada, intentando mantener su tono de serio y de padre educador, y me mira. Y le miro. Y entonces él sienta. Se sienta. Se ríe por lo bajo, y disparando su dedo índice del puño me señala y me dice: "Esto es más duro de lo que te crees, niño" y entonces si que explota en carcajadas. Creo que recuerda cuando tenía mi edad y hacía travesuras. No sé, esas idioteces que hemos hecho todos. Y que seguimos haciendo. ¡Y que nunca dejamos de hacer! ¿A quién le importa cuantos años tengas? ¿Cuando tengas 20 años vas a dejar de hacer el estúpido? ¡Por Dios! No digo ser estúpido, oye. Pero... yo que sé. ¿A los 30 vas a dejar de hacer sinsentidos?¿En serio? Cuando mi padre termina de reírse, me da un par de palmadas, menea la mano en el bolsillo, me saca un par de monedas y me mira a los ojos con cariño y me dice: "Cómprate algo rico y sal a quemar las calles". (Sale corriendo y grita) ¡Último cola de cerdo! ¿Eh? Ya te he dicho que a ningún lado. ¡O a donde quieras tú!. (Termina de correr) ¿Y en serio voy a tener que renunciar a esto conforme pase el tiempo, y los minutos, los meses, y los años...? Que ingenuos. Por Dios...

martes, 9 de abril de 2013

Will guide you home and ignate your bones



Y bueno... me viene a la cabeza estar tirado en una buhardilla con alguien a mi lado. Abrazadito, con esta canción de fondo. No me habría movido de ahí. ¿Volvemos? Volvemos cuando quieras. No me movería de un muro tampoco. Me sentaría sobre un muro o quizás te sentaría a ti en él y el resto de la noche, el resto de la noche lo pasaría adorando tus labios, acariciando tu cintura o susurrándole a tu cuello. Miraría a los astros, te apuñalaría con la mirada tu mirada, alabaría el silencio  y sin necesidad de hablar muy alto, te agradecería. A ti.  Y no me movería de ahí. Jamás. Bueno... a menos que fuese para caminar al costado de una carretera. Y caminar... y caminar.... Caminar sobre aquel negro asfalto que conduce a ningún lado. Caminaría agarrado a la cola del viento. Seguro. Amarrado a tus manos y a tus caderas. Pasearía noche y noche por tus nudillos. Me dejaría encharcar el rostro de lluvia fina y fuerte, no me importaría caminar en prendas caladas de agua. No dejaría de caminar junto al césped que crece a los lados de la ruta. Caminaría y caminaría maravillándome de tu sonrisa cada instante y cada minuto. Caminaría junto a un muro alto del que yo juraría que es había sido una fortaleza, aunque una señorita apostaría por que fuese una propiedad. Caminaría hasta llegar a dos desnudos y deshojados percheros de hojas del que adivinar si es el origen de un trinar. Caminaría y caminaría y caminaría. Bueno... tal vez me metería en el recoveco de una calle donde conocí la oscuridad más oscura de las más oscuras oscuridades, donde  hice de varios minutos un instante fugaz. Un instante que terminó sin haber comenzado si quiera. Un instante    simplemente bello. Un instante en el que mi vista murió. Mi oído se volvió de pronto inútil  Un instante donde solo puede valerse uno del tacto y de la intuición temporal, que a veces falla. Pero claro... ¿Qué más necesita uno? Quizás seguiría caminando. O tal vez saltaría. Saltaría tras caminar por senderos de tierra entumecida y húmeda, por caminos de barro flanqueados de pasto y lagunas, crías de la lluvia. Tras caminar por trazos marcados en el suelo por cúmulos de piedra, y al llegar a un desnivel bordeado por ortigas, saltaría. Tú bordearías el desnivel, lo sé. Y donde encontrases un desnivel más nivelado, saltarías. Recuperarías la postura de caminar, darías un paso, torcerías y caerías. Y ambos reiríamos. Pero no me movería de ahí. Me tenderías la mano. Te levantaría, mientras riésemos. Y te besaría, aunque la lluvia arreciase. Después... Si, bueno. Después quizás caminaríamos por las calles perdidas de un macizo de hogares de pizarra cuyo nombre a nadie importa. Recuerdo sostener en mi mano cuatro cartas de una baraja española con cuatro personas a mi alrededor, aunque seguro que había más. Recuerdo sostener cuatro cartas en mi mano derecha y mirar al frente a mi compañero, y en ocasiones a mi derecha, a mi oponente, para que no le pasase ninguna seña a mi oponente de mi lado izquierdo. Eso suman tres personas recordadas. Recuerdo que  en ese momento jugaba yo a aquello. Pero no era lo que me importaba. Parecía que importaba el juego, el azar o la victoria. Recuerdo un rostro apoyado en mis piernas cruzadas. Una figura, una sonrisa, que reposaba acurrucada, transformada en un ovillo recovequeado, con los ojos prietos y la cabeza en paz. Eso suman cuatro personas recordada. Recuerdo mirar su nariz, sus pestañas, sus pómulos, su boca. Paseaba con mis dedos, con el dorso de mi mano por su dorsal, acariciaba su cintura. Jugaba al juego, sostenía cuatro pedazos de cartón fino en mi mano derecha. Pero sonreía en ella. Caminaba mi mano por su cintura sin rumbo, sin destino. Sin destino más que una sonrisa. Paseaba por su cuerpo reposado en mis piernas. Sonreía, no me veías  tenías los ojos cerrados. Pero sonreía. Te tenía abrazado. Y ¿sabes? No me habría movido de ahí.

lunes, 8 de abril de 2013

Oda

Quisiera saber cantar
como cantan los ruiseñores,
y en medio de las noches
presentarme en tu hibernar.

Quisiera poder volar,
como el viento en la mañana,
como aliento por tu boca.
Ser: el frío que te toca;
Amanecer en tu camas.

Quisiera saber cantar,
y con seis hilos de cobre
entonar de modo pobre
el sonido de una trova.
El estruendo de sonata,
o la sonrisa de las flores.
Ahuyentar, ya, los temores
a la lectura de una carta.

Marinero, enséñame
a surcar todas las olas,
a remar en las galeras,
a izar bien las bandera,
respirar brisa que sopla.
Marinero, compartamos:
En las islas con que soñamos
un día el ancla anclar;
Nuestras ganas al soñar;
Nuestro hermoso sonreír;
El precioso porvenir
y las ganas por vivir.

Y apoyarnos a babor
en banquetas de madera,
respirar de honda manera
la salina y el vapor.
La brisa del mar marina.
Y la ira de Poseidón.

Quisiera saber cantar,
ser canto y vida fuerte.
Ser orilla suave y mar.
Ser conjunto, y serlo siempre.

A cierto chico de un autobús

Puede ser que yo me esté volviendo loco. Todo se ve más bello desde la ventana de un autobús. Podría contarles mi urbana travesía. O podría no hacerlo. Me estoy volviendo loco. Sería lo que les diría si supiese que me estoy volviendo loco. Podría estar volviéndome loco. O podría no estar volviéndome loco. Quien sabe, puede ser. Pudiera ser que hubiese tenido la imperiosa necesidad de agarrar un algo con lo que escribir y lo hubiese hecho. O pudiera ser que escribiese por encargo. O que fuese un proyecto académico en el cual tuviese que escribir un texto en el cual llenase de incertidumbre al lector a base de comentar varias posibilidades de lo sucedido sin confirmar ninguna. O pudiera ser que este texto no fuese mio. O pudiera ser que este texto solo fuese un texto. Podría ser que el lector simplemente leyese estas palabras y disfrutase. Podría ser que no rebuscásemos las cosas, que simplemente disfrutásemos de los momentos, de aquello que nos rodea. Que pudiésemos ser capaces de romper, frenar, cortar, parar, aflojar, abandonar, detener, relajar, soltar, calmar. Y de hacerlo sin remordimiento alguno, sin volvernos adictos ni dependientes de ello tampoco. Pero poder frenar y darnos cuenta de cuantas cosas bellas se iluminan a nuestro paso y como no las concedemos si quiera un titileo, un destellito, una chispa. No sé, quizás la vida debiera ser eso. Una maravilla. Una maravillación simple, sutil  sencilla. Se me ocurre (ya les he avisado que tal vez me esté volviendo loco) que podríamos hacer de la vida algo simple y precioso. Que no debiéramos complicar tanto su simpleza. Que deberíamos sentarnos al fondo de un autobús, recostarnos, despojar nuestra mente de todo y gozar. Simplemente pensar en... ¿Nieve? Pues nieve. ¿Árboles? Pues que florezcan árboles. ¿Aves? ¡Que vuelen las aves! Que brote de nuestra cabeza el placer de ser personas, de poder sonreír  Que sean flechas la luz, las sonrisas, las nubes, los árboles, el césped  Que sean flechas que se ensarten en nuestra cuadriculada y manipulada mente. Seamos personas. Atrevámonos a hacer de la vida algo simple. Humilde y hermoso. Saltemos. No hay forma más simple de simplificar la vida que apreciando lo simple. Porque es en lo simple en donde se encuentra lo esencial, y en lo esencial lo bello. Y en lo bello la vida, y en la vida, quizás a uno mismo. Ya les dije: Puede que yo me esté volviendo loco. Todo se ve más bello desde la ventana de un autobús.

sábado, 6 de abril de 2013

16 Toneladas

Un beso de cuchillo. Caricia de filo y goteo de pasión. De rojo pasión. De rojo. Un tajo desgarrador que va rasgando tendón por tendón cortando las cuerdas del telón dejándolo cerrar por su propio peso, en un instante. Se mancha la vista del espectador del rojo del telón. El cosquilleo de un filo, una tierna punzada. Se inundan los ojos lo blanco de rojo, todo toma un color oscuro, un rojo enfermizo. Esquizofrenia. Horror. No puedo vivir, no he de morir. Locura. Psicopatía. Vuela el alma  de una pobre criatura entre las grietas que un filoso metal ha marcado amando su cuerpo. Riega de dolor todo lo que encuentra a su paso, buscando quizás la salida, la esperanza, la vida. O busca, quien sabe, el camino más rápido hacia la muerte, olvidar el dolor, matar a la muerte. "Tranquilo... sonríe." Tiñese el suelo del color de las amapolas, del amor. Manchan sus atravesados pies el camino que recorre en busca de esperanza. Un último suspiro. Y otro último más, y otro... y otro pensando que es el último. Desando por Dios que sea el último. ¡Qué sea el último, joder! Cayendo en los brazos de la dama blanca, la dama de la noche y la ineternidad  Dejándose acariciar el rostro por los fríos dedos, por el suave filo, de la encapuchada señora. Un tacto que eriza todos los restos de piel que en su cuerpo queda, erizando toda parte fría del cuerpo que no ha sido vestida en harapos de sangre. Una caricia que va brotando tras si una huella, un rastro, un camino de sangre. Sangre... Ríe  Estalla. ¡Que rías  Tajo. Punzada. Herida. Corte. Profundo. Un frío que atraviesa costilla por costilla. ¿Tocas el frío ¿Sientes el dolor?¿Lo sientes de corazón, en él?¡Que rías te digo! Una fuente de agua roja, apagada. Una fuente viva de rosas fundidas y de rojos tulipanes. Pétalos por todas partes. Pétalos rojos, fundidos, de cera. Unos ojos que miran suplicando piedad. Esquizofrénicos.¿Sabes dónde estás, quién eres?¿Sabes lo que quieres?¿Si?¿No? Entonces... ¿Por qué temes? Un paseo de los labios por el cuello, un paseo hondo y profundo. No temas. Sonríe  Tensalos. Liberémosles. Liberar el trapecio, dar rienda suelta al músculo escaleno. Destensar la yugular interna. Chocar con el cartílago cricoides, pero bueno, que más da. Nos lo llevamos también. Un paseo de un lado al otro. Un movimiento de izquierda a derecha. Y después de arriba a abajo. Un golpe contra el suelo. Un bote, otro bote, y rodar... Tu cabeza a sus pies. Y tu cuerpo entre sus manos. Entres sus blanquecinos y congelados brazos. Los brazos del alba. Observa, atento, con tus ojos al nivel del suelo, el suelo. Observa el campo de rosas que has creado. Tulipanes, amapolas, rosas florecientes de besos, de caricias, de mimos de una daga. Un beso de la muerte. El abrazo del dolor. Obsérvalo  Se consciente. Ríete. No importa. Ya no queda de ti más que un amasijo de carnes enredadas a los brazos de tu depredador, colgando en los huesos de la muerte, de tu maestro. Eres un sucio títere... Mira a que te redimes. No eres capaz si quiera de apreciar este precios escenario que has creado, este escenario que no es más que tu. Lo has creado con tus propias manos. Es sangre de tu sangre. Lo has hecho con el amor de los besos, con abrazos, con caricias. Has besado el hierro, y sido acariciado por la escarcha. No temas. O tiembla. Tiembla, porque no queda salida. Solo espera. Quien sabe. No pienses. Espera simplemente la pisada de unas heladas falanges y metatarsianos. No temas. O vuélvete loco. Espera que tu racionalidad sea aplastada por un pie huesudo que ya ha besado todas las partes de tu cuerpo  Que ha hecho de ellas un desfile de rojas aves que revoloteaban y han anidado a tu alrededor. Aves de sangre. Alas de dolor. No esperes. O espera. No tengas miedo. O púdrete en el horror. Esquizofrénico. Paranoico. Sangrienta y melosa paranoia.

martes, 2 de abril de 2013

Borrador de un 26 un Marzo

Perdónenme críticos y lectores. Perdónenme señores que juzgan y jóvenes que enfervorecen  Perdónenme literatos que se redimen a mi simple y baja literatura. Perdónenme todos ustedes, pero de vez en cuando uno desea y necesita bajar a su mente, necesita volcarse a sus deseos y su drogada ilusión. Uno de vez en cuando necesita hacer uso de las palabras para pintar paraderos con los que sueña, escenarios en la imaginación, paisajes conjuntos. Perdóneme si le resulto... si le resulto agotador, perdóneme autor. Y gracias si me comprende, pues apuesto por que usted también así ha hecho uso de la preciada palabra. Si comprende mis deseos y mi alegría, mi sonrisa, mi entusiasmo, mis fuerzas de vivir al imaginar... Que sé yo. Su sonrisa. Sus labios. Su mirada, sus ojos, sus pupilas. A ella. Al imaginar un amanecer oscuro, unos rayos de sol que pretenden escabullir tras las nubes de una azul mañana. Un amanecer callado, una mañana tranquila, el sonido del vapor del agua ardiendo que burbujea y atraviesa la capa marrón de café molido. El sonido del caliente vapor que atraviesa por el agujero de una cafetera italiana, el burbujeo del líquido marrón al ser vertido en dos tazas. El tacto de los dedos de una mano y un cuello, el tacto de una mano en una cintura desnuda, el paseo de las yemas por su cadera. El roce de las narices. Una guitarra de fondo, baja... muy baja. Una guitarra maestra y unos labios. Unos versos y su aliento. La caricia de los labios, el mimo de la lengua y la calma. Una voz cubana de fondo, baja... muy baja. Todas las cosas que hinchan esos minutos. El silencio, la calma, la paz en el ambiente. La relajación en un despertar, la calma en nuestras manos. El caos entre los labios. En estos días todo el viento del mundo sopla en tu dirección. La Osa Mayor corrige la punta de su cola y te corona con la estrella que guía la mía. Los mares se han torcido con no poco dolor hacia tus costas. La lluvia dibuja en tu cabeza la sed de millones de árboles, las flores te maldicen muriendo celosas. En estos días no sale el sol, sino tu rostro, y en el silencio sordo del tiempo gritan tus ojos: Ay! de estos días terribles, ay! de lo indescriptible. Baja... muy baja. La brisa del mar en proa en la cara de un polizón. Tú... Rezagarse en un sillón, el péndulo de las piernas apoyadas en las mías. El silencio. Mirar, sonreír, saborear el café en sus papilas. Y nada más. El tacto de unos nudillos entre otros, sus suaves manos por mi cuello... El camino de las mías en la cintura. Dos tazas, una mañana, un café, una guitarra, unos versos. Sonreír. Estallar.