Un beso de
cuchillo. Caricia de filo y goteo de pasión. De rojo pasión. De rojo. Un
tajo desgarrador que va rasgando tendón por tendón cortando las cuerdas
del telón dejándolo cerrar por su propio peso, en un instante. Se
mancha la vista del espectador del rojo del telón. El cosquilleo de un
filo, una tierna punzada. Se inundan los ojos lo blanco de rojo, todo
toma un color oscuro, un rojo enfermizo. Esquizofrenia. Horror. No puedo
vivir, no he de morir. Locura. Psicopatía. Vuela el alma de una pobre
criatura entre las grietas que un filoso metal ha marcado amando su
cuerpo. Riega de dolor todo lo que encuentra a su paso, buscando quizás
la salida, la esperanza, la vida. O busca, quien sabe, el camino más
rápido hacia la muerte, olvidar el dolor, matar a la muerte.
"Tranquilo... sonríe." Tiñese el suelo del color de las amapolas, del
amor. Manchan sus atravesados pies el camino que recorre en busca de
esperanza. Un último suspiro. Y otro último más, y otro... y otro
pensando que es el último. Desando por Dios que sea el último. ¡Qué sea
el último, joder! Cayendo en los brazos de la dama blanca, la dama de la
noche y la ineternidad Dejándose acariciar el rostro por los
fríos dedos, por el suave filo, de la encapuchada señora. Un tacto que
eriza todos los restos de piel que en su cuerpo queda, erizando toda
parte fría del cuerpo que no ha sido vestida en harapos de sangre. Una
caricia que va brotando tras si una huella, un rastro, un camino de
sangre. Sangre... Ríe Estalla. ¡Que rías Tajo. Punzada. Herida. Corte.
Profundo. Un frío que
atraviesa costilla por costilla. ¿Tocas el frío ¿Sientes el dolor?¿Lo
sientes de corazón, en él?¡Que rías te digo! Una fuente de agua roja,
apagada. Una fuente viva de rosas fundidas y de rojos tulipanes. Pétalos
por todas partes. Pétalos rojos, fundidos, de cera. Unos ojos que miran
suplicando piedad. Esquizofrénicos.¿Sabes dónde estás, quién
eres?¿Sabes lo que quieres?¿Si?¿No? Entonces... ¿Por qué temes? Un paseo
de los labios por el cuello, un paseo hondo y profundo. No
temas. Sonríe Tensalos. Liberémosles. Liberar el trapecio, dar rienda
suelta al músculo escaleno. Destensar la yugular interna. Chocar con el
cartílago cricoides, pero bueno, que más da. Nos lo llevamos también. Un
paseo de un lado al otro. Un movimiento de izquierda a derecha. Y
después de arriba a abajo. Un golpe contra el suelo. Un bote, otro bote,
y rodar... Tu cabeza a sus pies. Y tu cuerpo entre sus manos. Entres
sus blanquecinos y congelados brazos. Los brazos del alba. Observa,
atento, con tus ojos al nivel del suelo, el suelo. Observa el campo de
rosas que has creado. Tulipanes, amapolas, rosas florecientes de besos,
de caricias, de mimos de una daga. Un beso de la muerte. El abrazo del
dolor. Obsérvalo Se consciente. Ríete. No importa. Ya no queda de ti
más que un amasijo de carnes enredadas a los brazos de tu depredador,
colgando en los huesos de la muerte, de tu maestro. Eres un sucio
títere... Mira a que te redimes. No eres capaz si quiera de apreciar
este precios escenario que has creado, este escenario que no es más que
tu. Lo has creado con tus propias manos. Es sangre de tu sangre. Lo has
hecho con el amor de los besos, con abrazos, con caricias. Has besado el
hierro, y sido acariciado por la escarcha. No temas. O tiembla.
Tiembla, porque no queda salida. Solo espera. Quien sabe. No pienses.
Espera simplemente la pisada de unas heladas falanges y metatarsianos.
No temas. O vuélvete loco. Espera que tu racionalidad sea aplastada por
un pie huesudo que ya ha besado todas las partes de tu cuerpo Que ha
hecho de ellas un desfile de rojas aves que revoloteaban y han anidado a
tu alrededor. Aves de sangre. Alas de dolor. No esperes. O espera. No
tengas miedo. O púdrete en el horror. Esquizofrénico. Paranoico. Sangrienta y melosa paranoia.
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