martes, 9 de abril de 2013
Will guide you home and ignate your bones
Y bueno... me viene a la cabeza estar tirado en una buhardilla con alguien a mi lado. Abrazadito, con esta canción de fondo. No me habría movido de ahí. ¿Volvemos? Volvemos cuando quieras. No me movería de un muro tampoco. Me sentaría sobre un muro o quizás te sentaría a ti en él y el resto de la noche, el resto de la noche lo pasaría adorando tus labios, acariciando tu cintura o susurrándole a tu cuello. Miraría a los astros, te apuñalaría con la mirada tu mirada, alabaría el silencio y sin necesidad de hablar muy alto, te agradecería. A ti. Y no me movería de ahí. Jamás. Bueno... a menos que fuese para caminar al costado de una carretera. Y caminar... y caminar.... Caminar sobre aquel negro asfalto que conduce a ningún lado. Caminaría agarrado a la cola del viento. Seguro. Amarrado a tus manos y a tus caderas. Pasearía noche y noche por tus nudillos. Me dejaría encharcar el rostro de lluvia fina y fuerte, no me importaría caminar en prendas caladas de agua. No dejaría de caminar junto al césped que crece a los lados de la ruta. Caminaría y caminaría maravillándome de tu sonrisa cada instante y cada minuto. Caminaría junto a un muro alto del que yo juraría que es había sido una fortaleza, aunque una señorita apostaría por que fuese una propiedad. Caminaría hasta llegar a dos desnudos y deshojados percheros de hojas del que adivinar si es el origen de un trinar. Caminaría y caminaría y caminaría. Bueno... tal vez me metería en el recoveco de una calle donde conocí la oscuridad más oscura de las más oscuras oscuridades, donde hice de varios minutos un instante fugaz. Un instante que terminó sin haber comenzado si quiera. Un instante simplemente bello. Un instante en el que mi vista murió. Mi oído se volvió de pronto inútil Un instante donde solo puede valerse uno del tacto y de la intuición temporal, que a veces falla. Pero claro... ¿Qué más necesita uno? Quizás seguiría caminando. O tal vez saltaría. Saltaría tras caminar por senderos de tierra entumecida y húmeda, por caminos de barro flanqueados de pasto y lagunas, crías de la lluvia. Tras caminar por trazos marcados en el suelo por cúmulos de piedra, y al llegar a un desnivel bordeado por ortigas, saltaría. Tú bordearías el desnivel, lo sé. Y donde encontrases un desnivel más nivelado, saltarías. Recuperarías la postura de caminar, darías un paso, torcerías y caerías. Y ambos reiríamos. Pero no me movería de ahí. Me tenderías la mano. Te levantaría, mientras riésemos. Y te besaría, aunque la lluvia arreciase. Después... Si, bueno. Después quizás caminaríamos por las calles perdidas de un macizo de hogares de pizarra cuyo nombre a nadie importa. Recuerdo sostener en mi mano cuatro cartas de una baraja española con cuatro personas a mi alrededor, aunque seguro que había más. Recuerdo sostener cuatro cartas en mi mano derecha y mirar al frente a mi compañero, y en ocasiones a mi derecha, a mi oponente, para que no le pasase ninguna seña a mi oponente de mi lado izquierdo. Eso suman tres personas recordadas. Recuerdo que en ese momento jugaba yo a aquello. Pero no era lo que me importaba. Parecía que importaba el juego, el azar o la victoria. Recuerdo un rostro apoyado en mis piernas cruzadas. Una figura, una sonrisa, que reposaba acurrucada, transformada en un ovillo recovequeado, con los ojos prietos y la cabeza en paz. Eso suman cuatro personas recordada. Recuerdo mirar su nariz, sus pestañas, sus pómulos, su boca. Paseaba con mis dedos, con el dorso de mi mano por su dorsal, acariciaba su cintura. Jugaba al juego, sostenía cuatro pedazos de cartón fino en mi mano derecha. Pero sonreía en ella. Caminaba mi mano por su cintura sin rumbo, sin destino. Sin destino más que una sonrisa. Paseaba por su cuerpo reposado en mis piernas. Sonreía, no me veías tenías los ojos cerrados. Pero sonreía. Te tenía abrazado. Y ¿sabes? No me habría movido de ahí.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario