lunes, 8 de abril de 2013

A cierto chico de un autobús

Puede ser que yo me esté volviendo loco. Todo se ve más bello desde la ventana de un autobús. Podría contarles mi urbana travesía. O podría no hacerlo. Me estoy volviendo loco. Sería lo que les diría si supiese que me estoy volviendo loco. Podría estar volviéndome loco. O podría no estar volviéndome loco. Quien sabe, puede ser. Pudiera ser que hubiese tenido la imperiosa necesidad de agarrar un algo con lo que escribir y lo hubiese hecho. O pudiera ser que escribiese por encargo. O que fuese un proyecto académico en el cual tuviese que escribir un texto en el cual llenase de incertidumbre al lector a base de comentar varias posibilidades de lo sucedido sin confirmar ninguna. O pudiera ser que este texto no fuese mio. O pudiera ser que este texto solo fuese un texto. Podría ser que el lector simplemente leyese estas palabras y disfrutase. Podría ser que no rebuscásemos las cosas, que simplemente disfrutásemos de los momentos, de aquello que nos rodea. Que pudiésemos ser capaces de romper, frenar, cortar, parar, aflojar, abandonar, detener, relajar, soltar, calmar. Y de hacerlo sin remordimiento alguno, sin volvernos adictos ni dependientes de ello tampoco. Pero poder frenar y darnos cuenta de cuantas cosas bellas se iluminan a nuestro paso y como no las concedemos si quiera un titileo, un destellito, una chispa. No sé, quizás la vida debiera ser eso. Una maravilla. Una maravillación simple, sutil  sencilla. Se me ocurre (ya les he avisado que tal vez me esté volviendo loco) que podríamos hacer de la vida algo simple y precioso. Que no debiéramos complicar tanto su simpleza. Que deberíamos sentarnos al fondo de un autobús, recostarnos, despojar nuestra mente de todo y gozar. Simplemente pensar en... ¿Nieve? Pues nieve. ¿Árboles? Pues que florezcan árboles. ¿Aves? ¡Que vuelen las aves! Que brote de nuestra cabeza el placer de ser personas, de poder sonreír  Que sean flechas la luz, las sonrisas, las nubes, los árboles, el césped  Que sean flechas que se ensarten en nuestra cuadriculada y manipulada mente. Seamos personas. Atrevámonos a hacer de la vida algo simple. Humilde y hermoso. Saltemos. No hay forma más simple de simplificar la vida que apreciando lo simple. Porque es en lo simple en donde se encuentra lo esencial, y en lo esencial lo bello. Y en lo bello la vida, y en la vida, quizás a uno mismo. Ya les dije: Puede que yo me esté volviendo loco. Todo se ve más bello desde la ventana de un autobús.

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