jueves, 29 de noviembre de 2012

Ser céntrico-observador

Debía estar sentado en un aula por aquel entonces, hablando del colonialismo europeo. Pero hay momentos en los que uno necesita ser libre. Hace recientemente poco había mantenido un debate a cerca de la libertad. Yo opinaba que conocer el concepto de libertad conlleva negar el máximo exponente de la misma, pues ya condiciona nuestra actitud y el futuro de nuestras acciones. Tal vez no en el máximo exponente, pero la libertad inflaba mis pulmones.

  Estaba sentado en medio de una calle muy grande de cuatro carriles, dos a cada lado, y en medio un paso peatonal con muchos arboles, las hojas del otoño recién lloradas, esparcidas y alfombrando el suelo verdemente húmedo. Y a los lados del parque, un poco en pendiente, un césped manchado de hojas rojas y naranjas. Y en medio de ese festival de colores un cuerpo que sostenía en la diestra un lápiz y en la siniestra un papel. Los coches pasaban frente a mi, los autobuses, los ciclistas, los trabajadores y los estudiantes. Uno se siente raro quieto, sentado en medio de tanto movimiento. Era una carcajada mental. Todas las cabezas de la ciudad aturdidas de objetivos, prisas, ordenes... y uno se sienta entre las hojas a escribir. Era como un coma siendo consciente. Solo estaba yo, el jazz, el papel y las ganas de escribir. Ni el estudio, ni los objetivos por cumplir, ni ella. Bueno, ella siempre estaba, pero ahora no podía confundirme.  Tenia el lápiz por espada, y papel por escudo. Pero no me hacían falta. Uno de vez en cuando es libre, tiene que escucharse, y olvidar el resto. ¿Su sonrisa? Efectivamente, preciosa. Como palpar la libertad.

Sepan los nacidos,
y los que van a nacer,
que nacimos para vencer,
y no para ser vencidos

martes, 27 de noviembre de 2012

Blue skys for pain




Renunciaste al placer de que hablásemos  Aunque estaba claro que para ti, más que placer, era una carga. Yo seguí con mi promesa flamante y firme. No ha habido día en que no te haya recordado. No ha habido un misero día en que no lo haya hecho. A veces mis lágrimas me suplicaban cansadas que no vertiese más por ti. A veces mis rodillas se quebraban, y mis puños se cerraban. Sin que yo pudiese hacer nada. Sin que nada pudiese hacer....  Renunciaste a que volvieses a sonreírme  Renunciaste a tantas cosas.....  Ay, de mi. Ay del destino y de... no lo sé. Sigo guardándome todos los versos que te escribí en mi cajita, sigo guardando tantas cosas por ti... A... Ad.... Además.... No hay nada de más. Creo que no. A veces me cuesta decir las palabras, si pienso en ti. Alguna vez, confieso, he abierto la cajita, no para meter ningún papel con versos nuevos, si no para sacarlos y ver, y leer, oler, volver a leer como me sentí. Como de engañado me tenias. Era tan feliz... Y yo creía ¡Lo creía, de veras! Creía que esta vez no sería la rosa de hojalata, ni el corazón de papel. Supongo que a veces nos equivocamos.  Creo que tú, tú y tus labios y tu sonrisa, fuisteis mi mayor equivocación. En ocasiones me gusta pensarte tirada en mi cama riendo desairada... sin respiración ni motivo por el que reír. Simplemente haciéndolo 

Renunciaste a que nos viésemos a solas, a que te llevase por Sol, caminando, pasito a paso, un ratito caminando y otro poquitito a pie. ¿Renuncié? No. No, desde luego. Desde luego ningún ilusionado renunciaría perseguir esos ojos. Sigo guardando mis versos, y sigo recordando ese primer beso que nunca te dí. Sigo recordando cogerte de la mano una noche fría y cubierta de neblina, caminar e irte haciendo brisa poco a poco... Sigo guardando las caricias por tu cuello, ese cuello que mi mano nunca llegó a tocar. Sigo adorando el olor de tu perfume en mi chaqueta, esa chaqueta que nunca me puse, la esencia de ese perfume que jamás olí. Sigo deseando tu nombre, sigo anhelando el cariño de tus palabras, claro que no se puede anhelar lo que nunca se fue. Claro que.... claro que, no se puede ir lo que nunca llegó.

                             Sigo guardando mis versos tuyos. Sigo esperando que vengas un atardecer a pronunciarlos en mi boca.  

jueves, 22 de noviembre de 2012

Como que a veces no

-¿Sabes esa sensación de querer ponerte las zapatillas coger un jersey, un gorrito bajar al portal, y echar a correr calle abajo? Si, coño, o cuando dices: me cojo la bici y me voy hasta algún pueblo perdido a las afueras de Madrid. La conoces, ostia, seguro que la conoces. Querer salir encapuchado a la calle a hacer el cabrón. Como si no hubiese mañana.... o como si lo hubiese, pero que al salir de casa, con las manos en los bolsillos de la sudadera, las ventanas de los coches rotos, los buzones chamuscados y el asfalto pintado de blanco y rojo. Y todos los vecinos preguntando"¿Quién habrá sido el gamberro?", "Cuando yo era joven..."- decía con tonos ridículos mientras me reía.
-Estas enfermo..- sonreía ella.
-¡Eh! ¿Enfermo quién?- Y estallaba en carcajadas.- Ay,Dios.... ¡Truenos!.... ¡Bombas!.....¡Guerra!
-Alex...- Me decía ella. Ella siempre con su discreción y su finura y su... su forma. Me acerqué a ella. Le puse el rostro a medio palmo de la cara. Sentía su respiración en mi barbilla, y ella sentiría la mía en su nariz.
-Atrévete... atrévete a ser bomba. A ser trueno, a estallar guerra.
Le puse mis labios a media micra de los suyos. Sentía su humedad en mi lengua, y supongo que ella sentiría la mía en la suya. Cosía con la hilandera de sus palabras.

A veces no hace faltar romper la luna de un coche para oír un cristal romperse  A veces no es necesario ser rey para dominar el mundo.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

15

-Hola. ¡Hoy vengo a daros las buenas noches!- Respiró hondo y estalló en carcajadas. Allí se encontraba él, omnipotente, supremo. A sus 15 años no necesitaba otra cosa que un concierto de petardos, un mechero, algo más de pólvora sin comprimir y el techo de una gasolinera. Lucía sus habituales zapatillas blancas que con el tiempo, el desgaste y el correteo por las calles se habían vuelto grises. Sus vaqueros negros, gastados y con algunos agujeros a la altura del tobillo Su jersey gris y el gorro negro de lana, luciendo en la cabeza.

         La fuerza con la que sopla el viento en febrero, el ruido de un trueno en una noche callada y estrellada, la presión del agua contra las paredes de un embalse, el corte de un hachazo en un arbolillo quedan muy por detrás del deseo adolescente. Esas ganas de... correr a la deriva, golpear una piedra contra un cristal y reír  fumar un cigarro y vigilar, hacer el amor y besar. A Robert solo le hacían falta un par de espectáculos de fuego. Y una chica por supuesto.
 

Caminaba por las ruidosas tejas de aluminio que hacían de techo en la gasolinera de la esquina que daba a la autopista. Desperdigaba lentamente la pólvora por los bordes del techo y cada 3 pasos dejaba la mecha de un petardo tocando la pólvora, para después disfrutar de su concierto. 1,2,3...... Era como un cosquilleo a cámara lenta. El sonido de la pólvora cayendo por los bordes de metal del techo. Era como rascar larga y lentamente la superficie te una darbuka. Y correr haciendo ruido del fin al inicio, y prender son su manchado zippo la cola de pólvora. Correr. Y besar los labios de ella y explotar los oídos con un concierto de pólvora, luz y cariño. Besos. Y truenos. Y roce. Bramido. Y cuerpo, y piel, humedad y deseo. Y estruendo. y brillos. La fuerza de un relámpago se queda atrás...


viernes, 9 de noviembre de 2012

Enciendo una vela, ni en nombre de Dios, ni en nombre del diablo

-Tu jugaste conmigo, y te sigo queriendo. Quiero a una persona, te quiero a ti, no a un cumulo de virtudes. Sabes que te quier...

Sintió el seco golpe de la mano tiesa en su mejilla. Ella estaba apoyada en la cristalera que cubría las escalera de la vieja estación de trenes. La zona estaba medio transucrrida. La noche ya había caido hace bastantes minutos, y seguía cayendo al compás de las gotas. Su pelo se mojaba, el de él. Su flequillo iba  pegandose a la frente y las gotas pasaban por entre su pañuelo y su sudadera. Notaba el frío de las gotas cayendo por su espalda. Vió antes que nada, su rostro. Como apretaba la mandíbula y como cerraba los ojos. Como movía el hombro y hacia impactar la palma de su zurda mano en su mejilla. Un vidrio al suelo. Notaba como todo el poco calor que tenía en su cuerpo se concentraba en su mejilla. Quieto. Rígido. Duro. Quieto. Seguía en esa postura. Con los ojos cerrados. Más lluvia. 

- Dame otra...- decía en suspiros- Dame otra si necesitas para saber que te qu....- Otro vidrio al suelo.

Su cara estaba caliente. Es duro ser abofeteado por alguien a quien amas. Por alguien que ha jugado contigo, y por quien has llorado, y sonreído. Es duro. Mantenía sus manos en los bolsillos de la 
sudadera, como había hecho antes de todo el discurso. Su rostro estaba rojo. Ella mantenía los ojos cerrados. Sus ojos y los puños de él eran iguales. Prietos. Apretados. Unidos. Livianos. Apretados.

Es duro. Es duro recibir un golpe, y sentir la humedad de sus labios. Y sentir una lágrima que no es tuya rozando tus mejillas. Es precioso y es duro. Es horrible y suave. Es el precio de querer a alguien. Es el coste de no tener claro. Ni tu, ni el, ni yo, ni ella. Es el coste de amarte. Es el precio de ser querido. Es el golpe, y el beso pedido

sábado, 3 de noviembre de 2012

Mira con mis ojos

La vida es un pozo, me decía Jack. Los pozos pueden estar en muchas zonas: bosques, montañas, llanuras, costas... Jack me decía que no es igual de fácil sacar agua de un pozo costero que uno en medio de un bosque, pues en la costera con un metro y medio de profundidad, ya asomaba el agua, no obstante en el bosque...
 Jack siempre me repetía con las mismas palabras que " no hay tierra de la que no emane agua". A veces, decía, sale agua dulce, y otras veces salada. De algunos pozos solo puede sacarse agua turbia y manchada, y de otros, limpia y cristalina. El agua que se obtiene de algunos pozos, me decía, es más puro que el blanco, pero otras aguas, son mas barro que agua. 
Pero siempre hay agua, remarcaba Jack, siempre. La vida es un pozo, pero lo que de verdad importa, lo que importa, de verdad, marcaba Jack, lo que hace a un pozo tener valor, lo que le hace valioso es el agua. Un pozo sin agua deja de ser un pozo y se convierte en un hueco, un agujero, una excavación. Y la vida es un pozo, me decía Jack.