-¿Sabes esa sensación de querer ponerte las zapatillas coger un jersey, un gorrito bajar al portal, y echar a correr calle abajo? Si, coño, o cuando dices: me cojo la bici y me voy hasta algún pueblo perdido a las afueras de Madrid. La conoces, ostia, seguro que la conoces. Querer salir encapuchado a la calle a hacer el cabrón. Como si no hubiese mañana.... o como si lo hubiese, pero que al salir de casa, con las manos en los bolsillos de la sudadera, las ventanas de los coches rotos, los buzones chamuscados y el asfalto pintado de blanco y rojo. Y todos los vecinos preguntando"¿Quién habrá sido el gamberro?", "Cuando yo era joven..."- decía con tonos ridículos mientras me reía.
-Estas enfermo..- sonreía ella.
-¡Eh! ¿Enfermo quién?- Y estallaba en carcajadas.- Ay,Dios.... ¡Truenos!.... ¡Bombas!.....¡Guerra!
-Alex...- Me decía ella. Ella siempre con su discreción y su finura y su... su forma. Me acerqué a ella. Le puse el rostro a medio palmo de la cara. Sentía su respiración en mi barbilla, y ella sentiría la mía en su nariz.
-Atrévete... atrévete a ser bomba. A ser trueno, a estallar guerra.
Le puse mis labios a media micra de los suyos. Sentía su humedad en mi lengua, y supongo que ella sentiría la mía en la suya. Cosía con la hilandera de sus palabras.
A veces no hace faltar romper la luna de un coche para oír un cristal romperse A veces no es necesario ser rey para dominar el mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario