Renunciaste al placer de que hablásemos Aunque estaba claro que para ti, más que placer, era una carga. Yo seguí con mi promesa flamante y firme. No ha habido día en que no te haya recordado. No ha habido un misero día en que no lo haya hecho. A veces mis lágrimas me suplicaban cansadas que no vertiese más por ti. A veces mis rodillas se quebraban, y mis puños se cerraban. Sin que yo pudiese hacer nada. Sin que nada pudiese hacer.... Renunciaste a que volvieses a sonreírme Renunciaste a tantas cosas..... Ay, de mi. Ay del destino y de... no lo sé. Sigo guardándome todos los versos que te escribí en mi cajita, sigo guardando tantas cosas por ti... A... Ad.... Además.... No hay nada de más. Creo que no. A veces me cuesta decir las palabras, si pienso en ti. Alguna vez, confieso, he abierto la cajita, no para meter ningún papel con versos nuevos, si no para sacarlos y ver, y leer, oler, volver a leer como me sentí. Como de engañado me tenias. Era tan feliz... Y yo creía ¡Lo creía, de veras! Creía que esta vez no sería la rosa de hojalata, ni el corazón de papel. Supongo que a veces nos equivocamos. Creo que tú, tú y tus labios y tu sonrisa, fuisteis mi mayor equivocación. En ocasiones me gusta pensarte tirada en mi cama riendo desairada... sin respiración ni motivo por el que reír. Simplemente haciéndolo
Renunciaste a que nos viésemos a solas, a que te llevase por Sol, caminando, pasito a paso, un ratito caminando y otro poquitito a pie. ¿Renuncié? No. No, desde luego. Desde luego ningún ilusionado renunciaría perseguir esos ojos. Sigo guardando mis versos, y sigo recordando ese primer beso que nunca te dí. Sigo recordando cogerte de la mano una noche fría y cubierta de neblina, caminar e irte haciendo brisa poco a poco... Sigo guardando las caricias por tu cuello, ese cuello que mi mano nunca llegó a tocar. Sigo adorando el olor de tu perfume en mi chaqueta, esa chaqueta que nunca me puse, la esencia de ese perfume que jamás olí. Sigo deseando tu nombre, sigo anhelando el cariño de tus palabras, claro que no se puede anhelar lo que nunca se fue. Claro que.... claro que, no se puede ir lo que nunca llegó.
Sigo guardando mis versos tuyos. Sigo esperando que vengas un atardecer a pronunciarlos en mi boca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario