viernes, 27 de junio de 2014
Donde quede alguna flor
No recuerdo la cena, no recuerdo ni el planeta. Solo recuerdo que entonces, solo entonces te sentaste en el borde de mi cama, y ahora todo tu olor se burla de mí dando tumbos por mi cuarto. No recuerdo ni tu número, ni tu nombre; no me hace falta. Solo recuerdo que la noche te cubrió en su manto y tú, presa en su misterio, te fuiste, te dejaste ir. Solo recuerdo que ya no puedo volver a dormir, y que salgo a pasear por dentro de mi, y de pronto allí estás tú, acariciando mi interior. Ya no recuerdo cuál era la melodía que aquel instante retumbaba en las paredes de mi cuarto, pero recuerdo el timbre de tus palabras. Recuerdo a las sirenas envidiosas y al Ulises arrodillándose ante ti, ebrio, borracho, cegado de tu voz. Recuerdo tu juventud sobre mi somier, sobre donde debería dormir en lugar de pasar la noche en vela recordando tu olor inyectado como un dardo en mi sien. Te recuerdo desnuda y joven, hermosa y liviana, como el vaho y el marfil. No recuerdo ni los pasos, ni el trofeo. No recuerdo ni siquiera el color del mar, ni el gusto del monte al despertar, pues hace mucho que no duermo, hace mucho que te espero. Hace tanto ya de eso, que solo yazco aquí, acostado, envuelto en la noche y en tu etéreo candor, bajo tu imagen sombría y gris; mirando las nubes oscuras del crepúsculo y pensando, cuándo volverás...
miércoles, 11 de junio de 2014
Por volver a ver...
Diviso a lo lejos un horizonte que mezcla los colores de la sangre y de la miel, pues solo la sangre es mas dulce que la miel. Miro a lo lejos y veo él ojo de oro fundirse en la masa azul y dorada que se ondula bajo el peldaño de tierra, y observo irse con el toda la lluvia y todo el malecón. El viento sigue golpeando y demoliendo todo lo que encuentra a su paso, como soplado por el astro de gigantes frente a mí hundido entre olas y mareas, entre lunas de plata que golpean mi pecho, entre pellizcos de cristal mascado por las pestañas. Observo como la tierra a mis pies comienza a brotar de un verde vivo cual criatura y cual silencio, pues solo el silencio vive el máximo más que las criaturas. Crecen de la tierra que antaño fue piedra abrasada tallos y ramas de florido vergel como colibrí sobre albatros, como ruiseñor bañado en báquico rubí fundido. Florece del viento una alegórica canción que atrae a mis pies el agua destruida de los puños embravecidos de la cantera de las sirenas. A poco me desequilibro, pues una centella atraviesa de pronto mi ser y un tronido ensordecedor retumba en mi interior. Miro hacia abajo y observo mi reflejo a millas de mi, miro el destino fatal de piratas ebrios que mas suerte no tuvieron a la hora de amarrar. Encuentro al borde del acantilado tímidas ninfas escondiéndose desnudas, transparentes, entre las curvas del espejo azul. Miro de pronto alto y observo el cuello de una botella reluciente colgada del techo y veo en su aurora oscura y nublada punzadas de las lanzas del rey Midas, de las saetas de la luz y de tu mirada lasciva y tu rostro vengativo. Pues tan solo tu mirada y tu rostro brillan mas que la propia luz, que las míseras estrellas.
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