miércoles, 11 de junio de 2014
Por volver a ver...
Diviso a lo lejos un horizonte que mezcla los colores de la sangre y de la miel, pues solo la sangre es mas dulce que la miel. Miro a lo lejos y veo él ojo de oro fundirse en la masa azul y dorada que se ondula bajo el peldaño de tierra, y observo irse con el toda la lluvia y todo el malecón. El viento sigue golpeando y demoliendo todo lo que encuentra a su paso, como soplado por el astro de gigantes frente a mí hundido entre olas y mareas, entre lunas de plata que golpean mi pecho, entre pellizcos de cristal mascado por las pestañas. Observo como la tierra a mis pies comienza a brotar de un verde vivo cual criatura y cual silencio, pues solo el silencio vive el máximo más que las criaturas. Crecen de la tierra que antaño fue piedra abrasada tallos y ramas de florido vergel como colibrí sobre albatros, como ruiseñor bañado en báquico rubí fundido. Florece del viento una alegórica canción que atrae a mis pies el agua destruida de los puños embravecidos de la cantera de las sirenas. A poco me desequilibro, pues una centella atraviesa de pronto mi ser y un tronido ensordecedor retumba en mi interior. Miro hacia abajo y observo mi reflejo a millas de mi, miro el destino fatal de piratas ebrios que mas suerte no tuvieron a la hora de amarrar. Encuentro al borde del acantilado tímidas ninfas escondiéndose desnudas, transparentes, entre las curvas del espejo azul. Miro de pronto alto y observo el cuello de una botella reluciente colgada del techo y veo en su aurora oscura y nublada punzadas de las lanzas del rey Midas, de las saetas de la luz y de tu mirada lasciva y tu rostro vengativo. Pues tan solo tu mirada y tu rostro brillan mas que la propia luz, que las míseras estrellas.
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