sábado, 31 de mayo de 2014
Continuity
Últimamente no escribo. Me limito a asomarme a las barandillas de los puentes y enfadarme con las estrellas y gritarle a las nubes. Lo cierto es que me asomo insomne a deambular por las calles fúnebres de esta moribunda ciudad cuando muere el día y cuando muere la noche. Cuando el tiempo enfermizo no da mas de si y se hunde y entumece en su trono de varón, cuando nadie lo respeta. Me arrincono y me cohíbo a mirar el cielo negro y a añorar mi soledad, y a refugiarme en mi. Ya he dejado de ser tan yo que hasta la noche me atraviesa vacío con su lanza de silencio, porque mas callada que mi alma se han vuelto mis palabras. Ya no bordo, ya no hilo, ya no coso las palabras como solía hacer. O como alguna vez creí que hacia. Quizás no. Tal vez nunca lo hice. La noche me vacila y me marea, y el frío petrifica mis piernas y mi cabeza; estática, destruye las palabras, ya no crea, ya no genera, ya no da vida. Últimamente me limito a ver el humo bailar a lo alto de mi jardín y deambulando por el aire, danzando entre espectros de miseria y halos de la aurora eterna de la luna. Cuya aura no se apaga. Cuya voz siempre calma. Y, calma, asoma a la ventana y destruye mi somier. Caigo hondo, la tinta me arde en los ojos, derramada, y me ciega de su negro cristal. No. Tiéndeme la mano. Tiéndemela y no me dejes caer. No me dejes hundirme en este mar de naipes. De tréboles y picas.
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