miércoles, 7 de mayo de 2014

Finale

El hueco detrás de las bambalinas es un lugar lleno de misterios.
Algunos hemos conocido el misterioso sonido de las bisagras de unas puertas abriéndose de par en par en una sala de teatro donde el neurótico silencio se arrastra butaca a butaca, rincón a rincón. Y de pronto cae un telón de ruido que lo aniquila, entre carcajadas y comentarios de un público que corre lento a ocupar su aterciopelado trono. Es un paisaje curioso: una cortina de honda negrura y de altiva dimensión que cubre las espaldas al escenario y tras ella deja dos pasillos de oscuridad agitado con complicidad y nervio. Cuando uno levanta la cabeza, y observa el techo invisible del que cuelga la tenebrosa lona, intenta recordar las frases adjudicadas a su papel, a su rol a su… Pero de pronto no. De pronto uno se descubre absorto en el pensamiento lejano de una novela por escribir, o un cuadro por pintar, una exposición por inaugurar. Y sin embargo está allí. Tras la tela perpetua está su ser, su cuerpo y su alma; aunque uno permanece tras las bambalinas. Nadie lo ve, nadie lo juzga. Nadie sabe su rostro. Llegará la hora festiva de degollar la línea divisoria entre el anonimato y la evasión, sin duda alguna llegará. Pero mientras, cabe la espera desnudo tras ese vestido de noche parda e innerte.
De pronto todos ocupan sus cómodas posturas entren las gradas y balcones, todos miran de acá para allá comentando con sus acompañantes Dios sabe qué. Un torbellino de voces arrasa la sala; un huracán tremebundo arranca de la faz de la tierra la calma; un tifón de molestas conversaciones acribillan el silencio. No. Detrás del escudo de pizarra, tras el acero negro todos seguimos invisibles, ocultos, rechazados. Suenan voces de un mundo al que uno ya no pertenece. Se oyen ruidos extraños, vociferaciones y berridos que trituran el silencio. No. De pronto todo cambia. De pronto la infinitud de lo etéreo se cierne sobre todo, lo ahoga. Pero la eterna capa negra sigue colgada. Entonces… Humo.

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