domingo, 17 de febrero de 2013

Discurso acerca del Hundimiento del corriente y Derecho de desobediencia

Hoy, quizás a decepción de varios, vuelvo a escribir un "ensayo" político, más bien social.  He aquí su comienzo:

Ha sido observable el hecho de que últimamente han abundado en la capital varias manifestaciones, sobre todo las de carácter público, es decir, todos aquellos sectores públicos que se han visto afectados por la alternativa tomada por el gobierno de reducir el gasto público en vez de crear nuevos planes que conlleven al crecimiento económico, principalmente: la educación, la sanidad y el transporte.

1. Ley del permanencia o hundimiento del corriente:
       Existe una certeza como es la del gasto de importancia y exaltación cuando los actos se repiten y se vuelven cotidianidad. Cuando un hecho extraordinario se vuelve común, ordinario, forma parte de una rutina, y cuando ente este hecho extraordinario se le encuentra una respuesta favorable o al menos neutralizadora, es cuando no solo deja de ser extraordinario, si no que además, deja de ser un problema, algo a cerca de lo que reflexionar y plantear soluciones. Esta perdida de valor de los hechos extraordinarios es fuertemente progresiva, esto es, la perdida de valor de este acto, siempre que sea realizado de forma prácticamente idéntica a la vez anterior, será mucho más grave la sexta vez con respecto a la quinta, que la tercera con respecto a la segunda, llegando así a un punto en el que estos hechos pierdan absolutamente todo su valor volviéndose en una rutina que causa indiferencia. Esta ley de permanencia o hundimiento del corriente es, bajo todos los puntos de vista, aplicable a las manifestaciones que toman lugar en la capital de la nación. Excepto la manifestación minera, realizada el curso pasado, ninguna otra manifestación ha obtenido una respuesta clara en beneficio de quienes se manifestaban. Esto se debe a la ley de permanencia o hundimiento del corriente. Las manifestaciones, a pesar de haber variado de lugar, de oyente, de sectores, de manifestantes y de cambios a pedir, siempre han seguido una misma linea que no ha sido satisfactoria, ya que, no solo se ha vuelto rutina, si no que por encima de ello, han sabido ser respondida por el gobierno, tristemente, a base de golpes que callan. Es por eso que necesario un método innovador de manifestación, un método que sea extraordinario y que evite caer en la rutina, en lo monótono y lo indiferente, un método que quizás sea: responder a su respuesta; o cambiar de base. Prevenir esos golpes que callan a base de manifestaciones preparadas para la defensa, nunca para la ofensa, pues el fin de estas manifestaciones ha sido siempre un progreso social, un fin bastante incompatible con la violencia. Hacer un cambio de base, erradicar las manifestaciones y buscar otros puntos de petición más fuertes, aunque tal vez menos visibles, como cartas al congreso o peticiones populares firmadas por el pueblo y su ciudadanía.


2.Derecho de desobediencia y efectividad:
        Con el fin último de beneficiar a los habitantes y satisfacer sus necesidades, atender a sus problemas y crear una situación de bienestar, se consiente el derecho de desobediencia y efectividad. Aclaración ejemplificada: irrefutable es que ciertos sectores como son la sanidad, el transporte y la educación, están sufriendo reducciones de efectividad. Pero también es cierto que esta efectividad puede recuperarse ya que la cantidad no es proporcional a la calidad, aunque si que colabore, pero la calidad es independiente, por ejemplo: el transporte subterráneo de la capital ha sufrido un aumento en las esperas, ergo, una perdida de velocidad de transporte, una medida tomada por el Consorcio de Transportes, dirigida por el gobierno español. No obstante quienes conducen los vagones del Metro de Madrid son ciudadanos. Con el fin último de aventajar a los ciudadanos, estos conductores tienen el derecho de desobedecer a las ordenes superiores y aumentar la velocidad, de modo razonable, del transporte con el fin de aumentar la efectividad de su trabajo, en vez de acomodarse en el mínimo y la obediencia. Otro ejemplo podría ser el engordar  de las listas de espera de los centros de sanidad de la capital. Es cierto que un médico tiene ciertas horas a cubrir en el hospital, pero es también cierto que nadie debe negar el derecho a permanecer en el centro durante más tiempo con la finalidad de hacer uso de su sabiduría y aplicación para curar a pacientes, ciudadanos que necesitan de su ayuda. Probablemente la gran mayoría encontrará a este derecho de efectividad y desobediencia el planteamiento de la no-remuneración, el trabajo que no es recompensado. Más allá de la recompensa humana de saber que uno es útil para ayudar a una persona que necesita de nosotros, esta desobediencia que persigue como último fin el beneficio ciudadano no es remunerado inmediatamente, pero si que permite a los ciudadano, y a los que han ejercido este derecho de desobediencia y efectividad, cambios en remuneración del trabajo voluntariamente aceptado, un cambio que, siempre y cuando se haya empleado este derecho para su fin establecido, será ampliamente apoyado por todos aquellos ciudadanos que se hayan visto ayudados y tratados gracias a la desobediencia y eficacia, gracias al no  derrochar sabiduría y conocimiento. Ante el planteamiento, y el intento de hundir este derecho, de las personas que creen que este derecho atenta contra los puestos de trabajo, que facilita el despido y el desempleo, planteo el olvido de estas personas de recordar que este derecho es implantado con el fin de beneficiar al máximo, y de la mejor forma posible, número de ciudadanos. Supongamos que esta situación ocurre: masivamente son despedidos todos aquellos trabajadores que han empleado su derecho de desobediencia con el fin de aumentar la eficacia de sus trabajos. Ante este hecho obtendríamos una conclusión de índole preocupante:

        Estamos siendo dirigidos y ordenados por aquellos que no comparten este interés por el máximo aprovechamiento de la inteligencia, el conocimiento y la efectividad. Obtendríamos la certeza de que no se desea, no por lo menos quienes toman el poder, el beneficio de la gente, no se desea que el pueblo aspire al máximo por el que puede aspirar. Que cree en la eficacia, no apuesta por la inteligencia y la efectividad. Obtendremos las conclusión de que no importan ni la eficacia ni el tratamiento de las necesidades de la gente, colectivo del cual formamos todos y cada uno de los seres humanos.


Es justo por esta causa por la que el derecho de desobediencia y efectividad ha de ser puesta en marcha, siempre con el fin último de ofrecer el máximo beneficio a los ciudadanos por parte de los trabajadores, de aquellos que poseen conocimiento y experiencia para tratar las necesidades.







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