jueves, 7 de febrero de 2013
Couldn´t drag me away
Caminar por el bosque, correr bajo mantos y cúpulas de verdes hojas. Bajo la vigilancia de aves y de la aurora. Observar. Observar los pequeños surcos en la talla de las maderas, las huellas del tiempo en las cortezas de los árboles. Las tímidas ardillas que a mi se acercan para pedir frutos, las desventuradas criaturas que me merodean por el hecho de compartir unos instantes de vida. Porque es sano. No pensar y tener certeza. Correr sin la preocupación de tener que llegar a un destino. Pero saber que está ahí. Tal vez sea lo precioso de las marchas bajo los árboles, que no hay meta. Que no hay prisa por llegar. De hecho, no hay donde llegar. Solo un camino que recorrer, sin prisa. Que recorrer a tu elección, pudiendo retroceder, correr, detenerse, sentarse y pensar. Un camino donde dejarse pintar por el olor de las pasiones, donde acariciar el vello del suelo, los verdes filamentos. Un sendero donde gemir junto a los dedos del viento que sujetan tu cuello para besar tu mejilla. Un abismo verde al que gritar, donde descabellarse y perder los estribos, dejar los caballos salvajes y furtivos. Donde todo importe entre poco y nada. Todo excepto tu sonrisa. Y la mía. Un sendero en el que levantar el polvo de la arena con cada pisada. Ese bosque donde... no se si te he contado ya, pero lo importante no es dejar huella de nuestros pies en el barro, es que cada una de esas pisadas se den con decisión. O no, mejor. Mejor con espontaneidad. Pero donde no nos importe que esas huellas vayan a permanecer. ¡Que importa que las borre la lluvia! Lo importante fue darlos... Un camino por los que ir abrazados de las manos, y cubiertos de paz. Un camino en el que revolcarnos, donde pelear a caricias y morir a vivencias. Un lugar donde... Donde estar, y ser, y despojarnos de lo malo. Un lugar donde el marrón de mis ojos haga juego con el negro de tus pupilas. Donde mis palabras no huyan de tu mirada. Ni la mía de las tuyas. Un lugar donde caminar no sea fin, si no medio.Un lugar hermoso y desprotegido, un lugar improvisado, un lugar que descubrir al caminar. Un sitio en el que correr eufóricos, maravillarnos de los tonos de verdes y marrones y grises y negros que esconden las plantas. Un bosque en el que ser caballos salvajes. Salvajes, libres. Donde ser felices no sea una opción. Un lugar en el las elecciones, las opciones, el planteamiento, la planificación... donde la estructura se erradique. Un lugar por el que merodear y correr. Correr sin temer una pared contra la que chocar. Sin una meta que ansiar llegar. Pero eso si. Con una sonrisa al fondo. Con tu sonrisa. Con tu sonrisa como lema y tu ojos como bendición. Contigo por seguro, Y el resto.... Que más da.
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