Probablemente no sepas quien soy. No importa. Probablemente haya ruido en la calle ahora mismo, ambulancias tal vez, gritos de ayuda, algún grito agudo... No importan. No te preocupes por mi. No importo. Preocúpate por lo que quiero decirte. Verás, yo era un hombre de bien. Vivía sin lujo, vivía Sobrevivía No importa. Acostumbrado a sobrevivir, a subsistir, pasaba mis días, entregado a las palomas, a los merodeadores de esta creciente ciudad, la entregaba a las sonrisa joviales... como suponía que hacia todo el mundo. Dicen que conforme uno se va haciendo más mayor se va arrugando más por fuera y por dentro y todo toma un sabor más agrio. Más real. Más amargo. Tal vez me llames cobarde, y me avergüenzo pero ya es demasiado tarde... Considero que mis sonrisas a las palomas entregadas, comienzan a convertirse en penas, en murmullos somnolientos a la neblina. Creo que empiezo a decaer. Comenzó mi decadencia. Y no quiero caer... quiero volar, aunque no tengo alas. No quiero caer, y menos chocar. Todos hemos de chocar, es nuestro fin, chocar. Unos con una sonrisa, otros con una mirada amarga, y yo que en decadencia estoy.. prefiero no saber como. Llámame cobarde, lo soy. Por eso quiero decirte una cosa. Sé que no sabes quien soy. Y sé que a pesar de eso, haré bien en contártelo Pero la vida que ahora gozas, y de la que me despido, no tiene debilidades. No tiene piedad. No tiene miedo... no tiene el miedo que tuve, y el miedo que te vendrá a ti. La vida va con todo. Mira tu reloj. Mira los segundos que se te han escapado. La vida te ha dado tu gozo al contado. No hay más. Ella va con todo, demuéstrale que tu puedes más. Demuéstrale que ya lo sabes, no seas cobarde como yo, no quieras no darte cuenta, no quieras acabar como yo, acabar contigo mismo... Quiere tus sueños, pues nadie va darte más vida, solo tu vas a disfrutar la tuya. Descubrelo, antes de llegar a tu cima y decaer como empecé a hacer yo, haz que ese climax sea el fin y no solo un punto en el medio... Mira a tu alrededor. ¿Arranca la ambulancia? ¿Ya me alejo? No fue un accidente, no fue nadie. Ni fue la vida. Fui yo y mi miedo. Fui yo y mi miedo por chocar. No tengas miedo. Que cuando tengas que chocar este protegiéndote el colchón de tus sueños cumplidos.
La poca valentía que he tenido en mi breve vida, es porque falta una porción que hoy decido poner en ti.
Que los muertos no escuchamos, es solo un mito. Al igual que el que los muertos no hablamos, y hoy a escasos minutos de mi fin, he dialogado contigo. Si has reflexionado algo, estaré encantado de escucharte, solo piensa en mi.
J. Ernesto Cheallennon
No hay comentarios:
Publicar un comentario