domingo, 1 de diciembre de 2013

Road

Descubrí que la satisfacción difería en grandes rasgos con la felicidad. Que había estado toda la vida buscando satisfacerme, buscando el éxito, intentando ser gigante, cuando lo cierto es que cuando me preguntaban "¿Qué buscas en la vida?" y yo respondía "ser feliz", ni lo uno tenía que ver con lo otro, ni lo otro con lo uno. Descubrí que la felicidad es el regalo de aquellos que no se creen gigantes, de aquellos que se descubren a la altura del suelo, donde la felicidad reposa y mana como el rocío. Satisfacerme intentando tocar el sol no era ser feliz. Escalar al cielo y ver todo bajo mis pies, llegar al culmen, a lo más alto que en lo alto se puede llegar, no tenía por qué hacerme feliz. La felicidad... la felicidad era el regalo de aquellos que en su pequeñez, y en sus errores, se daban el permiso para errar y para encoger.

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