Escúchame. Las cadenas que te atan. Tu grillete, esa mierda que te tiene ahorcado en la pared. Míralo. Mírate. Esas paredes sucias, esas placas de metal en el suelo, esa ceniza en las esquinas, el óxido que resbala en tus muñecas. Mírate. Esa chispa en los ojos. Ese color en tus puños. Los músculos tersos de tu espalda. Pasea por dentro de ti. Esa llama en tu frente. Esa hoguera entre tus manos. Mira a tu alrededor. Toca tus cadenas de piedra. Derrítelas. ¡Mira, coño, mira! Toca el cartón de las paredes, túmbalas. Muestra la fuerza que tienes, la mierda a la que ellos llamaban rabia. Grita. ¡Grita! Destruye tu grillete al cuello. Piérdete en ti sin miedo a no saber tu dirección. Corre, corre. Corre como si la muerte te persiguiese. Corre como si te ardiesen los pies. Lejos, lo más lejos que tus zancadas puedan alcanzar en un iracundo golpe. Vuela. Haz añicos el suelo, desgarra la baldosas bajo tus pies, hazlas tinta diluida. No más montañas que te miren desde arriba, no más vallas que rasguen tus rodillas. No más jaulas que te corten las alas y te hundan la cabeza. Ni un golpe más que te saje el alma. Corre. Eres libre. El éxito solo es una opción. La única que tienes. Se gigante, ostia. Coge los edificios con los dedos, devora el sol. Grita. Vuelve polvo las cadenas que creyeron ponerte en las muñecas y que creíste ser de titanio. Mírate. Eres enorme. Corre. Tienes reservada la gloria. Te mereces saltar y gritarle a las estrellas la fuerza que tu mente alberga. Te mereces tu puta sonrisa.
lunes, 23 de diciembre de 2013
Prima donna
Escúchame. Las cadenas que te atan. Tu grillete, esa mierda que te tiene ahorcado en la pared. Míralo. Mírate. Esas paredes sucias, esas placas de metal en el suelo, esa ceniza en las esquinas, el óxido que resbala en tus muñecas. Mírate. Esa chispa en los ojos. Ese color en tus puños. Los músculos tersos de tu espalda. Pasea por dentro de ti. Esa llama en tu frente. Esa hoguera entre tus manos. Mira a tu alrededor. Toca tus cadenas de piedra. Derrítelas. ¡Mira, coño, mira! Toca el cartón de las paredes, túmbalas. Muestra la fuerza que tienes, la mierda a la que ellos llamaban rabia. Grita. ¡Grita! Destruye tu grillete al cuello. Piérdete en ti sin miedo a no saber tu dirección. Corre, corre. Corre como si la muerte te persiguiese. Corre como si te ardiesen los pies. Lejos, lo más lejos que tus zancadas puedan alcanzar en un iracundo golpe. Vuela. Haz añicos el suelo, desgarra la baldosas bajo tus pies, hazlas tinta diluida. No más montañas que te miren desde arriba, no más vallas que rasguen tus rodillas. No más jaulas que te corten las alas y te hundan la cabeza. Ni un golpe más que te saje el alma. Corre. Eres libre. El éxito solo es una opción. La única que tienes. Se gigante, ostia. Coge los edificios con los dedos, devora el sol. Grita. Vuelve polvo las cadenas que creyeron ponerte en las muñecas y que creíste ser de titanio. Mírate. Eres enorme. Corre. Tienes reservada la gloria. Te mereces saltar y gritarle a las estrellas la fuerza que tu mente alberga. Te mereces tu puta sonrisa.
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