jueves, 23 de mayo de 2013
Historia de toallas e imperdibles
Abrazarle a la vida. Apretarla junto a mi pecho y observar sus pequeñas botas en la esquina. Tomarla la mano y recostarnos, quien sabe. Achicharrarse, dejar que el sol achicharre a la vida, dejar que pase lo que pasa. Oler la vida. Olerla, tocarla, mirarla, oirla y degustarla. ¿Qué es la vida? ¿Qué es una sonrisa? ¿Qué es el miedo? Coger el miedo y meterlo en una cajita de aluminio. Sonreir, vivir, reir, oir los gritos de pequeños niños salvajes vociferando entre los columpios y el tobogán. Sin verlos. Degustar el sabor de la felicidad, con los ojos cerrados. Tocar la belleza y su figura sin olerla. Dejar que el silencio se forme y ocurra, que se cree vacío en la atmósfera redonda. Que ocurra. Sentir el te quiero tornado en sordera. Tener impregnado tu olor en mi mente. Tu, vida. Bendita vida... Verte enmarcada en un marco de antaño, pequeña vida. Vernos naufragando remando en una barquita dibujada frente a un sol naranja que pretende, estático, ocultarse bajo el mar de pintura. Vida que me conduces a un callejón de hojas nublado y me besas nariz y frente. Vida, que me conocías antes de encontrarte, de ser tuyo, si quiera antes de yo verte. Vida tras cada rezo, tras quien me ama, tras cada texto, tras todos y cada uno de mis versos. Vida que me soplas y me empujas sobre el escenario y entre bambalinas quisiera encontrarte. Vida que hay en cada rato con cada amigo, con cada hermano, en cada madre e hija, con cada encuentro y con cada despedida. Vida que busco la forma, las palabras, la sonrisa, el modo en que darte las gracias pero nunca encuentro aquellas con las que abarcar todo lo que me has dado. Abrazarte,apretarte junto a mi pecho, pequeña vida que llegas a mi altura para mirarme y sellarme en la boca la huella de la tuya.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario