martes, 7 de mayo de 2013

Corona rota

Te odio... ¡Te odio! Eres culpable de esto. De esta mesa volada, de este nido de maldiciones,que quiera Dios que te partan. De este escritorio lleno de tus cartas sin firmas, lleno de tu olor y de mis sangrientas lágrimas. Lleno de cráteres del Prozac y de tus arañazos, de tus dentelladas, de tus malditos dientes y tu corrupta voz. Lleno de naipes ardiendo caídos de lo alto de una fortaleza. Lleno de mi cuerpo moribundo y lleno de mi alma vacía y muerta... ¡Muerta! Tú... Maldita seas... Tú, desgraciada alma esbelta como la verde copa de un árbol primaveral... Y mi alma ya ni puede moverse... bajo tu sombra. Miserable... ¡Miserable! ¡Huiré! Huiré donde ni siquiera un haz tras las nubes puedan atisbar mi rostro. Donde mi sonrisa quede sepultada bajo el dolor, tras el daño, tras la muerte. ¿Qué importa que muera el cuerpo si ya está muerta el alma? ¿¡Qué importa?! Huiré donde se me ahogue la esperanza y cuando alcance aquella desolación, cuando mi nombre y mi aspecto, cuando mi memoria y mi ser no sean ya. Cuando alcance ese lugar seguiré huyendo. De tus pupilas y tu sonrisa. Huiré donde no despierte nunca, donde no alcancen la tinta y las palabras a describir. A donde no pueda llegar nada, allí iré. Donde no pueda llegar nada. Donde no puedas llegar. Huiré tan lejos que ni los astros me verán, o tan cerca que su dorada ígnea piel se derrita con la mía  Donde el viento no sople, allí iré, para que no pueda la brisa susurrarme tu nombre. Para que el fuego en mi mesa nunca cese. Para que la hoguera en mi escritorio no ceda ante la tormenta. Para que arda. ¡Qué arda! ¡Y que arda el mundo, se vuelva ceniza! Para que apabullado el reino me pida piedad, y entonces te arrepientas de haber arrastrado mi alma por tu camino de dagas. Para que me llamen Nerón y vean fundirse entre sus casas, sus recuerdos... Para que vean fundirse, entre todo lo que tuvieron, tu nombre. ¡Nerón! ¡Nerón!

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