jueves, 11 de julio de 2013

Y a paso de tortuga cazan los pumas.

¿Qué es del fuego que sopla el viento? Debajo de los árboles del parque que hay junto a mi casa he visto en varias ocasiones alguna sonrisa. Debajo del platanero que decora el jardín de mi vecindario hay una alfombra de césped verde y alegre que acolcha los pasos de los paseantes. No es extraño ver, sobretodo por la mañana, algún viejecillo que alimenta a las palomas gorgoteantes con semillitas doradas de grano de lino dejando pasar el tiempo de una mañana libre de quehaceres a la espera de una esperada sorpresa producida por el beso en la mejilla de unos labios arrugados rodeados de un rostro similar, que no obstante, produce mágicamente una sonrisa en el semblante alegre de nuestro anciano. También hay unos columpios, y un tobogán, y unas canastas, y señoras que casi con desidia pasean a sus caninos compañeros. ¿De dónde vendrán estas estrellas que atravieso a esta vertiginosa velocidad? También he visto a algunos niños gritando y chillando mientras juegan a pintar los rojos adoquines de la acera del parque con tizas de colores, cantando e ignorando las vicisitudes y las alegorías de la vida que tan innecesarias, relevantes e intrusas son. Claro que a todo se le puede pintar una sonrisa, y a todo se le puede hacer grande y destacable, incluso a un pedazo de cuerda o a un olor, o a una supuesta película que nunca se vió, a un sabor, a una goma de borrar, a un dibujo, a una canción, a un texto o a un verso. Incluso a un día. O a una frase sobre un día. O a una simple frase. Pero grande. Casi tan grande como la acera de un parque. ¿Madura la fruta que muerden tus dientes y acaricia tu boca? Otras veces, entre el polvo de la arena del parque, he visto de noche y de madrugada a jovenes rebeldes pintando con aerosol en las paredes de las casas que contienen este verde y pulmonar recinto, al que parece que llaman parque, en ocasiones nombres y apodos y en otras plasmando ideales políticos e incluso sociales, haciendo crítica mordaz del servicio bancario, o dibujando herramientas de trabajo cruzadas. Aunque tambien veo al dueño del local al que le toca extinguir dichos garabatos con un spray de agua y detergente. Otras veces veo a un pequeño escribiendo frases con tiza, o a un poeta que frente a un colegio dibuja poesía. Y tambien he visto a niños caminando jugueteando sobre mensajes en el parque. ¿Me cedes el día de mañana? A veces es agradable sentarse en un banco sin ningún proposito, mas que el de dejar que el sol deshidrate tu piel y la brisa alimente tu rostro, teniendo apoyado sobre el hombro la cabeza de la felicidad. Aunque tambien es cierto que no es en absoluto un experimento desagradable el de ir a recostarse sobre uno de los asientos de madera en soledad a destrozar un cuaderno tallando la antitesis sentimental del puño de uno. No obstante... como pasear dado de la mano bajo la copa los árboles, al tacto de la sonrisa, pocas cosas me gustan tanto. Aunque haya silencio en nuestros labios. O aunque de ellos no broten más que palabras sin sentido, conexión, si quiera necesidad de ser pronunciadas, más allá de servir como excusa de calmar mis ansias razón para un beso. A veces en el parque veo gente triste, y gente que llora, y gente sola. Pero por suerte siempre vuela el viento, y las lágrimas hundidads en la arena, y el frio domado por el sol, dejan de alumbrar su altar. Pero no es dejar por dejar, es caminar para seguir. Creo que así veo tu parque. ¿Me regalarías una sonrisa? Si quieres... me sobran un par de tizas.

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