viernes, 12 de julio de 2013

Verso a golpe

Como las pompas gentiles que estallan en un trémulo vibrar del aire de un baño en un pisito de Madrid. Como un jilguero que risueño pasea entre los matorrales secos que decoran la alambrada. Como las gotas regadas de agua que deliran entre los pétalos y tallos de una planta que brota entre el secarral. Como las estrellas que de blanco pintan en punta la noche sin primor ni pudor alguno, traviesas ellas. Como el reflejo del haz de luz disparado que atraviesa las canicas que por el pedregoso camino deciden cicatrizar una infancia. Como la lágrima que cae en la esquina de esta hoja para emborronar mis dedos, para hacerme indiscutible culpable de este derroche de lo que sean que aquí se derrochen. Como el chocolate fundido dentro de una bolsa de plástico de dorado atada y que tras una confusa travesía sigue clavando de un tajo al paladar el sabor de la felicidad. Como un mordisco en el cuello hecho a mi medida. Como una ventana por la que ver lo que nadie nunca vio, ni verá, ni veré. Como una isla descubierta aun por descubrir. Como el vibrar de esta mesa en la noche entre el manto de la locura y la calma establecida. Como la voz de pausa en el camino corrido de un suspiro sin si quiera pensar. Como que a veces no hace falta pensar. Como las voces opacadas por el grito de libertad en el estallido de una flor en aquella estrella del firmamento. Como las hojas sopladas y pasadas de mi cuaderno por el viento que en mi rostro pinta tus sonrisas. Como los rectángulos, vigas de madera que sostienen el peso de las que se quitan y se suman. Como la espuma del néctar de los Dioses, elixir de los sabios, veneno de los poetas. Como las inesperadas.

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