lunes, 21 de octubre de 2013
Yolanda
Me desperté. La luna colgaba imperiosa y luciente en el cielo oscuro, en ese tejado. Serían cerca de las 8, rondando esa hora, quizás un poco antes. Me sorprendió al despertarme y amanecer un borrón en el lienzo de la noche. Quizás eran mis ojos nublados por el sueño. Quizás no. Me froté los ojos con lo que fue una mezcla de entusiasmo y extrañeza. Y efectivamente, en lo alto de mi ventana colgaba la reina de las luces nocturnas, la perla completa. Brillando, luciendo, destacando, despertándome en un nuevo día al que sonreír y admirar.
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