lunes, 17 de diciembre de 2012

Bon voyage

Allí estábamos los dos. Parados en aquella parada de tren, aquella estación que tanto temía la ciudad. La estación central tenía una vidriera por techo y tablones de madera por suelo. La estación tenía dos carriles a los lados, ella se montaría en el tren de la izquierda y yo en el otro. Uno llevaba a la estación del Este y el otro a la estación del Oeste, destinos lo más lejos (a tu lado) posible.
       Cada uno le daba la espalda al carril al que minutos después se montaría. Yo clavaba las retinas en sus labios y ella su boca en mis pupilas. El ajetreo de la estación agitaba su larga melena hacia la izquierda. Vestía aquel ancho jersey con la carita que tanto me gustaba, sus zapatillas negras y tenía las manos escondidas en aquel bolsillo que sus nudillos empleaban como bunker. Yo, como no, con mi pañuelo al cuello, mis zapatillas rotas y mis vaqueros un tanto caídos  Si alguna vez hubiese tenido que imaginar esa despedida, quizás hubiese sido con un beso apasionado. Que fuese uno solo el que tomase el tren, o ella o yo. Y me lo hubiese imaginado que fuese una despedida forzada, que ninguno de los dos hubiésemos querido aceptar. Ella en mis brazos. Yo en su boca.

Era curiosa la idea de.... ¿Curiosa? ¡Triste! Triste era la idea de pensar que volveríamos a caminar por la misma acera sin, tal vez, mirarnos si quiera. Quizás debería explicaros que íbamos a hacer. Ella iba a tomar el tren que llevaba a la estación del Este y yo a la del Oeste, las estaciones más lejanas de la ciudad. Una vez nos bajásemos,  la ciudad no iba a creer que ella y yo nos conociésemos  Quizás un " Lo siento" tras un golpe en un día de calles rebosantes de trabajadores ajetreados. ¿Un "¿Tienes hora?" tal vez? Palabras vacías llenas de sonrisas tras una cara de "desconocido". O de lagrimas mas negras que azabache. Quizás un te quiero inesperado. O quizás no volver a preguntarme que tal estas. Quién sabe. La ciudad olvidó que nos queríamos. Fue elección de los dos... Tú por no querer, y yo por querer lo que te fuese más cómodo.

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