sábado, 22 de febrero de 2014

La historia

Pero imagino que toca seguir adelante. Con cara de lienzo. Y que a los demás les importa entre poco y nada. Toca seguir adelante y dejar que te corrijan, te evalúen y te puntúen perfectamente. Y que tus piernas parezcan fuertes, que no dejes de trotar aunque por dentro estés hecho añicos. Dejar que pisoteen tus cristales, que los transformen en arena; y seguir sumando cifras y números a tu ser. A tu color, a tus lágrimas, a tu cuerpo gastado que no se mide en números, pero qué sabrán ellos. Qué les importa. Que les perturba de tu peso que vaga por vagar. Tú sigue. Sube y escala, y no mires abajo, no tengas vértigo. No mires jamás tu vivo retrato, no sea que encuentres que entre las cifras, las etiquetas, las exigencias cumplidas, un rostro que transmita tu alma deshecha. Tu ser desgarrado y gélido; tu ser sumido en cenizas. Porque en el fondo tú no quieres correr. No quieres trepar alto, no quieres seguir adelante. Grita. Tan solo grita y que alguien frene el tiempo y entonces yo vendré a abrazarte, por detrás, por donde no puedas verme, por donde no puedas más que oler mi tacto y tocar mi voz. Vendré cuando estés tendido sobre el suelo como un tronco talado por el tiempo y la tormenta. Solo entonces, cuando seas tú, iré. Puedes correr, puedes seguir adelante y cumplir las expectativas vanas. Pero no volverás a oler mi respiración. Porque te pedirán que corras, aún cuando tus tobillos se magullen y regurgiten sangre, sigas y no cese tu galope. Que sumes y sigas, que no frenes. Y querrán hundir tu rostro en ciénagas de burla y desamparo. Y lo harán. Te encontrarás solo, en un aula oscura y vacía, bajo la bóveda gris, quemando lágrimas en tus mejillas, lágrimas que no les importarán; lágrimas que para ellos nunca existieron. Y que nunca existirán. Y entonces,  cuando te comprendas solo en lo diáfano, vendré yo. A gritar contigo y desconchar paredes. A guardar tus lágrimas en mi piel, y a frenar que tus nudillos agrietados embistan la pared. Entonces vendré yo para que te encuentres más solo que nadie, más vulnerable que todos. Para que te entiendas solo, como eres. Solo y bello. Y ahí estaré a tu lado, para que apuñales tus pupilas en tu vivo retrato. Como el aire, sola.

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