viernes, 16 de febrero de 2018

Nadando mar adentro

De pronto un hoyo alrededor. Un ser violento y encendido escondido en un cuerpo pasivo, quieto, tranquilo. A punto de estallar, de reventar. De golpear y hundir con los puños la mesa en un estallido que nadie espera, que nadie soporta. La mirada congelada, perdida, clavada en el silencio que ensordece las voces fútiles de alrededor. Un día dorado, radiante, y de pronto, escama a escama, baldosa a baldosa, el suelo se hunde y todo parece alzarse a mi alrededor, tornándose oscuro, mostrando el reverso en penumbra de todo lo que me rodea. Y nace en la profundidad de mi vacío un fuego aniquilador que lascivo ansía exterminarlo todo. Reducir todo a escombros en un huracán de golpes y gritos, gimiéndole a la oscuridad para que acabe. Para destruirla a ella también. Para quedarse exhausto, tendido en el suelo, en la oscuridad donde las lágrimas se sequen porque no queda si quiera una gota maldita más que escurrir.

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