martes, 7 de enero de 2014
Después de todo
Durante mucho tiempo los científicos más prestigiosos de las ciudades de la ciencia buscaron lo que ellos denominaban la anti-materia. Yo, en mi pequeña honestidad de reconocerme ignorante y no muy especializado en la ciencia, escucharía atento las conversaciones que en el salón de mi casa de disputarían entre mi padre y otros reconocidos doctores investigadores. Escucharía que aquel elemento no identificado del que tanto se preocupaba la comunidad científica sería capaz de producir suficiente energía como para mantener todas las luces del país prendidas en apenas cuestión de minutos, y eso que no todas las personas de este país tenían un techo del que colgar una lamparita. Durante muchas cenas y comidas y orejas puestas en conversaciones en el autobús para ir a la universidad oiría grandes elogios de este, digamos, ser. No solo suponía un gran ahorro energético, sino que además el descubrimiento de la anti-materia significaría un cambio desmesurado en el mundo. Sería algo así como el fuego prehistórico de nuestra era. A través de la boca de grandes físicos llegaría a mis tímpanos que este valioso hallazgo simplificaría y demostraría inmensidad de teorías físicas cuánticas que darían pie a una comprensión impoluta e indiscutible del universo. A mí me parecía, cuanto menos, graciosa la idea de querer encontrar algo que no era, es decir, la anti-materia, tal como mi lenguaje me explicaba. Por lo menos literalmente no tenía mucho sentido dentro de mi cabeza querer encontrar, ver, percibir, llámenlo de la forma que quieran, algo que repele cualquier cosa, como concepción literal de la palabra anti-materia. De todos modos, en mi cabeza, yo seguiría maquinando. Y tras mucho tiempo pensando, frenaría y pensaría: ¿Qué... es la anti-materia? ¿Qué se supone que estamos buscando? ¿Algo cuyas consecuencias de hallazgo son inimaginables? ¿Quizás un ser cuyas cualidades no perteneciesen al mundo lógico-racional? Tal vez, pensaría, algo que nadie pueda explicarse jamás. Algo que al entrar en contacto con la materia reaccione de forma tal que sea imprevisible y sorprendente en cada paso y cada acción y reacción. Algo que nunca sea como los seres humanos pensaríamos que es. Algo que destruya esquemas. Algo que agarre los esquemas, las normas dadas, las pauta y las aplaste y las arrolle, que haga de ello... algo. Algo que nadie jamás se imaginaría que podría hacer. Algo sorprendente a cada diminuto detalle irrelevantemente importante. Y entonces, tras mi pequeña tormenta de concepciones, definiciones e ideas, miraría hacia mi estante. Vería allí las caracolas cogidas en la costa de las islas con un mensajito dentro, vería mi goma de borrar con una ballena dibujada, una vela medio derretida, un barquito de papel, un papel escrito... Y entonces me reiría bien fuerte para mi mismo y pensaría la cantidad de tiempo que han estado perdiendo los científicos.
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