viernes, 3 de enero de 2014

Tye-melane

Puedo mostrar en esta penumbra mi pecho descubierto sin camisa y de un tajo florecer con la pluma y con la tinta los cielos de mi cama. Puedo arrastrarme con los lobos en esta noche y, meciendo sus pelajes, acariciar la guitarra y el arpa brindándole un canto a la luna. Puedo subirme al muro junto al mar y gritarle a la vida que las olas no me asustan, que soy fiero y aquí me hallo en el borde de la tierra, sin miedo, sin vértigo, con el pecho lleno de aire y la chaqueta bien abrochada. Puedo correr bajo la lluvia con la camiseta blanca empapada susurrándole las mil maneras de invocar tu nombre a las flores maquilladas con sus pétalos perfumados del rocío matinal. En esta noche puedo colgar desnudo de un balcón y morir gimiéndole a la noche que su oscuridad no me desola, que soy fuerte como el hierro, como el pacto entre hermanos, una mirada perdida entre sabanas que no saben volar, un mordisco que despunta el alma, una coraza que desmiente tantas balas. Puedo ahorcarme de las nubes negras de la ciudad y rasgarle con mi voz a la noche que su frío no me punza, que los huesos no me quiebran ni me hielan el coraje. Que aunque me mate, no me quita la vida. Que las flores que planté brotan más fuertes, más brillantes, es más revolucionario su color a pesar del velo oscuro que ella tiende bajo el guiñar de las estrellas. Puedo plantar los versos más perfectos y acompañarlos de caricias que sobre un edredón sean sueños y promesas. Puedo en esta noche bailar un tango a merced de las sonrisas. Pero no lo haré.

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