domingo, 3 de marzo de 2013

Bambú

Ya saben, aquella vieja historia del joven en el andén. Me entienden, ¿No es así? Bueno, ese joven desairado que camina en una desganada y fría mañana por el vacío andén de una estación subterránea  ya la conocen, oigan. La historia de ese paso lento, de un lado al otro, tambaleando la cabeza ligeramente de un lado al otro, al son de un Jazz que suena en sus auriculares, vamos. El cuento del joven... si, ese. El de los bajos de los vaqueros a medio deshilachar. El que... bueno, ya saben, se sienta a escribir en un banquito riéndose para si de la incomprensión del guardia. Ya lo conocen, ¿No? Si, claro que si, el guardia que va vestido en un peto naranja, el guardia... ¿como era?... ¿Guardia Falcon? ¿Seguro? ¡Ah, si! Si, tiene usted razón, guardia Falcon. Bueno, como ya saben, ese guardia que avisa que el tren solo pasa por el andén 1, no por el andén 2, ya conocen ustedes que la estación es final de trayecto. Ah... Dulce Jazz. Como no, el joven sube las escaleras mecánicas, y vuelve a bajar, como no, al andén 1. No obstante, se sienta en ese banquito y se pone a escribir, de espaldas al tren, que en realidad tiene que coger, y, como ya saben, se vuelve a acercar el guardia... Falcon. Eso es, Falcon, a decirle que la linea 1 está a sus espaldas, que si va a coger la linea 4. Ustedes ya lo saben, pero lo que los guardias y... (risas) los cerebros enlatados que viven en la ciudad no saben es que, a veces, no importa ni el destino ni el trayecto. Importa el Jazz... escribir... un buen escenario. Ya saben, joder, una pasión, un algo que te haga andar como soplado por el viento. Que te haga sentir... no sé, ¿80 años atrás? ¿Puro en boca, sombrerito en cabeza? Ya saben (entre risas) ese... No sé, ya saben, aquella vieja historia del joven en el andén.

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