-Perdone,¿puedo pasar a su escritorio?
Su cara no se movió apenas unos centímetros. Allí estaba él con sus gafas de lectura doradas a la altura de la punta de su nariz. Me observó de pies a cabeza y de cabeza a los pies, y a continuación me dijo que "Si, por supuesto". Tenía todavía el teléfono inalámbrico en su mano, ya habiendo colgado la conexión. No sabía por que motivo, pero ya sabía donde se hallaba su despacho."Al fondo a la derecha" y avancé a lo largo de su pasillo hasta llegar a la habitación. Allí estaba su escritorio, pegado a las tres ventanas enormes que daban vista a mi edificio. Allí estaban el incalculable numero de papeles y de bolígrafos encima de su despacho, el flexo blanco de alambres cobrizos.
Me encontraba en cueros asomado a la ventana de mi cuarto. Un... ¿24?¿25? de diciembre, eso si. Desde allí podía ver un paisaje bastante urbano de la capital. Más allá de lo que pudiese ver, me limité a observar la zona que rodeaba el edificio: los ancianos sentados en la terraza con sus alegres charlas y sus vasos posados en las mesas; el barbudo mecánico que salía de la trastienda de la gasolinera; los niños pateando la pelota plateada en el callejón que daba al parque; y lo que más me llamó la atención: la mirada perdida de un vecino de enfrente. Debía ser el 6, o 7, piso del edificio blanco de enfrente. Un hombre de mediana estatura de pelo canoso y expresión de saber que estaba y había estado aprovechando su vida. Estaba manteniendo una conversación por teléfono mientras ordenaba patosamente los caóticos papeles y archivos de su despacho. Mientras, miraba el firmamento desde aquel gran panel de cristal que formaban las 3 ventanas. Y yo me preguntaba ¿Que se verá desde aquella ventana? Jamás había visto a ese hombre, no sabía ni su nombre, ni su edad, ni su situación laboral, ni su relación familiar. Simplemente me atrapó su forma de divagar por el horizonte que formaba mi edificio y lo que detrás de este había. Pensaba que mi horizonte eran la gasolinera, el bar, el parque el callejón, y el fondo de la capital. Pero pensar que yo en cueros asomado a mi ventana de mi cuarto; yo; mi ventana; mi edificio, eran formadores de un horizonte que yo desconocía producía en mi una sensación de curiosidad. Una sensación de ganas de ver desde otro angulo el punto desde el que yo veía. Verme viendo. Recíproco, reflexivo e impersonal. Verme viendo....
Verme viendo. Clavar mis pupilas en mis pupilas clavadas en otras.
*[...Recíproco, reflexivo e impersonal. Verme viendo...
ResponderEliminarVerme viendo. Clavar mis pupilas en mis pupilas clavadas en otras.]
Salir de tu cuerpo y observarte observando...¿existe un deseo más irreal, perturbado y soñador? me encanta esta entrada, me has dejado sin palabras.