lunes, 17 de septiembre de 2012

Nuestro dolor es la sonrisa

A pie de todas aquellas cosas que en una clase de filosofía se debaten y discuten, hoy me ha surgido cierta inquietud que me agradaría compartir. Bien, hablando a cerca del génesis, el mito de Prometeo y demás mitos de la creación del mundo, observábamos como los seres humanos son echados del paraíso y el hedonismo puro, y según mi opinión, dados a la felicidad y la alegría, al intentar asemejarse a los dioses o llegar a su nivel. ¿A quién se le ocurre pensar que el paraíso y el hedonismo perfecto, son estados malos y negativos? Pues a mi, y por una sencilla razón. Los problemas. ¡¿A quién le gusta tener problemas?! A nadie evidentemente, pero a la hora de ser sinceros, pensemos en un utópico, y no tan utópico, estado de hedonismo puro, donde todo fuese placer. Claro que sería genial, pero no duraría más de un par de semanas. Quiero decir con esto , que la vida sin problemas, no solo que sería monótona, pero además sería plana. Supongo que alguna vez habréis escuchado el proverbio que dice así: "La ventaja de tocar fondo es que solo se puede ir para arriba". Bien, en el paraíso se emplearía así: "Lo malo de tocar techo es que solo puedes ir para abajo", pero ni si quiera, ya que como nos hallamos en el paraíso, no se puede ir para abajo, por lo cual nos mantendríamos siempre en el mismo lugar, ergo no podemos superarnos, no podemos sentirnos orgullosos de un logro, ya que como todo es siempre perfecto y hedonista, no hay logro que quepa. Es por esto que en vez de maldecir a Eva o a Prometeo por haber conseguido que el ser humano haya sido despedido del estado de hedonismo y del paraíso, deberíamos agradecerles por haber logrado que hayamos sido castigados con el trabajo y el sufrimiento, porque justo los problemas, son los que nos permiten poder superarlos y tirar para arriba, lo cual tocaríamos techo en el paraíso. A nadie le gusta el esfuerzo y el sufrimiento, pero sonreír después de haber solucionado un problema o haber pasado a una etapa mejor, haberle plantado cara a la vida y a los castigos de los dioses y haber salido victorioso, es una razón más que justa y honorable para sonreír. Gracias Prometeo.

                       "No sufras Prometeo, me dice siempre que la veo"

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